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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Tanto tienes, tanto vales

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
miércoles, 15 de julio de 2009, 04:35 h (CET)
Si es cierto nuestro pesimista refrán que dice: tanto tienes tanto vales, está claro, que quienes más valen son esos jugadores de futbol por los que se han pagado cantidades astronómicas, escandalosas con crisis y sin crisis. Una multitud, que quizás no se movilizaría por otras cosas, ha ido a contemplar con entusiasmo a estos ídolos, antes de que hayan aquí hecho ningún milagro.

A distancia le siguen, bien pagados, muchos políticos, que acumulan cargos y prebendas, y cuya acción benéfica para los ciudadanos está por ver.

El informe PISA nos dejó bastante preocupados al poner al descubierto nuestro caos educativo y el escaso nivel de nuestras enseñanzas. Pero quizás todo ello carece de importancia, ya que los que ganan dinero, los que valen según el refrán, no perdieron su tiempo estudiando sino perfeccionando sus habilidades deportivas o formando parte desde su juventud de la clientela de los grandes partidos para seguir el cursus honorum de ser incluidos en las listas electorales o nombrados digitalmente para cargos de confianza.

El mal afamado rey Fernando VII cerró las Universidades y abrió escuelas de tauromaquia, porque lo que entonces demandaba la plebe eran toreros. Si hoy lo que se demanda son futbolistas, pues dediquemos nuestros esfuerzos a producirlos y evitaremos tenemos que importarlos y si nos aplicamos lo suficiente, hasta podríamos exportar el excedente.

Conseguir un título universitario no sirve para mucho, salvo que el plan Bolonia los revalorice, lo que aún no está claro. Cada vez más hay que añadirle al título más masters y cursos de postgrado, reconocimiento palmario de que lo estudiado en la carrera no es preparación suficiente para encontrar trabajo. La universidad dejó de ser selección de los mejores, pues sería rechazable elitismo para el pensamiento progre, ya que todo el mundo tiene derecho a un título universitario, como proclaman los demagogos, aunque para ello haya que bajar el listón de exigencias. A pesar de todo, el porcentaje de los que abandonan los estudios es pavoroso.

Los que estudian aspiran en su mayoría a sacar unas oposiciones y convertirse en funcionarios, fijos pero mal pagados. Pero si las oposiciones son para algún cuerpo importante, puede que no se cubran las plazas convocadas por falta de opositores o por falta de nivel.

A los emprendedores, a los que se arriesgan a vivir de su trabajo y dar trabajo a otros, la crisis se los está llevando por delante. Seguramente los autónomos en paro recomendarán a sus hijos que busquen un empleo fijo en la administración o trepen por la cucaña política. Llegar a futbolista famoso es más difícil.

Cada tiempo ha dejado constancia de los valores que consideraba importantes construyendo grandes edificaciones que los encarnaban, así cuando en España se vivieron valores militares y defensivos, España se llenó de castillos, cuando se vivieron valores religiosos, de catedrales, cuando consideró importante la tauromaquia de plazas de toros, hoy con el futbol, de estadios y de grandes superficies comerciales, auténticas catedrales del consumismo.
Los fenómenos de masas, que están a la vista, manifiestan la existencia de una sociedad a la deriva, amorfa y manipulada, que es necesario convertir en una sociedad plural pero organizada, con idea clara de hacia donde quiere ir, de los valores que quiere vivir, de los instrumentos que necesita poner a punto para avanzar: la libertad para elegir, la educación para llegar a ser, la universidad para buscar la verdad, la división de poderes para evitar la tiranía, el control de la administración para erradicar la corrupción.

Hay que abolir el refrán con el que comenzaba este artículo. Que cada uno valga por ser y no por tener. Que cada uno pueda desarrollar en libertad todas sus capacidades para ponerlas al servicio de los demás.

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