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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Complicarse la vida en vacaciones

María Romo de Oca
Redacción
miércoles, 15 de julio de 2009, 05:30 h (CET)
Hoy toca el canto más alegre ¡Feliz verano! Todos los caminos, tierra, mar y aire, llenos de pies ligeros que huelen bien.¡Ancha es Castilla! Ancha es la vida, aunque se quede corta. Se lo oí a Julián Marías, filósofo que me caía muy bien.

Con una gripe de caballo me enteré de que le hacían un homenaje en el Bella Artes. “¡Y yo con estos pelos!”. Los cubrí con un fieltro negro a lo Humphrey Bogart y me fui. Presidían el salón, abarrotado, Esperanza Aguirre y varios catedráticos.

A la hora de las intervenciones, me puse en pie. Estoy aquí, expliqué, porque Marías escribió cientos de artículos maravillosos contra la mentira, vista como mal mayor, capaz de deshacer un país. Y es que aquí miente todo el mundo, los primeros los políticos ¡ya está bien! Y sobre todo, estoy aquí para contar el mejor recuerdo. Ante cientos de personas que le escuchábamos, hasta sentados en el suelo, nos dijo: “Todo el que no vive la vida, a tope, falta a la moral”. Sí, también cara a Dios. Aplauso atronador y yo “trágame tierra”.

No dije más. Pero eso procuro vivirlo. Escojo en vacaciones, cursos de verano universitarios, con temas a manta para elegir, buenos conferenciantes, hotel de cuatro estrellas, vistas al mar en la Magdalena, gente de toda edad y condición. Y subvenciones importantes por lo que no son caros. Y, luego, cada día una mesa. Distintos compañeros. Y, como no hay prisas y suelen tardar en servir, se habla primero de las clases y, al final, de las entretelas, porque el vino ayuda.

No se por qué relacionamos las vacaciones con el descanso, con la ausencia de complicaciones. Vacaciones salvajemente solitarias. Pero no es la ausencia de situaciones comprometidas lo que nos descansa sino la forma de afrontar lo cotidiano.

Deberíamos crear cada verano lazos abundantes que nos permitan abrirnos a los demás y compartir opiniones. ¡Hay tan pocas relaciones auténticas!

Andamos todos con prisas, sin tiempo para escuchar. Y luego nos quejamos. Sí, el único problema del hombre es la soledad. La creamos nosotros mismos cuando sólo vamos, como decía Machado, “de mi yo a mis asuntos”.

Hay que aprovechar las pausas tranquilas para buscar esa compañía que nos aguarda. El test de la felicidad hace imprescindible la pregunta sobre los otros.
Porque nos gusta soñar con la vida en chanclas y la ropa “facha” y fresca para la intimidad. Pero están los demás.

Por lo pronto, empiezo este verano con un curso de la Complutense, en el Escorial, sobre la “Memoria Histórica”. Después, otro curso -universidad de Ávila, CEU, Seminario San Dámaso- sobre la Belleza, según el Papa Ratzinger. Hermosa y nueva teología. Todo en el monumental Convento de los Dominicos.

Y, más tarde, encuentro, en Soria, sobre Conversión y Sanación, dirigido por el indio, P. J. Manjackal. Visitas a las, Edades del Hombre, románico de libro y jersey para noches fresquitas.

Después, el Mediterráneo en todo su esplendor. Deslumbre total en ático, primerísima línea, donde una asistenta me grita que un gran barco entra en el cuarto de estar.

Allí pueden aparecer las chanclas y los colgantes de mercadillo. Oración en la terraza con un mar de todos los azules, desde Roquetas a Cabo de Gata. Y el Espíritu cubriendo las aguas, como dice el profeta. ¿Quién da más?

Por lo pronto, caída en picado en Goya, contusión de costillas, Urgencias y paracetamol a grandes dosis. ¡Todo va bien, señora baronesa! Gracias a Dios, caídas espectaculares pero sin probar en mi vida la escayola. Vuelvo a casa donde vivo, sin más compañía, que el guardián de Israel. ¡No es poco!

Me pedís que cuente cosas. No esta mal hoy, como despedida. Y conste que os recuerdo a todos. Me propongo responder. Y trabajar en la playa para un encuentro más interesante en septiembre. No faltéis. Ah, no olvidéis los cursos de verano, los encuentros, los viajes con amigos… Y, por añadidura, ¡las chanclas! Ya me contaréis. Abrazos y feliz verano.

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