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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Los críticos de Sotomayor son los radicales

E. J. Dionne
E. J. Dionne
lunes, 13 de julio de 2009, 06:24 h (CET)
Las vistas de confirmación esta semana del nombramiento de la jueza Sonia Sotomayor al Tribunal Supremo representan las salvas de apertura de una lucha a largo plazo por desafiar la escalada activista de una judicatura cada vez más conservadora.

La minoría Republicana del Senado no espera descarrilar la nominación de Sotomayor, que será la primera hispana y solo la tercera mujer en ocupar una vacante en el tribunal, y se dan cuenta de que sus líneas de ataque no han logrado suscitar la atención de la opinión pública, o al menos algo de interés.

Su trayectoria moderada como magistrada de primera instancia ha hecho imposible presentarla de forma creíble como una activista judicial izquierdista. "No la han dejado mal parada," decía Charles E. Schumer, D-N.Y., su principal defensor en el Senado.

Pero nada de esto disminuye la importancia del drama que se inicia este lunes en el Senado , porque el debate por la dirección política y filosófica de la judicatura que comenzó hace 40 años ha alcanzado un momento crítico. Bajo la dirección del magistrado John Roberts al frente del tribunal, los conservadores han establecido por fin la mayoría en la corte que está comenzando a cumplir su voluntad.

Los senadores Republicanos saben que la elevación de Sotomayor al tribunal no cambia esto, puesto que sustituye al juez David Souter, miembro de la minoría izquierdista de la corte. Pero quieren utilizar las audiencias para retratar a la moderadamente izquierdista Sotomayor como, en el mejor de los casos, el límite de lo aceptable en el estrado con el fin de justificar el nuevo activismo conservador que está a punto de convertirse en la norma.

“Más o menos han abandonado la idea de derrotarla, así que van a acometer un ejercicio de demarcación,” decía durante una entrevista el Senador Sheldon Whitehouse, D-R.I., miembro del Comité Judicial. “Están intentando definir una visión Republicana de las cosas importada a la judicatura como norma judicial para el país."

La meta, añadía Whitehouse, “es definir la ideología política” de la nueva judicatura conservadora como “representante de la mayoría, y deslustrar a cualquier juez que sea ajeno a esa orientación."

Si se pregunta qué aspecto tiene el activismo judicial, considere una de las últimas maniobras del curso judicial que finalizó en primavera.

Los magistrados tenían ante sí un caso simple que se habría podido resolver utilizando argumentos claros, que implicaba a un colectivo llamado Citizens United. La organización había solicitado el recurso de excepción a las restricciones impuestas en la ley McCain-Feingold de financiación de campaña 2002 para emitir una película crítica con Hillary Clinton que produjo durante la campaña presidencial del año pasado. Citizens United dice no tener que dar a conocer quién pagó la producción de la película.

En lugar de resolver el caso que tenía delante, el tribunal se metió de lleno en un ejercicio notable de exceso de celo. Aplazó su veredicto, pidió nuevos informes y fijó una vista este septiembre para examinar la cuestión genérica de si se debería permitir que las corporaciones gasten dinero en que candidatos concretos salgan elegidos o derrotados.

Lo que decía el tribunal es que quería examinar un viejo precedente de hace 19 años que prohíbe tal interferencia corporativa en el proceso electoral. Ese veredicto de 1990 ratificaba lo que era la ley desde 1947, cuando el código Taft-Hartley prohibió los gastos independientes por parte de corporaciones y sindicatos.

Para tener una idea de lo extremo (y, sí, activista) de tal enfoque, considere que las leyes que restringen la actividad corporativa en las elecciones se remontan directamente a la Ley Tillman de 1907, que prohibió a las corporaciones la donación directa a campañas políticas.

Es de verdad espantoso que un Tribunal Supremo conservador esté considerando seriamente revocar una tradición centenaria a la vez que la crisis financiera se ha cobrado los efectos terribles de la influencia corporativa excesiva en la política.

En la oleada liberalizadora de la década de los 80 y 90, el Congreso fue claramente demasiado solícito a la hora de ceder a las demandas del sector financiero. ¿Por qué dar ahora ese paso que dará a las corporaciones aún más espacio para comprar influencias? Con los vientos políticos cambiando de dirección, ¿ven los conservadores del tribunal la oportunidad de combatir las tendencias contrarias alterando las normas mismas del juego electoral?

Una decisión “tan decepcionante”, decía Schumer en una entrevista, “tendría más impacto que cualquier caso examinado desde Bush vs. Gore.” Añadía: “Cambiaría dramáticamente a América en un momento en que la gente intuye que los grupos de interés tienen demasiada influencia y la clase media no la suficiente. Agravará ambas situaciones."

Así que cuando los conservadores intenten retratar a Sotomayor como una especie de radical, considere que los radicales verdaderos pueden ser los que tienen la mayoría en el Tribunal Supremo. En esta batalla, es ella, no sus críticos, la que representa la moderación y la contención judicial.

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