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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

España baqueteada por Moratinos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 22 de julio de 2009, 05:22 h (CET)
Aunque es evidente que el panorama político es una abundante fuente de temas sobre los que opinar, estimo que hoy, por la trascendencia de la noticia y por el significado que para los españoles entraña, deberemos dirigir nuestro punto de mira crítico hacia nuestra diplomacia, otrora uno de los orgullos de nuestra nación y, hoy en día, reducida a ser un mero juguete politizado y rendido a las órdenes del gran brahmán que ocupa la Moncloa, para vergüenza de aquellos que lo vienen apoyando y ludibrio de los que no supieron darse cuenta de la clase de gobernante que, con su voto, nos auparon al poder. Es evidente que el señor Moratinos es un socialista convencido y también lo es que ocupa un lugar en el Gobierno que le viene ancho, puesto que ni por su capacidad ni por su forma de expresarse ni por los resultados de sus gestiones, se le puede reconocer la categoría precisa para estar al frente de la diplomacia española.

Dicho esto, si queremos repasar lo que ha sido nuestra trayectoria diplomática desde que los socialistas se hicieron con el gobierno de la nación, es posible que tengamos que reconocer que, por mucho que nos esforcemos, no conseguimos encontrar actuación alguna de nuestro ministro de Exteriores que se pueda catalogar de aceptable. Recordemos como se humilló a España en nuestras relaciones con Marruecos; el vergonzoso caso en el que el señor Chávez de Venezuela tuvo que ser abroncado por el Rey y las subsiguientes humillaciones a las que nos condujo la conducta conciliadora de Zapatero y Moratinos que provocó el trágala que tuvo que asumir S.M el Rey cuando tuvo que recibir, en Mar y Vent, al gorila venezolano que, poco antes, le había escarnecido en público; y, ya no hablemos de nuestras relaciones con todas las tiranías de Sudamérica y de la defensa y consideración con la que Zapatero distingue a todos aquellos caudillos revolucionarios, que lo único que han conseguido, es que perdure y se agrave la pobreza endémica de la población de aquellos países, sin olvidarnos del ignominioso trato que se ha dado a Israel, en una clara defensa del terrorismo palestino.

Tampoco podemos decir que, en Europa, se nos trate con especial deferencia y, si queremos ser justos, deberemos reconocer que desde tiempos del señor Aznar, en los que España brilló especialmente, admirando a todos nuestros vecinos cuando superando grandes obstáculos, pasamos por delante a otras naciones, para ser admitidos en la CE con todos los honores y calificación de notable. Ahora nos hemos convertido en un problema para el resto de naciones de la UE a causa de nuestro paro (el doble de la media europea); de nuestro excesivo déficit público; de nuestros repetidos incumplimientos de las normas comunitarias, que nos han valido más de un reproche, y de seguir un rumbo errático distinto al que se viene marcando por el FMI, el BCE y la propia Bruselas.

Pero, con todos estos antecedentes, todavía nos quedaba por contemplar uno de los actos más indignos e incomprensibles que, aún conociendo la catadura de quienes llevan la batuta en España, no creo que nadie, ni dentro de los militantes del propio partido socialista, se pudiera llegar a imaginar que un español, un ministro de España y un representante del gobierno se rebajase, se prestase y se atreviese a llevar a cabo un ejercicio semejante de humillación ante aquella nación que, por medio del tratado de Utrech, nos arrebató una parte, pequeña sí, pero, al fin y al cabo, un querido y representativo retal de nuestra piel de toro que, para mayor INRI, resulta ser la última colonia extranjera que perdura en la UE. Son varias las razones por la que esta visita de Moratinos resulta especialmente inconveniente y humillante: la primera,porque este Foro de Diálogo sobre la situación de Gibraltar se haya consentido que se celebrase, precisamente, en el Peñón y no en Londres o Madrid; segundo, por la categoría y publicidad que le otorga el que sea un ministro de Asuntos Exteriores español el que se vaya a reunir con el señor Caruana, un mero figurón puesto por Londres al frente del gobierno de la colonia; tercero, por el simbolismo que entraña que, por primera vez desde 1.704, España haya dado muestras de flaqueza en su sólida, continuada y patriótica reivindicación de la devolución de una parte de España que nos fue arrebatada injustamente, juntamente con Menorca, por la siempre ávida Inglaterra que, por entonces, empezaba a constituir su gran imperio.

Somos muchos los que pensamos que, con este gesto de claudicación, se está cediendo a la rubia Albión más argumentos para defender su postura de mantener su soberanía sobre aquel territorio que le fue arrebatado a Almería y que, los ciudadanos, los que todavía llevamos en la sangre el amor a la patria, lo tenemos clavado en nuestro orgullo de españoles. Podríamos llegar a pensar que, en esta decisión del Ejecutivo, se podría descubrir una intención oculta, una conspiración contra la propia España y una advertencia de hacia donde nos quieren llevar los que ostentan el poder que; como ya se viene demostrando en sus cesiones ante Catalunya y sus inseguridades en el País Vasco, dan la sensación de que su proyecto de la federalización de la península ha pasado del campo de la teoría, de la utopía desintegradora, al de los hechos más o menos solapados pero, suficientemente, explícitos para que nos podamos temer lo peor.

Ni siquiera se ha tratado de ello con el partido de la oposición, ni se ha expuesto en las Cortes para conocer lo que pensaban las otras formaciones políticas, sino que, siguiendo en su política de hechos consumados, de imposición de su mayoría y sabiéndose apoyados en esta deriva por los partidos nacionalistas, ha tomado por el camino de en medio, sin importarles la opinión de unos u otros como, por cierto han hecho con las medidas anticrisis que han sido impuestas, manteniéndolas “in péctore”, para darlas a conocer, por sorpresa, a fuerza de decretos ley, sin contar con otro apoyo que su temeridad, su desconcierto y su falta de visión económica; lo que nos ha llevado a la situación en la que nos encontramos en la actualidad, fruto de una serie de actuaciones improvisadas, deslabazadas y excesivamente onerosas para el país que, en la actualidad, se encuentra entre los más perjudicados y endeudados de la UE.

Nunca creímos, los que ya peinamos canas, que llegaríamos a ver como, en España, un gobierno, fuera de derechas o de izquierdas, renegase de una forma tan gratuita e innecesaria de sus derechos sobre Gibraltar. Aunque, no podemos dejar de pensar, que conociendo el paño todo ello no haya tenido que ver con algún favor de los británicos para satisfacer este ego del señor Zapatero de ir de reunión en reunión, como típico mister Bean, buscando desesperadamente la cámara que le permita salir en la foto al lado de Obama, la Merkel o el señor Sarkozy; no se haya tenido que pagar este peaje. Respecto a este endiosamiento de ZP creo que convendría añadir a este comentario una cita de San Agustín respecto al orgullo: “La soberbia no es grandeza, sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano”. Yo que Zapatero me lo haría mirar por si el grano tiene pus.

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