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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El momento de la verdad con la sanidad

David S. Broder
David S. Broder
jueves, 23 de julio de 2009, 04:50 h (CET)
Antes de lo que nadie había anticipado, la iniciativa de reforma sanitaria del Presidente Obama ha llegado a una encrucijada crucial -- una encrucijada que bien podría sellar el destino de su mayor iniciativa nacional.

El plan de la Casa Blanca había consistido en hacer uso de las grandes mayorías Demócratas en el Congreso para hacer que las leyes necesarias superasen el trámite de la Cámara y el Congreso antes del receso veraniego programado el 7 de agosto -- sabiendo que las medidas tendrían agujeros y que probablemente no se parecerían entre sí.

Llegado el Día del Trabajo, los asesores del Congreso podrían llenar los agujeros y -- a instancias de los ayudantes de Obama -- montar una medida híbrida que pudiera recibir el apoyo de ambas partes del hemiciclo. Esa versión final, dijeron los funcionarios de ambas aceras de la Avenida de Pennsylvania, tendría que cumplir el criterio de Obama -- ampliar la cobertura sanitaria virtualmente a todos los estadounidenses pero sin lastrar el déficit presupuestario.

Dado que esos dos objetivos son difíciles de reconciliar, Obama quería posponer tanto tiempo como fuera posible el momento de la verdad en que la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO), el funcionario contable de toda legislación, examinara lo fiscalmente realistas que tendrían que parecer los planes.

Pero el jueves, justo al mismo tiempo que los tres comités de la Cámara que comparten jurisdicción en los asuntos relativos a la sanidad se preparaban para someter a votación una propuesta de ley a toda prisa, el director de la Oficina Douglas Elmendorf decía a los Demócratas que estaban a punto de reventar los presupuestos. Ninguna de las propuestas de ley que había examinado contiene "el tipo de cambios fundamentales que serán necesarios para reducir la trayectoria del gasto federal en sanidad en una cantidad significativa."

"Y por el contrario, la legislación amplía significativamente la responsabilidad federal del gasto sanitario," decía.

Elmendorf no es el único que defiende que los legisladores tendrían que volver a la mesa de redacción. La víspera, Mike Leavitt, el último secretario de salud y servicios sociales de la administración George W. Bush, me decía entre otros reporteros que la propuesta de la Cámara "no hace nada por paliar el problema de la escalada del gasto sanitario."

En el curso de una entrevista telefónica independiente, Ken Thorpe, un experto académico que trabajó hace 16 años en la iniciativa de los Clinton, decía, "No hay nada presente en la legislación actual que reduzca el precio de las pólizas de las aseguradoras privadas" -- y nada que se aproxime a contener el disparatado gasto de Medicare.

Glenn Hackbarth, presidente de la comisión asesora de Medicare constituida a instancias del Congreso, prestaba testimonio el mes pasado diciendo que el tipo de ajustes menores en las minutas y los proyectos pilotos incluidos en la propuesta de ley de la Cámara "no van a solucionar los problemas" de los descontrolados gastos.

Todos ellos convienen en que el sistema de remuneración individual que paga a cada hospital por cada prueba que se realiza a cada paciente admitido y a cada médico por cada consulta y examen, desata un ánimo inclemente por la cantidad sin responsabilizar a nadie de prevenir las enfermedades y mantener una buena salud. No hay ningún incentivo para la atención coordinada.

Elmendorf citaba los mismos defectos en los gestos de las propuestas de ley pendientes de aprobación realizados para controlar el gasto y añadía una queja de que el Congreso se ha resistido a cuestionar la política de desperdicio de eximir de impuestos hasta los planes de salud privados más generosos tanto para la empresa como para el trabajador.

Los Demócratas que redactaron la propuesta de ley de la Cámara rechazaron cualquier límite al valor de tales planes y el secretario de la mayoría en el Senado Harry Reid está haciendo lo propio presionando a los senadores, incluso si su acción alimenta la inflación médica y encarece la financiación de la cobertura sanitaria ampliada.

Una encuesta difundida el mismo día que Elmendorf soltaba esta bomba ilustra cómo Obama aún puede tener éxito. El estudio, encargado por America's Agenda, un colectivo laboral y empresarial que respalda la reforma sanitaria y realizado por la Demócrata Celinda Lake y el Republicano Bill McInturff, descubría apoyo bipartidista electoral a la agenda que ponga el acento en la contención del gasto en lugar de asegurar a los que no tienen seguro.

Uno de los elementos clave de esa agenda es avanzar hacia un momento en que todo el mundo pueda ser atendido por un equipo de profesionales de la salud coordinados por un médico de atención primaria -- lo contrario a la medicina de remuneración individual de hoy.

Todo esto deja a Obama una opción. Puede animar a sus aliados del Congreso a sacar adelante con rapidez los planes que de manera muy clara son fatalmente defectuosos y abiertamente caros. O puede pedirles que reconsideren e introduzcan el tipo de cambios estructurales que pueden hacer realidad la clase de reforma que quieren los votantes -- y que pueden permitirse realmente.

El viernes, Obama empujaba a los legisladores a seguir adelante -- al tiempo que crecen las dudas en torno al camino en que se han embarcado.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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