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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El PSOE quiere enfrentar a Catalunya y Madrid

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 20 de julio de 2009, 08:53 h (CET)
Que el Gobierno del señor Zapatero se esfuerce en magnificar las quejas de Madrid respecto a lo recibido en la financiación autonómica y la inevitable comparación con el despilfarro de millones del que se va a gozar en Catalunya, a cargo de los 11.000 millones presupuestados para la, mal llamada, financiación de las autonomías; cuando lo que debiera haberse dicho: “ la financiación de Catalunya y Andalucía y, si queda algo, para repartir entre las restantes”; que el señor Chávez, que calladito estaría mejor dada sus situación respecto al caso de financiación irregular de la empresa en la que trabaja su hija, se salga con una interesada y burda manifestación, en la que acusa de catalanofobia a los del PP y que se haya desatado, especialmente en la prensa catalana, una nueva campaña para resaltar la supuesta ojeriza de las comunidades del PP hacia Catalunya; aparte de pretender ocultar la evidente intención de esconder el latente intento de determinados partidos catalanes de asumir los poderes que corresponderían al Estado español y de distanciarse, en cuanto a la percepción de ayudas del Gobierno, del resto de las autonomías de España, entraña un sofisma fácilmente desmontable. Nadie está contra los catalanes, nadie se queja de la ciudadanía catalana y nadie se lamenta de que, en Catalunya, se hable en catalán o se estudie en esta lengua cooficial. Esto no deja de ser una artimaña de los políticos, muy utilizada con fines de propaganda demagógica y que, su repetición hasta la saciedad, ha tenido la “virtud” de conseguir que una parte de la población catalana se haya llegado a creer que, en realidad, existe una campaña en contra de los catalanes por parte del resto de autonomías.

No señores, lo que ocurre es que, de una forma incomprensible y cuando quien gobierna en la Generalitat es precisamente el PSOE, un partido de raíces nacionales y, hasta ahora, poco sospechoso de tener veleidades separatistas; por simple aritmética electoral, por la fobia de aliarse con la derecha y ante la posibilidad de ceder protagonismo mediático; ha decidido erigirse en el promotor y eventual líder de las peticiones desorbitadas de los nacionalistas, por lo cual, el actual presidente de la Generalitat, el señor Montilla, un andaluz que apenas chapurrea el catalán, ha devenido en un separatista más, émulo del Sabino Arana vasco (a quien nada tiene que envidiar en cuanto a empecinamiento y confusión de ideas), dispuesto a convertir su comunidad en el garbanzo negro de España a compartir, en cuanto a negrura, con el País Vasco, esea otra región donde la ETA tanto predicamento ha tenido durante tantos años.

A nadie debe confundir que, ante la petulancia de un señor Puigcercós; ante una absurda e incomprensible negociación, a dos bandas, entre el señor Castells y la vicepresidenta del Gobierno, señora Elena Salgado; procedimiento absurdo cuando existe la cámara alta, el Senado, para tramitar los problemas que atañen a las autonomías y, ante el hecho incomprensible de que, al fin, la financiación por parte del Estado, la ayuda establecida de la escalofriante cifra de 11.000 millones de euros, haya dependido de que ERC haya dado su visto bueno y haya alcanzado, junto a los últimos flecos arrancados a la ministra, la dudosa gloria de hacer que Catalunya se haya llevado la parte del león en este simulacro de “negociación”, que ha resultado ser, y eso lo sabe todo el mundo que tenga una mínima visión de la política española, la rendición del Ejecutivo ante el chantaje del nacionalismo catalán, o sea, la consolidación del Estatut, antes de que el TC ( un mero monigote a las órdenes del señor Zapatero) se decida a dictar la resolución que avale o deniegue la constitucionalita de este bodrio, que bajo la apariencia de una Ley Orgánica, encierra en su articulado el código secuencial de la bomba destinada a dinamitar a España y convertirla en un mero nombre histórico.

España no está en contra de los catalanes y esto se ha podido comprobar por cualquiera que haya viajado a Madrid con espíritu abierto, como quien escribe estas líneas, que aún siendo mallorquín, siempre ha sido tratado allí con gran cortesía y aprecio. No confundamos, señores, ni queramos sacar réditos políticos a base de enfrentar al pueblo catalán con pueblo madrileño o al de cualquiera otra autonomía del resto de la península. Otra cosa se puede argumentar cuando se trata de partidos minoritarios, cuando hablamos de meros grupos testimoniales que ni representan a todos los catalanes ni, tan siquiera, representan dentro de Catalunya más que una minoría testimonial. Eso sí, les podemos reprochar a los socialistas, encabezados por el señor Montilla, que les hayan hecho el juego, que hayan permitido que adquieran un protagonismo muy superior al que las urnas les otorgaron, que se hayan dejado atemorizar ante la posibilidad de que les retiraran su apoyo en el Parlament, dejándolos a merced de Convergencia y el PP.

La prueba de que Catalunya siempre ha sido acogedora con los que han venido a ella desde el resto de la península, fueren estos andaluces, manchegos, valencianos, murcianos, extremeños o de cualquier otra región, está en que nunca han existido problemas importantes de coexistencia de las lenguas catalán y castellano, que han convivido, desde hace muchos años, sin que la utilización de cualquiera de ellas haya significado el desprecio por la otra. Pero parece que esto no interesaba a determinados grupos políticos, a ocultos intereses espurios y a determinadas castas de la llamada clase intelectual catalana, que siempre ha sostenido levantado el pabellón de la lucha contra España aunque, paradójicamente, siempre han sido los más beneficiados de su relación con ella. Estos son los que nunca han estado de acuerdo con el hecho de que, en este país, se viviera en paz y que, dentro de él, se produjera la natural simbiosis de razas y el enriquecimiento cultural derivado del mestizaje de diversas sangres de distinta procedencia. Es lamentable, pero hay que decir que el catalanismo excluyente no ha nacido de las clases menos favorecidas de la sociedad, sino de la casta alta, que comprende desde la alta burguesía hasta algunas ramas de la llamada aristocracia catalana.

La señora De la Vega, en su rol de cizañera del PSOE, que, por cierto, es un papel que borda; debiera medir sus palabras cuando habla de fobias y de exclusiones porque, si hay alguien que haya sido el causante de este enfrentamiento entre regiones; este renacer de antiguas rencillas y odios de la Guerra Civil; esta deriva hacia el separatismo que estaba ya erradicado de la sociedad y este afán enfermizo por rectificar los hechos históricos por una nueva Historia apócrifa; han sido precisamente el PSOE y su apoyo a los nacionalismos. Han querido escribir la Historia a posteriori precisamente encargándoles tal tarea a aquellos descendientes de quienes no supieron ganarle la guerra la general Franco, a pesar de disponer de todos los medios y posibilidades para hacerlo. No debería olvidar, nuestra vicepresidenta, que si la II República perdió la guerra y si los comunistas se hicieron con el poder se debió, en gran parte, a que en Catalunya, en lugar de luchar en el frente contra las tropas nacionales, se dedicaron a enfrentarse entre sí (mayo de 1937) los comunistas y ERC, contra la CNT y el POUM, en una batalla en la que ambos perdieron y ayudaron a que se perdiera la guerra.

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