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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Viaje al interior del alma (I)

Ángel Sáez
Ángel Sáez
martes, 14 de julio de 2009, 08:52 h (CET)
“Por equis, sólidas y solidarias entre sí, razones, Mar (y/o Sol), dejaste de frecuentar el que antaño (hasta este mismo año) era el foro de oro. Y es que el que otrora semejaba o hacía las veces de remozado faro de Alejandría se iba alejando ahora, según tú, a marchas forzadas y a pasos agigantados, de la libertad, la amistad y la alegría que hasta entonces había preconizado. Por idénticos equis, sólidos y solidarios entre sí, argumentos (u otros cualesquiera) dejé de frecuentarte, aunque cada día trences mejor tus cuentos, es decir, relates tus historias con un arte superior”. Emilio González, “Metomentodo”

Dilecta Consuelo, “Chelo”:

No tenía ninguna gana ni intención de escribirte, de veras, o sea, no iba a dar respuesta a tu último correo; empero tampoco hace falta que te confirme lo que te consta desde hace bastante tiempo y sabías a ciencia cierta, que has sido mi debilidad (aunque, gracias a Dios, cada día que pasa lo eres un poco menos).

Yo no me hubiera conformado (ni hubiese podido firmarte cualquier recibí o conforme) con que me hubieras enviado un beso. Tampoco con que me hubieras dado una sola unidad, un ósculo, sino cien, y, después, mil (como Catulo le solicitara otrora, in illo témpore, a su amada dama, Lesbia), y, más tarde, otros cien, y, luego, otros mil; y, de esta guisa, cuando nos hubiésemos dado una cantidad ingente de besos, procuraríamos remedar a los susodichos enamorados, esto es, embrollaríamos la cuenta para que nadie supiera la cantidad exacta de ósculos que nos habíamos dado.

Yo no hubiera podido hacer una única vez el Amor contigo. Una vez probadas las mieles del ídem, que te profesaba, hubiera necesitado hacerlo contigo a diario, por la noche, en el lecho, después de haber llevado a cabo la tarea literaria que me hubiera impuesto (e incluso, al principio de nuestra relación de pareja, extraordinariamente, si te hubiese pillado a solas en el pasillo, verbigracia, durante el rato que me hubiera llevado la misma).

Me reía del príncipe Carlos de Inglaterra, pero a mandíbula batiente, cuando salieron a la luz, quiero decir, trascendieron a la opinión pública varios SMS que había remitido a quien es su actual esposa, la duquesa de Cornualles, Camilla Parker-Bowles. Ahora lo entiendo, porque tres cuartas partes de lo mismo me acaeció a mí contigo. Para mí eras la mujer más femenina y más hermosa del universo mundo, ergo tenías que tener esto, eso y aquello, hasta lo más escondido o recóndito, por pudoroso que fuera, lo más esbelto o venusto del orbe.

(Continuará mañana.)

Félix Unamuno y Otramotro

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