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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La batalla continuará

David S. Broder
David S. Broder
sábado, 18 de julio de 2009, 05:26 h (CET)
La combinación entre un testigo sobreactuado y unos senadores detractores luchando sin un gran arsenal privó a la vista de confirmación de Sonia Sotomayor de su drama esperado. Aquellos que contemplaron el proceso se quedaron solo con el recordatorio puntual de batallas por el Supremo pasadas y la promesa de haber más en el futuro.

La elección del Presidente Obama para suceder al juez David Souter y convertirse en la primera mujer hispana en el Supremo cuenta con una atractiva historia personal, y manifestó un intelecto férreo que la convertirá en una fuerza en el estrado cuando se ponga la toga en septiembre. Pero Sotomayor ha sido tan preparada por la Casa Blanca que no dejó salir nada de su filosofía personal ni personalidad. Su expresión cambió muy pocas veces del ceño protocolario, y su ocupada toma de apuntes a las preguntas de los senadores sirvió para enmascarar cualquier atisbo de emoción.

Durante la presidencia de George W. Bush, cuando los Demócratas tuvieron oportunidad de examinar sus candidatos al Tribunal Supremo, John Roberts y Samuel Alito, encontraron mucho que preguntar en la labor que aquellos dos hombres habían desempeñado para administraciones Republicanas previas. Nada en los primeros años de ejercicio legal de Sotomayor como fiscal y abogada corporativa proporcionó un lujo comparable al Partido Republicano.

En lugar de eso, los Republicanos tuvieron que basar su ataque a Sotomayor en fragmentos de oraciones de sus muchos discursos. Parte de ellas pueden interpretarse como estímulo a que juezas y magistrados de minorías aporten sus sensibilidades especiales en su labor en el estrado.

Pero los Republicanos no encontraron nada en sus cientos de veredictos en salas federales de Nueva York que sugiriera que Sotomayor da carta blanca a impulsos ideológicos o resoluciones de base étnica. Ella ha tenido tanto cuidado en sus veredictos como en sus expresiones faciales.

Con este primer candidato Obama claramente orientado a la confirmación, los Republicanos utilizaron la vista para recordar a los electores los propios antecedentes de partidismo de Obama en el trato a los nombramientos judiciales. Siendo senador de Illinois, Obama votó en contra de las dos elecciones de Bush al Tribunal Supremo y se unió a las maniobras de obstáculo por impedir que otros fueran nombrados para presidir salas de apelación.

Los Senadores Republicanos Jeff Sessions y Orrin Hatch pasaron un buen rato echando en cara a Obama sus propias palabras, incluyendo los muchos ejemplos en los que dijo que los senadores tenían buenos motivos para mirar más allá de las cualificaciones intelectuales y profesionales de los magistrados candidatos y examinar "su visión general de lo que debería ser América."

Eso es, señalaron, la prueba política, y en el caso de aquellos a los que les gustaría creer que la política se detiene a la entrada de los tribunales, es una situación en la que todos pierden.

El Senador Republicano de Carolina del Sur Lindsey Graham, más realista, decía a Sotomayor que sabía que "ningún (presidente) Republicano la habría elegido a usted" -- pero aún así supo imaginar la forma de votar a favor de la elección de Obama.

Al emplearse a fondo en su escaso ataque a Sotomayor, los Republicanos indicaban a Obama estar dispuestos a luchar con más energía si designa a otros izquierdistas para ocupar vacantes en el estrado avalados por sus historias personales.

Pero los Demócratas claramente están dispuestos para esa batalla, pertrechados con su resentimiento de los dos candidatos Bush que ya han desplazado al Supremo en una dirección acusadamente más conservadora. El presidente del Tribunal John Roberts obtuvo 22 votos Demócratas de confirmación, no sólo gracias a sus credenciales evidentes como jurista sino a través de sus insípidos comentarios de que concebía la labor de un juez como comparable a la de un árbitro de béisbol -- implementar las leyes sin examinar el libro de normas.

Uno tras otro, los Demócratas en el Comité Judicial decían a los Republicanos: Nos engañasteis una vez, no habrá una segunda. La Senadora de California Dianne Feinstein, por su parte, señalaba la larga lista de veredictos significativos en los que Roberts y Alito han encabezado o formado parte de una mayoría simple, revocando precedentes y limitando derechos individuales. "No creo que los magistrados del Supremo sean simplemente como árbitros que juzgan lanzamientos y carreras," decía Feinstein. "Estoy segura de que toman decisiones fundamentadas en los particulares que aportan al tribunal sus propias experiencias y filosofías" -- exactamente lo mismo que los Republicanos dicen que les preocupa de los discursos de Sotomayor.

Aparte toda la retórica y lo que le queda es la certidumbre de que el partidismo y las batallas llevadas al terreno de lo personal seguirán resonando cada vez que se produzca una vacante en el Tribunal Supremo.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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