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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Galgos ahorcados y gobiernos embusteros

Julio Ortega Fraile
Redacción
miércoles, 15 de julio de 2009, 05:50 h (CET)
En el año 2005 la FAPA (Federación de Asociaciones de Protección Animal), denunció que en nuestro País al final de cada temporada de caza, más de 50.000 galgos eran eliminados a través de diferentes medios: ahorcados, abrasados, ahogados, envenenados o simplemente golpeados. Pues hemos logrado el milagro, cuatro años después y según el Gobierno Español eso ya no está ocurriendo.

Lo normal era que los “galgueros” utilizasen a sus animales durante dos periodos cinegéticos y después, por razones de comodidad y de economía, se deshicieran de los perros no atendiendo al grado de sufrimiento originado por el método, sino a su efectividad y minimizando el coste del proceso, de ahí el empleo de agua, fuego, cuerdas o palos, todos ellos utensilios o sustancias cuya obtención no perjudica al bolsillo. Pero afirman nuestros políticos que tales prácticas ya se acabaron y que ahora sus propietarios les procuran un retiro dichoso y placentero después de su vida útil.

Marzo de 2009: un centenar de galgos aparecen colgados en un vertedero en la Localidad de Villatobas (Toledo). Ahora nos enteramos de que la noticia era un bulo y que las fotografías un simple montaje, porque resulta que los mandatarios españoles aseguran que el maltrato y la muerte de galgos, es una costumbre del pasado y ya erradicada en este País.

Y quien dice galgos dice podencos, las otras criaturas tantas veces compañeras de miserias e infortunios a manos de los cazadores, esos que cambian de escopeta si la suya está inservible, de botas para el monte cuando se les rompen y de perro si por enfermo, herido, viejo o simplemente ya ineficaz para la caza, deja de ser su “mejor amigo” y no constituye más que un estorbo al que habría que cuidar y alimentar. Pero esto tampoco es cierto claro, no al menos para nuestros gobernantes.

Como también son mentira las permanentes denuncias sobre perros provenientes del entorno de los escopeteros y que aparecen agonizantes, mutilados o con terribles heridas, y por supuesto es igualmente falso que aquellos que consiguen sobrevivir, llenen las perreras (en las que serán sacrificados con celeridad) o las protectoras que apenas cuentan con medios para recuperarlos y mantenerlos. Las imágenes espantosas con el estado terrible de estos animales, que muchas veces ya sólo nos muestran unos huesos descarnados con algunos jirones de piel y las continuas noticias de apariciones de animales moribundos o asesinados, resulta que a juicio de la clase política, son imaginaciones de los ciudadanos o de los medios de comunicación y que todo responde a una falsedad organizada. Pero se podrían llenar innumerables páginas con todas las reseñas que nos hablan de esta realidad del presente por más que desde tan altas instancias, se refieran a ellas en pretérito.

¿Y a cuento de qué viene esto que digo?, pues a que desde España y a través de campañas de adopción llevadas a cabo por diferentes colectivos y particulares, varios miles de perros, principalmente galgos y podencos, han sido acogidos en los últimos años en distintos países europeos, destinos a los que iban a parar después de haber pasado un infierno aquí pero del que afortunadamente algunos pudieron escapar. Aunque la mayoría no lo consiguieran – ¡y es que son tantos! - y España se convirtiese en su ara y cementerio a manos de los hombres, como siempre, los “peores enemigos” de los perros.

Y ahora, el Gobierno Belga ha aprobado una Ley que entrará en vigor el 1 de Octubre de este año y que prohibe la entrada de perros extranjeros en el País, algo que al parecer también puede decidir Francia cerrando sus fronteras a los canes que lleguen desde España. Dada la situación especialmente sangrante de los galgos se estaba estudiando en Bélgica hacer una excepción con esta raza y permitir que siguiera siendo acogida en hogares de ese País. Como trámite necesario para valorar esa opción el Gobierno Belga se puso en contacto con el Español para conocer hasta qué punto la suerte de los galgos en España justificaba tal salvedad en la nueva Ley.

Y he aquí donde llega el momento del estupor, del asco, de la indignación y de la incredulidad: nuestros representantes les han informado de que aquí y día de hoy, esta raza de perros no sufre ningún tipo de daño o de abuso y que tampoco los matan. Que todo eso ya es historia y que el trato que reciben en España es respetuoso y adecuado. Como lo leen, este esperpento son razones de Estado.

Yo comprendo que nuestros políticos necesiten vender una imagen idílica el País, todos sabemos como guardar las apariencias en Europa es fundamental para recibir fondos que después, pueden utilizar por ejemplo en subvencionar la tauromaquia. Pero de un ejercicio de oportunismo político a la mentira hay un abismo atestado de cadáveres de galgos, de podencos y de otras muchas razas de perros, una buena parte de ellos arrojados en él por cazadores carentes de escrúpulos tanto para matar por diversión a un jabalí o a un corzo, como para poner cepos o lazos y también para deshacerse de su can por haberse convertido en una carga prescindible.

Cualquiera que quiera comprobar lo que aquí expongo, no tiene más que entrar en las páginas de asociaciones como SOS Galgos o Galgos Sin Fronteras, además de otras muchas extranjeras en las que nos describen cuál es la espantosa situación a la que se ven condenados los galgos en España. Con sogas alrededor de su cuello y colgados de árboles, sus despojos quemados dentro de bidones o de tinajas, descompuestos junto a restos de heces y de vómitos tras haberles hecho ingerir lejía o cualquier otra sustancia letal, con terribles heridas o a falta de alguno de sus miembros... estas imágenes, reales para todos menos para algunos políticos, son la prueba de que en España los galgos siguen sometidos a todo tipo de torturas y que en gran número son salvajemente asesinados.

De un Gobierno que prometió redactar una Ley Marco de Protección Animal durante la campaña electoral y lo incumplió, que dedica millones euros a sostener económicamente las corridas de toros o que admite la declaración de interés turístico para festejos en los que el aliciente principal es el martirio y la muerte de algún animal, poco podemos esperar en forma de acciones orientadas a legislar eficientemente acerca del respeto a estos seres y sobre la protección de sus derechos. Pero es que ahora la actitud indecente de los políticos españoles no es por omisión o desidia, sino que viene determinada por un hecho irrefutable: están mintiendo; la situación sobre los galgos en España que han mostrado al Gobierno Belga es simplemente un repugnante embuste.

Y lo peor de esta canallada no es su hipocresía o que no tengan el menor reparo en aparentar una preocupación y gestión que en absoluto se corresponde con la realidad, sino que es la certeza de que la consecuencia de esta miserable farsa política, pasa por la imposibilidad para miles y miles de galgos de disfrutar de una existencia apacible aún después de haber logrado escapar al sufrimiento y a la muerte que en España, un País especialmente despiadado en el trato con los animales, es su destino más habitual. Seguiremos rescatando galgos maltrechos o moribundos de las manos montaraces de muchos sujetos, la mayoría cazadores, pero gracias a la mendacidad de los políticos ya no se los podremos enviar a ciudadanos europeos dispuestos a proporcionarles un hogar.

El cierre de las fronteras a los perros que habían encontrado una familia en el extranjero es una verdadera atrocidad, pues son muchas las personas que en esos países no pueden creerse que aquí se actúe con ellos con semejante crueldad y sadismo y por ese motivo, se brindan a acogerlos y a tratarles con el cariño y atención que merecen. Pero Estados como Bélgica atendiendo a no sé qué razones, deciden cortar la única salvación posible para estos animales y la última esperanza que quedaba para la raza cuya situación es más desesperada junto con los podencos, también se desmorona porque los dirigentes españoles mienten diciendo que tales atrocidades pertenecen al pasado.

Posiblemente no llegará a manos de los Estadistas Belgas este escrito, pero sí será leído por algunos ciudadanos españoles y todos ellos deberían de saber, que los Señores que hemos elegido para representarnos utilizan la mentira para lavar su imagen en Europa. Porque en España se sigue maltratando y asesinando a los galgos al igual que a otras razas. Las fotografía de sus cuerpos ahorcados son razón suficiente como para que estos individuos que viven de la política, se avergüencen por el grado de depravación al que han llegado con tal de no perder sus prebendas. El hedor de su corrupción moral es tan insoportable como el de todos esos cuerpos de galgos descomponiéndose, un número inmenso hasta ahora y que va a ser mayor todavía. A menos que por compasión ante la desdichada suerte de todos esos perros y por indignación frente a unos políticos que no dudan en mentir, seamos capaces de transmitir al Gobierno Belga cuál es la realidad en España. Ante unos mandatarios embusteros, la única postura posible para los ciudadanos es demostrar la sinceridad de la que carecen sus líderes.

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