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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El accidentado camino de la Sanidad

David S. Broder
David S. Broder
domingo, 12 de julio de 2009, 08:25 h (CET)
La vuelta del Presidente Obama de su fructífera visita a ultramar más reciente se ve enturbiada por las crecientes dudas que despierta su iniciativa nacional más importante, la reforma del disfuncional sistema de salud estadounidense.

A primera vista, las cosas salieron bien para el proyecto que encabeza su lista mientras estuvo fuera. Los hospitales prometieron encontrar 150.000 millones de dólares en ahorro que poder utilizar para ampliar la cobertura a una parte mayor de los que no tienen seguro.

Los presidentes de los tres comités de la Cámara que comparten jurisdicción sobre la sanidad se prepararon para dar a conocer una propuesta conjunta única -- un paso que los Clinton nunca lograron dar en su iniciativa de reforma. Mutuas, médicos y demás grupos de interés siguieron negociando con la administración, en lugar de lanzar improperios contra sus planes.

Pero si rasca un poco la superficie, lo que descubrirá son dudas crecientes entre los iniciados -- el tipo de grietas que podrían extenderse hasta comprometer el apoyo de la opinión pública a la ambiciosa reforma que Obama tiene en mente y las coaliciones políticas necesarias para hacer que el trámite supere el Congreso.

Los veteranos de las batallas de la sanidad previas que entrevisté durante esta última semana son principalmente de la opinión aún de que Obama puede tener éxito. El descontento con el estatus quo impregna a gran parte de la dirección empresarial, a las filas de los gobiernos estatales y a millones de hogares. Obama es ampliamente elogiado entre los iniciados por seguir siendo flexible y mantenerse abierto a negociar los compromisos necesarios.

Pero en diversos frentes, las fuerzas se han estado congregando en su contra, haciendo que hasta algunos de sus aliados se muestren inseguros de que vaya a poder prevalecer.

La desconcertante situación económica y la incertidumbre presente en torno al momento y la solidez de una recuperación han mermado la confianza de la opinión pública en la capacidad de Washington de acometer grandes empresas. Los crecientes rumores de que el paro podría llegar al 10 por ciento y exigir otro paquete de estímulo pueden complicar la tarea de encontrar un billón de dólares a lo largo de los 10 próximos años con el que financiar la cobertura sanitaria ampliada a los millones que no tienen seguro.

Con cada vez mayor frecuencia, los Republicanos del Capitolio y hasta algunos Demócratas están haciendo públicas sus dudas sobre sumar deuda a un déficit ya de por sí enorme. Obama viene insistiendo desde hace tiempo en que su reforma se puede sufragar sin aumentar la deuda, pero conforme ha avanzado el proceso legislativo, la cuestión de la procedencia de los ahorros que van a equilibrar el gasto se ha vuelto más acuciante.

El Senador Demócrata de Oregón Ron Wyden, co-auspiciador de la única ley bipartidista que supone ahorro demostrado, me decía, "Cuando se examina lo que está siendo propuesto (en dos comités del Senado) no se ve ningún ahorro en el presupuesto a 10 años. Ese es el motivo de que el debate se haya desplazado a descubrir nuevos recursos para financiar la cobertura ampliada. Pero en el país, cuando se dice a la gente que ya estamos gastando 2,5 billones de dólares en sanidad y que ahora hay que gastar un billón más, las cuentas simplemente no salen."

El descubrimiento de que para alcanzar un control significativo del gasto va a ser necesaria una reestructuración fundamental del funcionamiento de la sanidad se está extendiendo por el Congreso. Pero el Representante de Tennessee Jim Cooper, uno de los veteranos del fracasado esfuerzo Clinton y el líder de los Demócratas conservadores "fiscales" en el asunto de la sanidad, me decía que las propuestas a debate "no hacen casi hincapié en el funcionamiento del sistema."

Obama, decía, claramente entiende la necesidad de un cambio drástico. El presidente ha estado citando el artículo publicado el 1 de junio en el New Yorker firmado por el Dr. Atul Gawande en el que señala las extraordinarias diferencias en el gasto sanitario entre El Paso y McAllen, Texas. El Paso ha reorganizado sus servicios médicos en redes cooperativas de profesionales, proporcionando una atención de calidad a un costo inferior. McAllen, como la mayor parte de las ciudades estadounidenses, depende de un grupo sin estructura de profesionales y hospitales individuales, que compiten por el sector y del que obtienen tanto dinero como pueden.

Muchos otros que han trabajado dentro del sistema defienden ideas parecidas, y algunos de ellos han empezado a sugerir que antes de intentar reorganizar el sistema sanitario entero, el Congreso debería racionar Medicare, donde el coste se viene disparando al estilo McAllen.

Pero el Congreso no da muestras de tener la voluntad ni la habilidad para desafiar a la miríada de jugadores influyentes y bien pertrechados del sistema de administración actual. A menos que pueda ser obligado a actuar de forma diferente, Obama podría terminar aprobando una ley que nos condene a una inflación médica constante.
© 2009, Washington Post Writers Group
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