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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Cháves... o las piruetas del poder

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
martes, 21 de julio de 2009, 00:43 h (CET)
Siempre he sostenido que los partidos socialistas fueron diseñados por los verdaderos poderes del mundo para destruir o desvirtuar a las sólidas izquierdas del siglo pasado, tanto más radicales que estas inocuas socialdemocracias que no son chicha ni limoná. Hubo un momento, allá por cuando gobernaba en España el PSOE en los ochenta y principios de los noventa, en que, amén de los desmanes diarios con que nos alteraban los pulsos, en Francia se suicidó uno de sus máximos dirigentes, acosado por la policía y la corrupción, Betino Craxi se tuvo que ir de vacaciones a Túnez por el mismo motivo, y allí murió perseguido por la Justicia italiana, y hasta los alemanes tenían cardados los cabellos porque no salían de una y ya estaban en otra gracias a sus socialdemócratas.

Eran años dulces, de aquellos en que ni siquiera precisábamos de enemigos porque los teníamos aquí y gratis, en los que todo eran bolsas de basura llenas de billetes, empresas fantasma que cobraban haberes inmorales a los emprsarios por permisos de apertura, cuotas bajo cuerda, guerra sucia, presidentes del Banco de España procesados, directores de la Guardia Civil evadidos con papeles de Laos, tránsfugas, Rumasas, Kios, Times Sports, BOEs, urbanizaciones socialistas levantadas a la sombra del dinero negro y, en fin, cuantos despelotes se puedan imaginar, ninguno de los cuales fue capaz de desubicar al PSOE del poder durante un larguísimo docenio, ni de conmover a la siempre impasible Justicia con los fuertes y poderosos y la eternamente seviciosa Justicia con los débiles. Un tiempo, en fin, en el que incluso un sindicalista medio titiritero hizo la cabriola de pasar con su alegre ¡ale hop! de dirigir un sindicato —la UGT— al enemigo como si tal cosa, convirtiéndose en Ministro de Trabajo: Cháves. Muchos, como no podía ser de otra forma, nos quedamos estupefactos, y hasta recuerdo que nos preguntamos acerca de la clase moral de un tipo que era capaz de defender los intereses de los trabajadores y los contrarios casi al mismo tiempo, no sabiendo bien si había traicionado a los trabajadores para ser lo que ahora era, o si había sido lo bastante listo como para infiltrarse en el enemigo y desde ahí favorecer al proletariado, precisamente en aquel momento en el que el felipismo (¡qué cosa terrible!) se inventó este orden de contratos basuras “coyunturalmente”, se convirtió a la masa laboral en esclavos y el neoconservadurismo más rancio y carpetovetónico tomaba posesión de esta España de mis pecados. El tiempo, ya se ve, ha puesto a cada quien donde tenía que estar, descubriendo las cartas que cada cual manejaba y quitando los antifaces.

Para mí, a título personal, poca o ninguna diferencia hay entre el divo Chávez venezolano y el ex presidente andaluz Cháves. Cuestión de corridos, coplillas y boinas, nada más. Durante demasiados años ha gobernado Andalucía nuestro Cháves como si fuera una república bananera, así apoyado en el populismo pseudoizquierdista como en el manejo de la ubre de las subvenciones del PER, el amiguismo chiringuitero y las licitaciones urbanísticas que han convertido a la región más pobre de España en un rescoldo del siglo XIX en pleno siglo XXI. Para tener alguna oportunidad durante su mandato, había que estar en la cuerda del tributo y el voto, o se estaba listo. Ahora que Cháves, por su buen hacer ha sido promocionado a Vicepresidente de España (honorario, a juzgar por sus atribuciones), así que ha abandonado su mesa se han revuelto sus cajones (k) y se han puesto sobre ella cuestiones más que peliagudas en plan PSOE años ochenta y noventa, cuando él hacía cabriolas entre el sindicalismo y el Ministerio de Trabajo. Todo sea que volvamos a las mismas de entonces y volvamos a conmocionarnos con cómo otros políticos con cargos gubernamentales se dan un paseo por los tribunales.

Tal vez, con lo sucedido con la empresa de su nena —sin duda punta de iceberg de otros muchos hielos que por fuerza han debido conformar su habitual proceder— tengamos ahora pistas sobre la real naturaleza del dictador electo andaluz, Cháves. Queda por saber si los etiquísimos, superpuristas y ultralegalistas sociatas españoles tomarán como partido alguna de las posturas que han exigido a su oposición cuando se han destapado presuntos casos de corrupción. Después de un pasado de bolsas y antifaces, ninguneado bajo la falaz etiqueta de “financiación ilegal” que realmente financió ilegalmente muchas y no menudas fortunas particulares, y hasta de haber montado un tiberio nacional por los dos mil euros de un traje para Camps, nos falta saber si harán con su joyita Cháves lo mismo que ellos exigían, sacándole de la política para que pueda ser procesado, si hubiere lugar y el caso se diera, siquiera fuera por mantener impoluto en apariencia el nombre del partido. A lo mejor ahora que hay que dar trigo, lo mismo nos predican.

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