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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Los taurinos pierden los papeles

Julio Ortega Fraile
Redacción
martes, 21 de julio de 2009, 05:25 h (CET)
Ya se están revolviendo los taurinos desde sus diferentes plataformas protectoras de la "muerte culta" en contra de diversos medios de comunicación que en su justo deseo de informar, aprovechan para en sus editoriales o columnas de opinión, dejar constancia de cuál es su visión del asunto de la tauromaquia en sus diferentes vertientes.

Sin dar nombres de diarios, digamos que hay dos cuestiones, una por trágica y la otra por muy próxima, que han ocupado las páginas de ciertos periódicos durante estos días: la muerte de Daniel Jimeno en los encierros de San Fermín y la celebración del escalofriante ritual del Toro de la Vega en Tordesillas que tendrá lugar el 15 de Septiembre.

Están pues tomando posiciones de defensa los amigos de atravesar con acero a los animales, y como tratándose de personas no pueden acudir a sus armas habituales: espadas o lanzas, emplean sus palabras más afiladas para por una parte, insultar a los animalistas y a los noticieros que se declaran en contra del maltrato animal y por la otra, para hacer un llamamiento de enfrentamiento a la actitud de los que ellos denominan “ecolojetas” o “ecoterroristas”, así como para lanzar una campaña de descrédito hacia esas publicaciones pidiendo que nadie las compre, estando incluso entre sus pretensiones el hablar con los que regentan puestos de prensa para que no las vendan. En el Patronato del Toro de la Vega tenemos un ejemplo de una actitud tan “democrática” y eso que el suyo es un “bien de interés turístico”.

Pero todo esto tiene una explicación y se llama nerviosismo. A medida que pasa el tiempo su desasosiego aumenta porque se ven más incapacitados para justificar la tauromaquia. Se van quedando sin nuevos argumentos de los que echar mano mientras comprueban como poco a poco, se van desmoronando los que venían esgrimiendo. La Sociedad no vive en la ignorancia que ellos desearían y que les vendría muy bien para que la sucia realidad oculta en sus actos no trascendiese, así que cada excusa que no pueden seguir explotando, destapa un poco más la crueldad indefendible que subyace bajo tanto maquillaje, les hace más vulnerables y les entorpece para seguir matando impunemente.

Mucho daño les ha causado el que ya nadie se crea una teoría que mantuvieron más allá de cualquier límite de la ética y de la racionalidad: “el toro no sufre”. Ni siquiera las conclusiones partidistas de algún profesional de la veterinaria les han valido para avalar semejante despropósito y de hecho, han perdido ya tanto el interés en emplearlo como el dinero que probablemente les costó el que alguien que sabía de lo qué hablaba, aceptase respaldar un estudio que no era más que un monumento a la degeneración del conocimiento científico.

También se les va debilitando la afirmación de que “el toro ha nacido para eso”. Ninguna criatura viene a este mundo para ser torturada y por lo tanto, excepto cuatro descerebrados que beben de las heridas mortales de los toros, nadie se atreve a valerse de tal premisa. Mantener que un animal con una capacidad sensorial como la de cualquier ser humano ha nacido para ser sometido a padecimientos físicos y psíquicos pavorosos, es simplemente producto de la mente de un pervertido o de un loco. Que una ley lo consienta lo es de la de un tirano.

Sí suelen emplear todavía un dato aún a sabiendas de su falsedad; lo hacen cuando nos hablan de “la gran cantidad de aficionados que existen”. Pero esto les vale cuando dan una rueda de prensa o si se trata de mandar a los subalternos de siempre a vestir a España de luces ante Europa, a esos pocos eurodiputados conocidos por creerse que su escaño es la localidad de un tendido y aprovechar la mínima ocasión para llenar el Parlamento Europeo de matadores, capotes, banderillas y pasodobles. Pero nunca se les ocurre, por supuesto, llevar a un toro a la Eurocámara y hacerle lo mismo que en la plaza ante sus colegas europeos; eso sería mucho más honesto y descriptivo pero sin duda, perjudicial para su sangrienta causa, de la que muestran el color o la música pero no la agonía del animal.

Son sádicos pero no tontos, por lo tanto y aunque quieran hacer ver que la tauromaquia tiene gran cantidad de seguidores, son los primeros que hablando entre ellos reconocen como cada día disminuyen los taurinos y aumentan los detractores a esta barbarie. Saben también como cualquiera, que esta brutalidad es deficitaria y que de no ser por las subvenciones de las administraciones, hace mucho que habría desaparecido. De ahí su llamamiento desesperado en sus foros para encontrar el modo de retener algo que se les va escapando entre los dedos, como tiene que ser, y es que no es fácil justificar un crimen, aún menos cuando la víctima es inocente y todavía más complicado, si detrás está el deseo de procurar diversión y entretenimiento.

Así que estas maniobras de los que dicen sí a las corridas, a los encierros, al Toro de la Vega, al los Toros Embolados, al Toro de Coria, a los Toros Ensogados o Enmaromados, al Toro Júbilo de Medinaceli, a los “Bous al Carrer”, a las Novilladas, a las Vaquillas del Aguardiente o a cualquier otro festejo o tradición inmunda de las que manchan este País de sangre, de vergüenza, de impiedad y de atraso, son un pataleo desesperado y ridículo por mantener vivas la tortura y la muerte de animales como expresiones de arte y de cultura, una pretensión ruin y sobre todo, infinitamente cruel.

Quieren acallar la voz de la Sociedad a base de esconder los periódicos que la transmiten o por medio de acusaciones mezquinas y estrafalarias a los que defienden un trato digno para los animales. Mal camino llevan pero es que tampoco tienen ningún otro por el que transitar; en cualquiera de ellos serían visibles su brutalidad, su egoísmo, su antropocentrismo y su desprecio por inculcar en los niños respeto a todos los seres vivos.

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