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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Ritmos adaptados

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 26 de julio de 2009, 06:46 h (CET)
En tantas ocasiones hablamos de adaptación, a los tiempos, a la pareja, a los cambios; que solemos atribuirle efectos beneficiosos, domina esa creencia, es bueno saberse adaptar. Sin embargo, esta consideración encierra una TRAMPA peligrosa, no muy tenida en cuenta, pero facilitadora de grandes desvergüenzas y graves altercados. Con ella se fraguan colaboraciones de lo más estúpidas, si uno se adapta con facilidad a cirtos abusos y tropelías. Por lo tanto, no siempre cobra un buen significado lo de estar adaptado a una situación. No existe una regla única para afrontar esta tesitura. ¿Dón debemos situar las alarmas? Nuevamente estamos ante una decisión basada en el buen juicio de cada individuo. O dicho de otra manera, ¿Cuándo la adaptación supone una necedad? Muchas veces, como veremos, es un ejercicio de hipocresía; sin faltar ocasiones en que constituyen auténticos delitos.

No sólo se trata de un acostumbramiento o de un acoplamiento pasivo, de meras actitudes coincidentes, de sujetos dóciles y acríticos sin otros pliegues. Ese es el primer aspecto y muchas veces se pretende aparentar esa inocencia, aunque sea falsa; con eso ya entramos en una segunda fase, intentan presentarse con una bonanza, que no es de ninguna manera la suya, se malicia con ello su comportamiento. Si avanzamos un grado más, se muestran como EMBAUCADORES, con una agudeza perversa como añadido. Si hablan de política, suelen ser “hemipléjicos”, miran de forma exclusiva los desmanes ajenos y se adaptan con una suavidad meliflua a las dictaduras propias. Sólo engañan a los que se dejan, por que su postura es evidente. Lo que se inicia con quietud y vestimenta de intelectual, no pasa de ser un decorado encubridor de sus posturas agresivas. Por consiguiente, una falseada adaptación, hipócrita y maliciosa.

Haruki Murakami husmea como nadie a través de las conductas de sus personajes literarios, se reflejan en ellos ciertas realidades que podemos observar en las cercanías, en los ambientes por los que circulamos. En su novela After Dark, entre las zonas oscuras de cada vida, nos dibuja una de estas adaptaciones nocivas, como las destacadas hoy en el presente comentario.

Con un perfil surrealista, nos introduce en las vivencias de una de sus protagonistas, la muchacha Eri; su hermosura la condujo por los caminos fotográficos de la publicidad y las admiraciones, dejando entrever una ausencia de relaciones cálidas, sin apenas detalles de aportación personal. Desde su camastro, su consuelo y distracción es la pantalla televisiva; le absorbió de tal modo y se adaptó tan bien a ella, que acaba trasladada DENTRO de la PANTALLA. Su adaptación fue tan real que la introdujo allí dentro. ¿Qué hacer una vez dentro? ¿Cuál es el significado de su persona en esa ubicación amorfa? Angustiosa situación la suya. ¡A qué hemos llegado!

Desde la costumbre indolente de Eri, se difuminó su personalidad, como un contenido televisivo del montón. ¿Se trata de un camino sin retorno? En cada caso habrá que valorar dicha interrogación, los recursos nunca son idénticos, y como consecuencia, tampoco las soluciones. Representan aquella primera fase en la que uno se adapta a cualquier cosa, irreflexivamente. Supone la triste desaparición en vivo de una persona, por que NO EJERCE como tal. Visto como simple hecho individual y pasivo, tiene menos repercusiones sobre los restantes componentes de la sociedad, apenas sobre los sujetos más próximos. En este ejemplo novelístico,aún no se ha traspasado el umbral que amplifique sus repercusiones por intereses mal encaminados. Sin embargo, queda patenta la importancia del propio ritmo. Sin él, sucumbe la persona, con las consecuencias derivadas, tristes y perniciosas, según las circunstancias de cada caso.

¿Hay que disponer del genio y la chispa de Miguel de Unamuno, para sentirse incómodo con los gregarismos y las malas actitudes del entorno? Como suelen decir, el pensamiento se convierte en osadía. Es el método ideal para escapar de la monótona RUTINA de los REQUISITOS. De no hacerlo, comienza uno a perderse de vista, se retrae, pierde en implicación; con una secuela progresiva, asume sin filtro las reglas establecidos por otros. Si fueran satisfactorias, su aceptación sería lógica. Pero en ese avance, ese individuo rutinario pasa a comulgar con posturas políticas insalubres, se desdibuja en tramas subvencionadas que representan auténticas engañifas, aunque se denominen ONG o se integren en fundaciones; no filtran. El muestrario de estas manifestaciones es muy amplio.

Normalmente adquirimos el conocimiento y la memoria de las cosas por DOS VÍAS independientes, con el uso de dos áreas cerebrales distintas. Muy escuetamente, una se basa en tener conciencia del proceso y de lo que uno aprende, busca y trabaja en esa dirección, obtiene unos resultados. La segunda vía, se desarrolla en el plano subconsciente, sin darse cuenta; le van calando determinados conceptos, palabras o imágenes. Las dos son útiles y complementarias, consciente y explícita la primera; mientras pasan desapercibidos los funcionamientos de la otra. ¿Usamos las dos por igual? ¿El esfuerzo exigido es idéntico con una que con la otra?

Pues bien, con respecto a los ritmos de adaptación, es notorio el menor esfuerzo requerido para la adquisición automática de conocimientos, sin trabajo personal, sin filtro, con el efecto exclusivo de lo que va calando. Sin ese esfuerzo, la actitud crítica es mínima frente a los avatares sociales, en una gran parte de las ocasiones, ni se percibe. Quizá sea esta una explicación de las inmensas TRAGADERAS, con las que afrontan los hechos amplios sectores sociales. ¿Quién se toma en serio las valoraciones éticas? Todo vale, mientras no le arañen a uno mismo. ¿Cómo explicaríamos sino esas audiencias de vértigo en programas sinsorgos? Además de hacer lo que a uno le venga en gana, ¿Convendrá elaborar otros criterios? ¿Estas son paparruchas intrascendentes?

Se impone aquí una sonora señal de ALERTA, que nos pellizque y despierte. Tanto se ha escrito sobre la variación en estos tiempos, vivimos en plena aceleración, que caímos en la trampa; nos vemos impelidos a adaptarnos sin remisión a la marcha fluida de los acontecimientos. Algo así, como hacernos invisibles y adorar a los magnates del mundo acelerado, sean científicos, ricos, forzudos, alimañas o algunos políticos endiosados. Las alarmas están encendidas, porque entre ciertos brotes de SENTIDO, abruman también muchos representantes del SINSENTIDO. Si nos adaptamos sin más, participaremos en ambas creaciones, colaborando sumisos con las tropelías.

Los matices se vuelven imprescindibles. Adaptación, sí; con participación. Si nos anclamos en un acoplamiento pasivo, el único camino y la meta segura, es la anulación personal. Las encuestas no son muy optimistas al respecto, se dejan ver los EXCESOS en pasividades que distorsionan.

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