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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

No me pise la conciencia, Señor Ministro

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 23 de julio de 2009, 04:43 h (CET)
El artículo primero de la Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce que todos estamos dotados de razón y conciencia. Ambos atributos son lo que nos distingue de los animales. Quien hizo todas las cosas nos elevó por encima de toda la creación al darnos la razón capaz de llegar a conocer y la conciencia capaz de distinguir el bien del mal. Pero además nos dotó de libertad para que podamos elegir y asumir las consecuencias de nuestras decisiones.

Me alarma leer que nuestro Ministro de Justicia quiere evitar que la conciencia sea una excusa para no cumplir las leyes, para ejercitar la objeción de conciencia. Es decir, quiere que el Estado pueda forzar nuestra conciencia e imponernos las leyes que obtengan la mayoría parlamentaria, elevando al Congreso de los Diputados a la única instancia infalible para determinar el bien y el mal, lo justo de lo injusto.

Pues no, señor Ministro. El Estado podrá disponer de nuestros bienes pero no tiene ningún derecho a disponer de nuestras conciencias. Si esto se le hubiera ocurrido a otros miembros del coro que rodea al Señor Rodríguez Zapatero no me hubiera extrañado, pero que lo diga usted que se le supone una amplia capacidad académica, me alarma y me preocupa.

La deriva hacia el totalitarismo comenzó con el entierro de Montesquieu y el asalto al poder judicial, continuó con la imposición de la asignatura llamada de Educación para la ciudadanía, intento doctrinario de la ideología de género, la promulgación de leyes antifamiliares, la incitación a la promiscuidad sexual sin responsabilidad con resultado de decenas de miles de abortos, que se verá ampliado y “legalizado” con la ley que se proyecta. El único y precario valladar que podíamos utilizar los ciudadanos frente a tanta imposición era la objeción de conciencia.

Pero llega usted, encargado de dinamitar dicha objeción y trata de hacerlo al mismo tiempo que quiere regular la libertad religiosa que nuestra Constitución garantiza en su artículo 16. Mucho me temo que quiera matar dos pájaros de un tiro y la regulación que trate de imponernos sea en realidad un recorte más de libertades.

Los ciudadanos tendríamos que esperar del Ministro Señor Caamaño, que tratara de dotar a la administración de Justicia de los medios materiales y humanos necesarios e imprescindibles para evitar el caos judicial y la duración interminable de los procesos y que velara por su independencia. Pero no es así, las instrucciones que parece haber recibido en donde sea, es que ponga freno a la excusa de la objeción de conciencia y regule, es decir someta, al arbitrio del Gobierno la libertad religiosa.

Todo esto, que quizás le parecerá a usted muy progresista, es bastante viejo. Recuerde lo de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. El César no es Dios y por negarse a adorarlo muchos dieron su vida. Nuestra conciencia no es del César, ni del Gobierno, ni del Congreso de los Diputados, así que algunos, muchos o pocos, no vamos a admitir como justo, bueno y verdadero, aquello que para nuestra razón y nuestra conciencia no lo sea.

Podrán castigarnos, ya lo hacen y lo seguirán haciendo, pero ello no es señal de fuerza sino de debilidad. El esfuerzo por adoctrinar y manipular a los ciudadanos pone de manifiesto que lo que más temen es que haya gente libre, dispuesta a luchar y a padecer por conservar su libertad y su conciencia.

La gran estafa es que en lugar de servir a los ciudadanos, buscar el bien común y administrar decentemente nuestros dineros, quieran imponernos sus formas de pensar, sus ideologías, sus resentimientos históricos, sus mentiras y además su incompetencia para superar la crisis.

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