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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

El patriotismo como licencia de corso

Mario López
Mario López
martes, 21 de julio de 2009, 05:03 h (CET)
“¡La maté porque era mía!” Era el clamor del hombre cuando acababa de matar a su mujer, presa de un incontrolable arrebato de amor conyugal. Y esto era así, cada dos por tres y hasta hace escasos lustros ¿En Afganistán? ¿En Somalia? No.

Como dijera en sede parlamentaria nuestro inefable héroe de Perejil, José María Aznar López, no están tan lejanos los desiertos y las montañas. Porque desiertos y montañas eran aquellos hogares para las pobres mujeres que no tenían otro remedio que consentir si no querían morir a manos de sus atroces maridos. Bueno, pues ahora vienen a decir lo mismo los dirigentes del PP, cuando de defender la honra de la patria se trata. Los patriotas de la calle Génova prefieren ver a su patria muerta antes que sencilla. Se les llena la boca con su nombre: ¡España! Y la están cubriendo de inmundicias hasta las orejas, desde Tarifa a Cabo Peñas, a la vez que sabotean su futuro tecnológico, el de todos nosotros, elaborando informes desde ese lobby neoliberal próximo al mundial Aznar y su lenguaraz compañera, Esperanza Aguirre. El problema de estos patriotas es que piensan que la patria es de su exclusiva propiedad y que si ella no se hace a la manera que ellos, como hijos legítimos del Movimiento Nacional, están dispuestos a dinamitarla. Nunca he tenido otra patria que la mar, que diría el pirata de Espronceda, y cada vez que pronuncio esa tremenda palabra me da una especie de respingo que me recorre todo el espinazo. Pero si nací y vivo en este país, me considero tan de esta tierra como el presidente de la FAES y no le consiento que me dé lecciones de patriotismo -aunque tal cosa no la tenga yo en valor alguno-. Pero yo, sin la menor gana de darle ninguna lección a él, sí le puedo sacar la vergüenza; que la debe tener toda porque no ha gastado ninguna. Jamás en la vida se me ha pasado por la imaginación hacer la cantidad de perrerías como las que el suegro de Alejandro Agag –íntimo de los Gürtel Boys- ha hecho y dicho de este país, allende nuestras fronteras, lapidando nuestro crédito internacional por el sólo placer de darle gusto a la lengua.

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