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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Ahora un paso adelante! Fuera el metálico de la circulación

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 15 de julio de 2009, 04:41 h (CET)
A los ojos de los simples ciudadanos esta crisis que el Mundo está padeciendo ha llegado a un punto en el que resulta difícil entender como, esta serie de organismos internacionales que ponen a prueba nuestra memoria, llenándonos de confusión cuando se nos saturan de siglas las neuronas sin que, a ciencia cierta, estemos muy seguros de lo que significa cada una de ellas y ¡lo que todavía resulta más desmoralizador! ¡para qué demonios sirven esta pléyade de grupos de “sabios”!,distribuidos entre tantas instituciones aparentemente implicadas en ordenar la economía mundial; si, a la postre, el resultado de todas sus gestiones, inventos, despilfarros, planes, programas, ponencias, congresos, etc., no han conseguido otra cosa que aumentar la deuda de los países con unos cientos de millones más, correspondientes a los sueldos, desplazamientos, dietas, comilonas, turismo y “gastos no contabilizables”, fruto de toda la parafernalia que suele rodear a esta serie de eventos que tan a menudo convocan y con los que pretenden justificar los astronómicos sueldos que perciben. Lo que si está evidenciado es que, ninguno de los planes que estos señores han propuesto, fuere a nivel internacional, a nivel continental o dentro del ámbito de cada nación, ni por casualidad, han servido para otra cosa que para aumentar el endeudamiento de las naciones, cortar los créditos a las empresas e incrementar, en forma exponencial, el paro en todo el planeta.

No nos debería extrañar que, ante el fracaso que hasta ahora han cosechado el G-8, el G-20, el FMI, el BCE, la FED, los países emergentes del G-5 y la propia oficina de la CE en Bruselas; incluyendo, como no podía ser menos, a todos los jefes de gobiernos de los distintos países –un conjunto de politicastros de estos que sólo saben gobernar cuando la economía va viento en popa y sus discursos, de la más pura demagogia, se empeñan en confirmar que la bonanza y el bienestar es debida a sus esfuerzos como mandatarios de la nación –; los haya que están buscando la piedra filosofal capaz de acabar con los males del Mundo entero. Ahora sí, en cuanto se les pone la cosa fea, todos estos que nos gobiernan, se pretenden justificar cargando contra sus antecesores en el cargo para descargarse en ellos de las responsabilidades que, evidentemente, les corresponden a ellos mismos. Lo curioso es que la nación que debiera liderar la lucha contra la depresión, los EE.UU. no parece que, bajo el mando de su nuevo presidente, señor Obama, o, a causa de esta circunstancia, sea capaz de dar ejemplo ya que lo que está ocurriendo entre los estados confederados es que se va extendiendo el virus de la banca rota y los pagarés que se van emitiendo por cada uno de ellos ya ha sido considerados como papel basura por las sociedades de calificación de riesgos.

Resulta paradójico que, uno de los grandes rivales políticos del señor Obama y los EE.UU, resulte ser uno de los que más Deuda pública americana ha adquirido, la China, y también es chocante que, precisamente un país comunista, heredero de la gran dictadura de Mao, sea uno de los acreedores más fuertes del país americano; lo que le pone, ante la cada vez generalizada desconfianza en el dólar como moneda de referencia, en la difícil tesitura de tener que intentar mantener el valor de la moneda estadounidense para no salir perjudicada por la Deuda que ha adquirido y, al propio tiempo, estar comprometida en hallar un nuevo valor, una nueva moneda o cesta de monedas, capaz de sustituirlo como referente de cambio internacional. Pero es que las cosas de la financiación mundial se están poniendo al rojo vivo y, los economistas, están embarcados en una aventura de la que difícilmente van a salir indemnes los pobres ciudadanos, condenados a sufrir sin rechistar cualquier humillación que se nos infrinja en nuestra disminuida y atribulada hacienda. Si existen algunos que, como comenté en otro artículo, parece que ven la salida a los problemas de la economía en devaluar el precio del dinero imponiendo intereses negativos a las cuentas bancarias al efecto de que los ciudadanos deban gastarse el dinero ante la posibilidad de que ingresos queden reducidos a cero a los pocos años; tampoco parece que se haya llegado al colmo de la insensatez en cuanto a la propuesta de ideas “geniales” capaces de volver majaretas a las personas más equilibradas. Se trata, señores, de ¡abolir el dinero en metálico! Sí, como lo están leyendo, esta es una de las propuestas de un “prestigioso” profesor de Harvard, llamado Gregory Mankiw, que considera que debiera celebrarse una especie de “tómbola monetaria” eliminando dólares por sorteo para estimular el consumo. Les explico lo que he creído entender: usted tiene debajo del colchón un fajo de billetes de cien dólares que, naturalmente estarán convenientemente numerados y con su correspondiente serie impresa. Pues, según este profesor (no se si llamarle Franz de Copenhague), para obligarle a usted a gastarse su dinero antes de que una fatídica lotería le pudiera dejar sus billetes sin valor, propone que la Administración o la FED en su caso celebrara periódicamente sorteos de los cuales se dedujese que una serie de millones de los dólares en billetes emitidos fueran declarado caducados. ¡Y viva la Virgen!

Pues no se crean que, a este sujeto, lo hayan llevado a ningún manicomio, al contrario, un Premio Nóbel de Economía, Paul Krugman, le ha apoyado. En el mes de mayo pasado otro economista, en este caso Kennet Rogoff, ex economista del Fondo Monetario Internacional, se sumó a los dos anteriores afirmando que “crear una inflación elevada es la receta ideal para combatir la crisis, aliviar el pago de la deuda y animar el consumo”, ¡así de fácil! No tengo ni que decirles los efectos que todas estas innovaciones tendrían sobre las economías domésticas y sobre el ahorro de las personas que, ante una situación semejante, se verían obligados a gastar, como fuese y en lo que fuese, para intentar salvar parte de su patrimonio puesto que, en caso contrario, fuere por un sistema o por el otro, se expondría a que su patrimonio se perdiese por los efectos nocivos de la especulación con el precio del dinero. Todo ello, como es natural, en virtud de lo dispuesto por este moderno Gran Hermano, estas nuevas ideas que, procedentes de aquellos que no han sabido atajar la crisis, podemos suponer hacia donde nos llevarían. La vida al día, sin ahorros y poniendo todas nuestras esperanzas en que, a la postre, tuviera que ser el Estado quien se ocupara de nosotros en nuestra vejez, seguramente en horribles establecimientos geriátricos dirigidos por matronas uniformadas al estilo de los campos de concentración alemanes de Auschwitz o Treblinka donde, siguiendo sus inclinaciones eutanásicas, es probable que consiguiesen equilibrar, empleando el procedimiento juntamente con los métodos abortivos, el problema del crecimiento de la humanidad, que tanto los preocupa.

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