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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Apocalypse Tomorrow

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
sábado, 18 de julio de 2009, 05:30 h (CET)
El verano puede terminar siendo mucho más caliente de lo que pronostica el hombre del tiempo. En lo nacional, todo hace pensar que se está entretejiendo un otoño hirviente no sólo con las tan absurdas como incoherentes medidas del Gobierno y sus Planes E, el crecimiento del gasto a fondo perdido que dilapida el erario, el derroche autonómico, el más que previsible incremento del número de desempleados y la delincuencia que ello conlleva, la restricción de ingresos debido a la disminución del turismo y el que muchas empresas sin escrúpulos aprovechen el periodo estival para echar el cierre y cuando regresen los trabajadores se encuentren en la calle, sino también porque la cosa a nivel internacional se está poniendo estupenda.

EEUU, a través del vicepresidente Joe Biden, deserta de la responsabilidad que le toca en las casi seguras acciones de castigo que Israel emprenda contra Irán, cuando no hace tanto le ha prestado algunas de sus ojivas nucleares para que apunten a los persas, los submarinos atómicos hebreos del tipo Dolphin cruzan el Canal de Suez para hacer maniobras (acojonatorias), las fuerzas aéreas judías hacen prácticas de entrenamiento con más de cien cazabombarderos tácticos llevándolos hasta Grecia (la misma distancia existente hasta Irán), menudean las amenazas y los verbos de tranquilidad de las autoridades de Jerusalén para mayor desorientación del enemigo, y todo Oriente Medio está manga por hombro, al tiempo que Thomas Pickering, el gran peso pesado de los últimos decenios en política exterior de los EEUU, advierte de lo inevitable de una confrontación militar en el caso de que Irán alcance potencial nuclear, anticipando que ello conducirá inexorablemente a una intervención de Rusia, China y todos los países árabes, y no en el bando Occidental, precisamente.

La cosa se está poniendo tan dulce que a lo mejor resulta absurdo pensar en vendimias, en ahorrar o en turrones navideños. Dan más ganas de releer a Nostradamus o de hacerse ferviente religioso que de dibujar planes de futuro, porque todo sea que el Apocalypse Now sea en septiembre, octubre o para las Merry Chrysmas como mucho. España, aunque su potencial no llega mucho más allá de tirar piedras o de desalentar al enemigo amenazándoles con naturalizar de sus países a algunos de nuestra superabundante galería de freakys, está en el centro del meollo por cuanto somos el portaviones estratégico y el centro logístico que opera como cabeza de puente de los cándidos, pacíficos y entrañables EEUU, esa especie tan dada a las degollinas masivas y baños de sangre urbi et orbi. Naturalmente, es tarde para cambiar de bando y, llegado ese caso, tendríamos que enfrentar ser objetivo nuclear y hasta pudiera ser que invadidos no por japoneses con cámaras fotográficas, sino por hordas árabes o chinas, porque se habría liado la de Dios es Cristo, y no desde luego porque se hubiera producido la Parusía.

La cosa no pinta nada bien, y el ciclo de máxima actividad solar en ciernes parece corroborarlo, acaso dando la razón a tanto agorero que venía pronosticando que nos encontrábamos ante una encrucijada cenital de la peripecia humana. Una oportunidad excepcional para catapultarnos todos a la nada más desoladora, dando la razón a esos agoreros de Nostradamus, San Malaquías y el 2012, a los que se ha sumado el mismísimo Papa, quién sabe si alentado por los más eficientes servicios de inteligencia del mundo, los suyos, al afirmar que se dan todas las condiciones como para Dios regrese a la Tierra. Quien sepa entender, que se haga el hato y se ponga en marcha.

Como no soy adivino, no tengo la menor idea de qué podrá pasar en realidad, aún a pesar de ser consciente de la suprema estupidez humana. Lo ignoro, sí; pero como no ignoro la incólume monstruosidad que caracteriza a buena parte del género al que pertenezco y sé del grado de paranoia que acaparan muchos de nuestros políticos y gobernantes, no me resultaría extraño que emprendieran una aventura generalizada para limpiar de parados el mundo y resolver expeditamente algunos de los problemas medioambientales que causa la superpoblación del planeta. Una locura, sí, pero que cada día que pasa me parece más viable, habida cuenta del grado de idiotez que actualmente consume a las sociedades. Por si acaso, lo mejor es que cada cual relea a su profeta favorito, que se busque un agujero bien hondo donde esconderse con los suyos y que se haga ferviente devoto su Dios, porque el Apocalypse Tomorrow está tocando a la puerta y bueno sería que el Cielo nos cogiera a todos confesados.

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