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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Los acuerdos son cosa de todas las partes

Sergio Brosa
Sergio Brosa
lunes, 27 de julio de 2009, 05:56 h (CET)
Cuando los acuerdos no son cosa de todas las partes si no de una de ellas únicamente, reciben el nombre de imposición. También se llaman: trágala; comulgar con ruedas de molino; pasar por el aro o esto es como las lentejas: si quieres las tomas y si no las dejas. Más modernamente se dice también: Pues esto es lo que hay.

Pero nada de ello responde a un verdadero intento de llegar a acuerdos. Los acuerdos se alcanzan mediante la negociación. Y negociar es ceder. Todas las partes que intervienen para llegar a un acuerdo, han de estar dispuestas, antes de sentarse a la mesa de la negociación, a ceder en sus posiciones de partida para que las demás también lo hagan y se alcance el deseado acuerdo.

En la mesa de negociación que no de diálogo, entre el Gobierno, los Sindicatos y la Patronal, las dos primeras partes van del brazo para hacer torcer el suyo a la tercera. Y eso ni es diálogo ni es nada.

Sabido es que de un tiempo a esta parte y ante el retroceso en la capacidad de gobernar José Luis Rodríguez Zapatero, perdida incluso la mayoría parlamentaria que no ha recuperado ni con el acuerdo de financiación de las autonomías, se ha echado en brazos de los sindicatos pues no puede arriesgarse a tener el frente social abierto y beligerante ¡con más de 4 millones de parados! él que no hace sino proclamar su socialismo a ultranza. Dime de qué presumes y te diré de lo que careces.

Así ZP ha engrasado la maquinaria sindical para evitar que los trabajadores salgan a la calle de la mano de los sindicatos, del único modo que sabe, dando dinero. De tal forma que subvenciones para labores de formación, participación en órganos consultivos, labor sindical y demás epígrafes que los contables sindicales discurren para evitar reincidir en el rótulo prebenda, encierran las dádivas que reciben del Gobierno. Si los sindicatos hicieran sus cuentas transparentes como exigen a otros, conoceríamos cada importe ingresado por la magnanimidad del Gobierno, la finalidad del mismo y la utilización que se le da.

Tanto Gobierno como Sindicatos saben a ciencia cierta que la Patronal en ningún momento ha solicitado el despido libre. Como tampoco ha solicitado la supresión de los salarios ni las vacaciones. Pero afirmar esto último también daría carta irrefutable de paparrucha al principal escollo que dicen afrontar Gobierno y Sindicatos frente a la Patronal en aras de la necesaria reforma del sistema laboral: ¡Piden despido libre!

Se habla del final del capitalismo, de un nuevo modelo productivo que nadie sabe definir y menos el Gobierno y éste es reacio a modernizar el mundo laboral, mediante la concertación social por ser rehén de los mismos Sindicatos.

La Patronal solicita mejoras en los costes productivos para favorecer un incremento en la producción que propiciaría un incremento de la contratación, donde la productividad, bestia negra de los sindicatos que no de los trabajadores que se precian, conllevaría mejoras para ayudar a superar la crisis.

Hay estudios científicos que avalan la teoría de que una rebaja de hasta el 10% en la cuota patronal de la Seguridad Social, redundaría en un incremento del PIB, en una mayor contratación y un incremento del bienestar de los trabajadores; tal vez compensado con un incremento del 0,5 del IVA. (Ver “De la Seguridad Social” en esta sección el 22-VI-2009).

Tal parece que Gobierno y Sindicatos han olvidado su incapacidad para crear empleo que depende de las condiciones laborales, la política fiscal y las medidas de política monetaria que aplican los gobiernos. La creación de empleo depende fundamentalmente del empresariado que es quien empeña su patrimonio en la creación de empresas. El Gobierno se limita a ampliar el número de funcionarios exclusivamente, pero puede actuar de forma inteligente para favorecer que los empresarios incrementen la contratación laboral.

De dónde ha salido el inmenso superávit de la Seguridad Social de los últimos años si no es de las cuotas patronales fundamentalmente y la ausencia de despidos, por la buena marcha de la economía que finalmente murió de éxito con la connivencia del Gobierno. Fueron vacas gordas, engordadas por las empresas y los trabajadores que pagaban todos sus impuestos. El Gobierno se ha beneficiado de tal exuberancia hasta el punto de decidir invertir en bolsa una parte del superávit; de lo que, por cierto, nunca más se supo.

Haría bien el presidente del Gobierno de no contagiar su vanidad a los representantes empresariales y, por una vez, sentarse a convenir en serio una concertación laboral que resulte moderna, eficaz en estos tiempos y beneficiosa para todos, en lugar de insultar a quien ha invitado a cenar prematuramente, con el ladino ánimo de conminarle, ante las viandas monclovitas, a aceptar lo inaceptable a cambio de nada. Retomar los epítetos que desde las barricadas sindicales se proferían contra los mezquinos patronos en la primera mitad del siglo pasado, aduciendo que éstos pretenden hoy esclavos en el lugar de los trabajadores, califica a quien los vocea, como oímos en los discursos sindicales del pasado primero de mayo, eximiendo de toda responsabilidad en la crisis al gobierno y cargándola con exclusividad en la patronal.

Prolongar o no el subsidio por desempleo es cuestión propia del Gobierno y no de la concertación con la Patronal; se hace mediante un decreto.

Los Sindicatos pierden peso cada vez más en la contratación y los despidos. Los juzgados de mediación laboral en primer lugar que aceptan lo que convienen las partes aún en contra de lo que fija la ley, tienen mucho más peso que los sindicatos en la negociación. Y en una reforma del mercado laboral, los sindicatos van a perder lo poco que les queda de cometido. De ahí su reacción ante la tensión del conflicto que ellos patrocinan.

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