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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Un cambio necesario

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
lunes, 20 de julio de 2009, 08:53 h (CET)
Cualquier ciudadano de bien habrá sentido alivio y satisfacción al leer en el diario El Mundo la entrevista a Rubén Puelles, hijo de Eduardo Puelles, víctima de la banda asesina ETA. Rubén llama a las cosas por su nombre y a las situaciones por el suyo. Sinceramente no tiene desperdicio la entrevista, desde el momento en que está salpicada de crudo realismo.

Si bien es verdad que dice lo que ya sabíamos, y algunos sospechaban, también es cierto que tiene las ideas muy claras; esa claridad y ese empuje es la fuerza que llevará a que ETA desaparezca, a lo que hay que unir el hecho de que sus ‘primos carnales’ del PNV no manejan y manipulan el Gobierno del País Vasco. Decía Aristóteles que las revoluciones no se hacen por menudencias, pero nacen por menudencias.

"Si hubiera sido con el anterior Gobierno vasco, no habríamos tenido el mismo trato", ha declarado Rubén. La idea es esclarecedora, porque es lo que piensa la mayoría de la ciudadanía en el País Vasco, excepto quienes apoyan el nacionalismo y todos sus cambalaches con la banda asesina: apoyo con el silencio, vista gorda, ambigüedad y lágrimas de cocodrilo.

La ciudadanía aprecia ahora más cambio que durante todos los años de Gobierno del Partido Nacionalista Vasco. El nuevo Gobierno se ha volcado con la familia Puelles. Lo reconocen sus miembros. El hecho de que ahora la Ertzaintza se tome en serio su trabajo, y luche contra el entramado etarra, ya es un paso adelante y en firme; paso que siempre impidieron los dirigentes anteriores de la policía autonómica, bien fuera por simpatía con la banda, o bien por la excesiva coincidencia de los nefastos nacionalismos, aunque no faltan quienes demuestran que la coincidencia del PNV con ETA en muchos aspectos era producto del miedo de los primeros hacia la banda y su entorno. ¡Encima cobardes!

"Es que ellos (se refiere Puelles al PNV) realmente no han hecho nada. Yo he visto más cambio en dos meses que en 25 años. Ahora los radicales están perdiendo el espacio que habían ganado". Precisamente esa apreciación pone de manifiesto que era preciso el acuerdo entre Pachi López y Antonio Basagoiti, pese a quien pese y digan lo que digan las manipuladas encuestas.

Unas encuestas procedentes, casi siempre, del entorno nacionalista y que suelen ser ‘cocinadas’ al calor del burdo independentismo. No había otro camino, como se ha demostrado; aunque el PNV intente ‘poner palos en las ruedas’ para volver a engañar al PSOE y despreciar al PP vasco. Lo van a intentar siempre y, precisamente, para que el PNV no vuelva a tocar poder deben poner empeño y firmeza los partidos que hoy protagonizan el cambio que advierte y desea la ciudadanía.

Lo grave, y triste a la vez, es el control que el PNV ha hecho durante años de la educación. Se suele decir que quien maneja la educación construye el futuro de un pueblo. También por ahí lo ha intentado el PNV, en detrimento del castellano y de la propia población vasca. "Todo se forma en las ikastolas. En el instituto de Arrigorriaga, los chavales hacen y cuelgan las pancartas", ha manifestado Rubén Puelles. En pocas palabras: desde el propio sistema educativo del País Vasco se fomenta, alienta y desarrolla el terrorismo. Es precisamente ahí, en el corazón de la educación, donde hay que intervenir sin piedad, sin rémora y de forma contundente. Cuando los males se cortan de raíz, la enfermedad suele revertir en salud.

Tan grande estupidez son las declaraciones de Aralar, como la actitud cobarde del PNV. Sin duda no es lo mismo las fotos de etarras asesinos y colaboradores colgadas en la vía pública y en las fachadas de los Ayuntamientos que la presencia en la calle y en los actos públicos de los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Solo los partidos independentistas y nacionalistas pueden incurrir en barbaridades de ese calibre. Y lo hacen porque han sido incapaces de evolucionar, siguen anclados en un aldeanismo caduco y aventan los fantasmas de una aspiración atípica e inconstitucional.

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