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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Querencias entrañables

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 19 de julio de 2009, 06:03 h (CET)
La desfachatez está alcanzando una presencia notable en las sociedades actuales, sus manifestaciones son muy llamativas; los ocupantes y ocupantas de los rangos más elevados nos ofrecen ejemplos de notables estulticias. Son representaciones a las que son propensos los locuaces ministros y ministras, miembros y miembras, colocados en esos puestos encumbrados. Una de las últimas PIPIOLAS en estos menesteres, no apreciaba datos científicos que corroboren la humanidad del feto, para ella no se trata de un ser humano, a pesar de que la gestante sea una mujer. Con un feto de tres meses entre sus manos, veríamos si era capaz de negarle esa realidad de “Ser humano”; o, por el contrario, continuaba con su definición limitada a lo de “Ser vivo”. El que legalmente aún no sea considerado persona humana, es otro concepto y otra valoración. ¿Podríamos llamarla desfachatez de las mayorías? ¡Ahí sigue!

La delegación excesiva de responsabilidades propicia LINDEZAS y decisiones como las comentadas. Nos tropezamos con que el apoyo básico son los votos y el dominio posterior ejercido por la difusión a través de los medios de comunicación. A partir de una necedad, con la repetición de la idea, se acaba en las decisiones impresentables. Una vez más, lo banal genera una falsedad que se adorna con ropajes de nuevo ídolo, muy potente en ocasiones; sólo creíble e idolatrado por una masa frívola e irreflexiva. No se conforman con la afirmación de su gusto por el barullo, del dominio mayoritario, del canto de los números; y por ello, se proclaman como indiscutibles. Faltará saber si la génesis de la verdad y del sentido social se plegará a semejantes andanzas.

Por que una cosa curiosa fue, y sigue siendo, para bien o para mal; esa tendencia terca de comportarnos como si huyéramos de las verdades o las aborreciéramos, como verdaderos escapistas. Entre dudas y penosas realidades se nos vuelve INSOPORTABLE asumir lo que somos. Esto lo digo por dos desviaciones ya muy clásicas (Citadas por muchos pensadores), a la vez que actuales; y por una auténtica realidad inesquivable. Ante la escasez de buenas y contundentes explicaciones, daremos las vueltas necesarias para la adopción de actitudes escurridizas y elusivas.

La primera desviación nos conduce por los derroteros de situar lo VERDADERO en la MULTITUD (Kierkegaard insistió mucho en este concepto). Resulta evidente el grado de modernidad en que ha devenido esta actitud, hasta el papanatismo. Según ella, será más verdadero aquello que cuente con el mayor número de adeptos, votos o seguidores. Leyes numéricas colocadas en elevados pedestales. Se confunde así el procedimiento o una labor conveniente de control, con el concepto real de las cosas. Un asesinato o una extorsión, lo son, aunque se apoyen mayoritariamente en cuarenta mil simpatizantes. ¿Descansaremos en esos apoyos multitudinarios? Ese puede ser el motivo de la desviación, pero no justifica aberraciones, y no puede suplantar el protagonismo ineludible de cada persona. Al fin, se trata de un escapismo fallido.

También es clásica la otra desviación, el DESPRECIO de la MULTITUD. Basados en ese predominio de lo superficial, sin grandes reflexiones, lo mediocre y lo acomodaticio. No suelen ser valorados como individuos sumados, sino como un conglomerado impersonal. Quizá sea una paradoja, pero a los poderosos y manipuladores les vienen de maravillas las dos desviaciones. En esta segunda, minusvalorando al conjunto mediocre y manejable; pero al que utilizan en su propio interés. En ambos casos, mucho tienen que ver las componendas propagandísticas, sabotajes, sobornos y triquiñuelas; domina el engaño y lo insustancial. Es lo que añade un agravante a las dos desviaciones mentadas, constituyen una alevosa suplantación del rango propio de cada persona.

En torno a las referencias sobre Ortega y Gasset se refleja muy bien el anonimato de lo público y de la multitud. Si borramos la decisión personal, permanecerán unos trazos, cada vez más alejados de lo propiamente humano. Lo entrañable en el comentario de hoy se centra en cada persona, es el núcleo, es el punto de partida y de llegada. En la medida que se anule o tergiverse su AUTONOMÍA, se desvirtuarán los acuerdos posteriores; sean morales, políticos o de otro rango. No todo es delegable. A ese núcleo deben dirigirse las informaciones, los enfoques técnicos, el respeto de todos; su decisión personal no equivale a la que tomen los demás, por muchos que sean. Es decir, conjuntos, planes y recursos, nunca justifican el aplastamiento de los individuos. Mal que le pese a muchos, el sujeto personal es la entidad genuina, lo entrañabla; la planificación social se consolida desde ese origen, con las medidas y mediaciones que sean menester.

No es suficiente con las ciencias, tampoco lo son la política, ni las grandes retóricas o teorias; no abarcan aquel núcleo existencial en la entraña de cada persona. Es la REVOLUCIÓN RADICAL y permanente, porque cada nuevo nacimiento genera distintas formas de pensamiento y actuación. Errores, angustias, credulidad, maldades, búsquedas o pasividades; circulan a través de ese renovado formato plasmado en cada sujeto. El hecho de que se multipliquen las injerencias foráneas, físicas o de otras personas, no invlaida el brote diferenciado. Por el contrario, aún refuerzan la expresión de muchos brotes en funcionamiento. Las regulaciones serán una necesidad, pero su protagonismo exclusivo, se torna en una flagrante falsificación.

Estamos constituidos por una complejidad manifiesta, apabullante; “Una cordelería llena de nudos y cabos sueltos”, en palabras de Fernando Colina. Ahora bien, esa enorme confluencia de facetas, ideas y gestos, es precisamente el núcleo de la cuestión, el entramado en que bulle cada PERSONA. Las intenciones tienen su recorrido, las sensasiones nos asaltan, pero los motivos van y vienen, las circunstancias nunca son idénticas. Será lógica la limitación que evite el daño a otras personas, son núcleos esenciales también. Por el contrario, será menos justificable la presión originada en nombre de entes artificiosos; si no se acoplan a las personas, ¿Por qué razón los sujetos individuales deberán someterse a ellos? Una institución, ente o estructura, se justifica por cada uno de los humanos; si no, ¿En razón de qué?

Me gusta la frase de Ramón Gómez de la Serna, “Deben resolverse las cosas como no resolviéndose”. No me convencen esos faros absolutos que tanto abundan por los foros públicos; suelen tener poco de faro y menos de absoluto, aunque insistan. La razón y la verdad son espíritus vacilantes, poco dados a estructuras inquebrantables, que pululan en esa LLAMA frágil que oscila en el interior de cada uno. Si apagamos esa llama, estaremos funcionando como una especie diferente, muy alejada del concepto de humana; quién sabe cómo habríamos de llamarla.

Por eso, hoy hablo de QUERENCIA, ilusionada y tenaz, como búsqueda radical de lo mejor, en torno de esos interiores que nos constituyen. Si huimos de ese sentido, brujuleamos por terrenos pantanosos o muy áridos.

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