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Cuando los premios literarios apestan

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
domingo, 19 de julio de 2009, 06:11 h (CET)
Cuando abro el sobre de Editorial Anagrama que me llega a casa y leo el breve texto que va en el interior, mi perplejidad no puede ser mayor: “Estimado Ángel Ruiz Cediel,” —sin el don, tan siquiera— “Para su gobierno le comunicamos que hemos recibido sus originales titulados: “Crónicas satíricas de un ególatra” bajo pseudónimo de Marta Guevara para concursar al Premio Herralde de Novela 2009. Atentamente...” ¡Y lo firman! Acompaña a este desafuero semántico un boletín de novedades editoriales, digo yo que para que además compre algunos libros y me instruya, ¿para qué si no?

Como entidad privada puede Editorial Anagrama hacer lo que le dé la gana con sus dineros, convocar los premios que se le antojen y todo eso, pero se supone que las plicas se abren en el momento en el que el jurado ha decidido cuál es la obra ganadora, que es el sentido último de presentarse con pseudónimo a un concurso literario. Nada dicen las bases, como me han informado en la editorial cuando he llamado para protestar, sobre que eso de las plicas sólo sea para que el público no conozca la identidad del concursante, pero sí la editorial y el jurado. Los autores, precisamente, lo que queremos es que nos conozca el público, y no los jurados antes de otorgar premio, entre otras cosas porque sospechamos que los premios son un artificio de márquetin de las editoriales para promocionar una obra ya elegida de antemano de un autor ya elegido de antemano, y que los concursantes somos el orillo de lujo, los escoltas, el titular de respaldo: “sobre las tantas obras presentadas ganó don...” Ahora, con este nuevo planteamiento que fuerza a las bases a confesar lo que no dicen —pueden consultarlas en Internet—, entiendo por qué a pesar de tanto premio y tanto tiroliro sólo se publica la basura que suele editarse: obras de famosos, parientes o amiguetes, pero exentas tanto de calidad como de profundidad o plástica literaria. Así nos luce el pelo, y así España se está convirtiendo en este fenomenal rebuzno. El chiringuito funciona a pleno rendimiento.

Pocas, muy pocas veces recurro al pseudónimo cuando esporádicamente participo en un concurso literario, aunque, harto ya de quedar finalista con mi propio nombre en los más prestigiosos o retribuidos premios (2 veces el Planeta, y una el Azorín, el Fernando Lara, el Ateneo de Sevilla y el Rama Dorada), decidí bajar un escalón y presentarme a un premio menor, en la confianza de que al haber menores intereses habría mayor limpieza. Sin embargo, si en las cumbres de los premios de mayor retribución —y difusión— ya sabía que los premios tienen hedentina a trampa, constato con amargura que en los pequeños sucede lo mismo, pero en plan doméstico. ¿Se concedería un premio a un autor poco conocido si también compite un famoso?... La respuesta, diga lo que diga la señora ética, es no. Editorial Anagrama es una empresa que busca la pasta, la rentabilidad, y sin duda elegirá al famoso aunque no sepa hacer la O con el culo de un vaso. De cajón.

Ya sabía que desde que Cervantes se quejara exactamente de lo mismo hasta hoy —¡cuatrocientos años de quejas!— la cosa no había cambiado, pero nunca antes me habían enviado un documento en el que a cara descubierta y con nombre y apellidos me informaran de que han abierto la plica cuando la obra ha llegado a la editorial. En el Planeta del año pasado fueron varios los medios que adjudicaron mi obra y mi pseudónimo a Fernando Savater, y conservo como curiosidad esa información difundida por un prestigioso medio andaluz. Por lo que se ve mi obra estaba en la terna finalista, y, como mi novela trataba sobre la peripecia de un etarra (aunque verdaderamente profundizaba en el tema de la reencarnación), pues algunos periodistas se la adjudicaron sin más a Fernando —antes del fallo ya se sabía quiénes eran el ganador y la finalista—. Todo eso de la eliminación de los finalistas uno a uno hasta que quedara el ganador en la fiesta de gala del premio (ni siquiera me invitaron), es puro teatro para ingenuos... o tontos.

Así está la cosa. Ya me parecía muy raro que habiendo tan apabullante proliferación de premios nuestras letras estuvieran tan en cuadro y se publicara tan ingente cantidad de basura. Tenía sospechas de la manipulación, incluso convencimiento interior, pero no pruebas. Ahora la cosa queda mucho más clara, documentadamente más clara. Es absurdo participar en un certamen literario si antes no se es famoso, como lo es tratar que, sin serlo, una editorial te edite una obra (o la lea siquiera) o un agente te empuje. Primero hay que saltar a la fama aunque sea poniendo bombas o vistiéndose de plumas, y, cuando se consigue, poco importa lo que se escriba: se ganan premios, se va a la tele y los libros venden solos como si fueran paja para asnos. Así la cosa, buscar calidad en un premio literario, es como buscar perlas en un albañal. España es diferente, y así nos va, claro.

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