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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Empatía más allá de Washington

Marie Cocco
Marie Cocco
miércoles, 15 de julio de 2009, 04:42 h (CET)
El ruido y la frustración en la vista de confirmación de Sonia Sotomayor no significan casi nada. Pero aun así nos dicen casi todo lo que necesitamos saber en materia de raza y política en la era de Obama.

Sin importar el drama que quieran inventar los Republicanos del Senado, es prácticamente una conclusión tácita que Sotomayor logrará la confirmación y se convertirá así en la primera jueza del Tribunal Supremo de herencia hispana, y sólo la tercera mujer en ocupar un puesto en la instancia judicial más elevada de la nación.

De forma que como asunto de política del Supremo, las incendiarias acusaciones lanzadas por los detractores Republicanos de Sotomayor se reducen a la papilla administrada a los electores del partido, desmoralizados y dispersos tras los repetidos escándalos y derrotas electorales. A menos que Sotomayor sufra "una caída en toda regla," predecía la Senadora Republicana de Carolina del Sur Lindsey Graham, será confirmada.

El precio, no obstante, se paga meramente en forma del lenguaje racial que ha formado parte del ataque contra Sotomayor desde que se anunciara su nominación. Y domina las vistas del Comité Judicial del Senado. La declaración que daba inicio a la vista realizada por el Senador de Alabama Jeff Sessions, el máximo representante Republicano en el panel -- cuya propia apuesta a una vacante en una instancia federal durante la década de los 80 fue rechazada a causa de su historial contrario al derecho de sufragio de los afroamericanos -- fue una obra maestra de este antiguo arte.

El senador afirmó preventivamente que no iba a votar a favor de una magistrada que utiliza "el estándar de la empatía" a la hora de decidir los casos -- una referencia a la sensibilidad hacia la gente corriente que el Presidente Obama dijo iba a buscar en sus candidatos, y que ha sido transformada por la derecha política en un eufemismo para dar privilegios a los negros y las demás minorías étnicas sobre los blancos. Sessions parecía predecir nada menos que el colapso del Derecho americano tal como lo conocemos si Sotomayor es confirmada: "Por este camino desaparece el sistema legal estadounidense tradicional, tan admirado en todo el mundo, en el que los jueces aplican de manera imparcial la ley a los hechos con independencia de sus propias opiniones personales," afirmaba Sessions. "Este es el sistema compasivo porque es el sistema justo."

Sin verse disuadido por su grotesco error histórico -- si todo tribunal de la historia norteamericana hubiera aplicado la ley de esta forma, los centros escolares seguirían siendo segregados, el derecho de la mujer a ganarse la vida y controlar sus finanzas seguiría siéndole negado, y cosas así -- Sessions pasó a la ofensiva para atacar hasta a la magistrada del Supremo Ruth Bader Ginsburg. En una referencia inusual contra una magistrada en ejercicio, acusaba a Ginsburg de ser "una de las magistradas más activistas de la historia" incluso si un vistazo superficial a su historial demuestra que ha formado parte de un bloque de centroizquierda casi indefenso en el tribunal que incluye a tres hombres, nombrados dos de ellos por presidentes Republicanos.

El problema de Ginsburg es aparentemente el mismo que el de Sotomayor: Ella ve el mundo de manera distinta a Sessions. Esta es la clave para comprender el desquiciado debate sobre la "empatía."

Presume que la experiencia masculina blanca es la única experiencia norteamericana auténtica, y por tanto la única que de manera probable puede ser independiente. Cualesquiera que sean las inclinaciones o predisposiciones que estos varones incorporen al Derecho, van a ser válidas. Después de todo, ellos no se ven lastrados por nociones estúpidas que podrían haber ido recogiendo por el camino si hubieran vivido sus vidas siendo mujeres o miembros de minorías.

Tenemos suerte, en cierto sentido, de que lejos del falso escenario de la sala de vistas del Senado, un escenario racial real se haya estado desenvolviendo en los suburbios de Filadelfia. Allí, un club privado de natación expulsó a un grupo de afroamericanos de un campamento de día cuyos organizadores habían pagado para utilizar la piscina para que sus jóvenes campistas pudieran refrescarse y disfrutar igual que todo el mundo. Hasta que el club de natación cambió de opinión y dijo que readmitiría a los bañistas, utilizó el mismo tipo de argumentos que, para ciertos árbitros legales, tendrían impecable sentido: Que se apuntaron más chicos de lo que esperaban; que la vigilancia era un motivo de preocupación; que también lo era la seguridad.

Si uno de esos bañistas llega algún día a ser candidato al Tribunal Supremo, ¿qué parte de esta experiencia debería desvincular de los hechos fríos y neutrales del caso sometido a su consideración?

Los Senadores que afirman durante las audiencias de Sotomayor que la raza -- por no hablar de la "empatía" -- no debería ser nunca un factor en la resolución de los veredictos harían bien en mirar más allá del estrado. No deberían fijar la vista en una fórmula sacada de contexto o dos de algún discurso de Sotomayor. En lugar de eso deberían fijarse en Filadelfia.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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