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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Nuevo modelo o soñar tortillas

Sergio Brosa
Sergio Brosa
lunes, 20 de julio de 2009, 08:55 h (CET)
Después de años de discusión absurda por la financiación autonómica y en particular la de Catalunya, pues se suponía que el Nuevo Estatuto contemplaba y definía el asunto, después de amenazas del Partido Socialista Catalán franquicia del PSOE al propio Gobierno con no apoyar los Presupuestos Generales del Estado para 2010, tan falsas como la misma promesa de José Luis Rodríguez Zapatero en campaña, de apoyar el estatuto que saliese del Parlament de Catalunya por su total convencimiento de no hacerse con el gobierno de España, ha fraguado todo ello finalmente en un nuevo modelo de financiación autonómica, al gusto del partido del Gobierno y de los que le dan y darán apoyo. Menos ha gustado a los sufridos contribuyentes que, como su nombre indica, son quienes pagarán la factura de tamaña patraña para confundir al administrado.

Lo primero que hace recelar de que el pacto de financiación sea un éxito para Catalunya por lo menos, es el despliegue mediático para que los catalanes se lo crean. Mesas explicativas de lo inexplicable y elucubraciones mentales y malabarismo de números, cifras y letras para hacer ver que se ha conseguido lo del Estatuto pero que sigue siendo mentira.

Pero ya sabemos por desgracia que esto de la política y sobre todo los políticos, es el arte de la mentira reiterativa para que alcance el rango de verdad incuestionable. Pero como dijo Galileo Galilei, “eppur si muove” al abjurar de que el centro del Universo es el Sol. Así es el artificio del Nuevo Modelo: Catalunya recibirá los 3.800 millones de euros del Gobierno de España, a partir de no se sabe cuándo y dependiendo de un montón de parámetros de crecimiento económico, hoy, del todo inalcanzables.

Ahora descubren algunos políticos ajenos al pacto, como Artur Mas ¿para qué hicimos el Nuevo Estatuto? Y eso se venía preguntado la ciudadanía durante su redacción, ya que tal era el clamor popular y no, como falseaban los representantes del pueblo, clamor popular para un nuevo estatuto. Pues para conseguir una mejora en la financiación no era necesario un estatuto nuevo sino lo que ahora han venido representando –de representar de comedia– los políticos: una enconada discusión, acalorada y con amenazas, salvo por las expresiones corporales de la Vicepresidenta Segunda y Ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado y el conseller de Finances catalán, Antoni Castells, según nos ha ido ofreciendo la prensa gráfica en las últimas semanas, como el galanteo de los tortolitos furtivos.

Vergüenza ajena ha producido la declaración de José Montilla, President de la Generalitat de Catalunya, al decir que la mejora en la financiación se ha conseguido gracias a la generosidad de José Luis Rodríguez Zapatero, su jefe de filas. Almibaradas expresiones de gratitud de Montilla a ZP que convertían su discurso en un cuenco de genuinos pestiños.

Como anuncia Montilla en la prensa a toda plana, de lo que se trataba era de: “Por primera vez en la Historia estaremos por encima de la media”.

En efecto, no se alude a lo que necesita Catalunya o el exceso de contribución a la solidaridad territorial de años anteriores, sino de estar por encima de la media. Así pues, no es de extrañar que en otras autonomías se genere cierta animadversión en contra de Catalunya, pues si el grueso de la justificación es ese, tiene muy poca defensa.

Aunque el argumento fundamental tiene una doble vertiente: Por una parte acabar de una vez, como sea, con este engorroso e infectado asunto de la financiación catalana sobre la que planea el Nuevo Estatuto con aspectos anticonstitucionales que no ilegítimos, diga lo que diga, si algún día dice algo a este respecto, el Tribunal Constitucional.

Y por otra parte, hay que aprobar los presupuestos generales del estado para 2010 y no puede jugarse con los votos de los 25 diputados catalanes del PSC-PSOE, no sea cosa que finalmente se vean en la tesitura de votar en contra para poder mantener la cara y evitar el previsible descalabro en los próximos comicios.

Así se aprueba un nuevo modelo de financiación autonómica, sin un plan de austeridad de las comunidades ni un firme propósito de la enmienda por tanto despilfarro autonómico debido fundamentalmente a la incapacidad gerencial manifiesta para gestionar con aprovechamiento los recursos disponibles. Se reparten los ingresos del Estado y basta.

Luego sucede por esa negligente gestión que la UE rechaza todos los informes de fondos enviados por las autonomías.

En efecto, como informaba la prensa el pasado sábado, ninguno de los 19 informes de cumplimiento financiero enviados por las comunidades autónomas españolas a la Comisión Europea –el trámite ineludible para reclamar después ayudas comunitarias– ha sido aceptado. Con los retrasos acumulados, España puede perder la parte no aprovechada de los fondos de 2007, hasta 3.700 millones de euros. La Comisión Europea espera que las administraciones demuestren que son capaces de controlar el fraude. Los documentos han sido devueltos por la Comisión por incompletos y no ajustarse a las normas establecidas por la propia Comisión para su confección. Dicho de otra forma: Los informes están mal hechos por la incompetencia profesional de las administraciones autonómicas.

De manera que las cifras que arroja el Nuevo Modelo, según los políticos que lo han propiciado, viene a ser lo que castizamente se conoce como “El cuento de la lechera”. Los anglosajones lo llaman “Wishful thinking” también conocido por “Pensamiento ilusorio”. Y en catalán responde a la expresión “Somiar truites”; en castellano: soñar tortillas.

En cualquier caso, para esta bazofia no hacía falta tampoco un Nuevo Estatuto catalán ni todo el desgaste que aquella redacción y la negociación del nuevo modelo han producido. Así, tal vez ahora, con el apoyo al nuevo modelo de la sociedad civil oficial, cámaras de comercio, sindicatos, asociaciones patronales, se acabe de una vez con esta cuestión y se puedan afrontar al fin tanto los asuntos importantes como los urgentes.

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