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Dos criterios de justicia

Amy Goodman
Redacción
sábado, 11 de julio de 2009, 04:23 h (CET)
Scott Roeder, el fanático antiaborto acusado de matar al Dr. George Tiller, ha estado ocupado. Llamó a Associated Press desde la prisión del Condado de Sedgwick en Kansas, y dijo: “Mientras el aborto continúe siendo legal, sé que hay muchos otros incidentes parecidos planificados en todo el país”. Roeder está acusado de homicidio en primer grado y de agresión agravada, y está previsto que comparezca ante el juez el 28 de julio. AP recientemente informó que Roeder ha defendido desde su celda en la prisión la idea de que matar a personas que practican abortos está justificado. Según el informe, el Reverendo Donald Spitz del Ejército de Dios, con sede en Virginia, envió a Roeder siete panfletos que apoyan la “acción defensiva”, o el homicidio de trabajadores de clínicas de abortos.

La página de inicio de la web del militante Ejército de Dios que conduce Spitz considera a Roeder como un “héroe estadounidense”, y proclama: “George Tiller normalmente asesinaba de 10 a 30 niños al día…hasta que fue detenido por Scott Roeder”.

El sitio web, que contiene citas bíblicas que sugieren que matar está justificado, publica artículos escritos por Paul Hill, que mató al Dr. John Britton y a su escolta de seguridad en Pensacola, Florida, y también artículos de Eric Rudolph, que hizo estallar una bomba en una clínica de salud de mujeres en Birmingham, Alabama, matando al guardia de seguridad part-time de la clínica.

En el sitio web de Spitz, Rudolph continúa escribiendo sobre el aborto: “Creo que la fuerza mortal está de hecho justificada en el intento de detener los abortos.”
Comparemos la defensa que Roeder hace desde la cárcel con las condiciones de detención de Fahad Hashmi.

Hashmi es un ciudadano estadounidense que se crió en Queens, Nueva York, y fue a la Universidad de Brooklyn. Luego se graduó en Gran Bretaña y fue arrestado allí en 2006 por supuestamente haber permitido a un conocido que se quedara con él durante dos semanas. Este conocido, Junaid Babar, presuntamente guardó en el apartamento de Hashmi un bolso que contenía ponchos y medias, que Babar luego envió a un agente de al-Qaeda. Babar fue arrestado y accedió a cooperar con las autoridades a cambio de indulgencia.

Si bien las pruebas contra Hashmi son secretas, probablemente hayan surgido de las afirmaciones del informante Babar.

Fahad Hashmi fue extraditado a Estados Unidos, donde permanece detenido desde hace más de dos años a la espera del juicio. Su hermano Faisal describió las condiciones de detención: “Ha estado detenido en confinamiento solitario durante dos años de corrido, permanece encerrado de 23 a 24 horas al día…En su propia celda, tiene restringidos los movimientos que puede hacer. No se le permite hablar en voz alta en su propia celda….Es filmado y vigilado en todo momento. Puede ser castigado, negándosele las visitas familiares, si ellos consideran que determinados movimientos que hace son de artes marciales o algo que ellos consideren incorrecto. El propio gobierno impuso Medidas Administrativas Especiales (SAM, por sus siglas en inglés) en su contra."

Hashmi no puede contactar a los medios, e incluso sus abogados deben ser extremadamente cuidadosos cuando discuten su caso, por temor a ser encarcelados ellos mismos. Su abogado Sean Maher me dijo: “Este tema de las Medidas Administrativas Especiales y sus condiciones de detención antes del juicio, de mantener a los detenidos en confinamiento solitario cuando se presume que son inocentes, está siendo estudiado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Están debatiendo la posibilidad de impedir que los paises europeos extraditen a una persona a Estados Unidos si existe la posibilidad de que sea detenida en virtud de las SAMs. Y cabe la posibilidad de que Europa, todos los miembros de la Unión Europea no extraditarán a nadie a este país en vista de las SAMs, porque lo consideran una violación a la Carta Europea de Derechos Humanos, es decir que es una violación a los derechos humanos tener a alguien en aislamiento con privación de los sentidos, meses antes del juicio, reitero, cuando uno se presume inocente».

De modo similar, ambientalistas y activistas por los derechos animales, procesados como “eco-terroristas”, fueron enviados a las nuevas “Unidades de Manejo de Comunicación” (CMU, por sus siglas en inglés) de la Dirección Federal de Cárceles. Andrew Stepanian fue recientemente liberado y describió la CMU donde estuvo detenido: «La Unidad de Manejo de Comunicaciones es una prisión dentro de otra prisión. Está instalada en donde antes era la Penitenciería de Estados Unidos, que fue la primera cárcel de máxima seguridad en el sistema penal federal de Estados Unidos. La unidad no tiene comunicación telefónica normal con familiares, ni visitas normales, como poder comunicarse con los familiares o abrazarlos. Estas visitas normales son negadas. Es preciso concertar una cita para hacer una llamada telefónica a la semana, y eso debe hacerse con la supervisión de un traductor, un monitor en vivo y alguien de Washington, DC».

Stepanian observó que hasta el 70 por ciento de los prisioneros de las CMUs son musulmanes; de ese hecho proviene el apodo de las CMU: “Pequeño Guantánamo”. Al igual que con Hashmi, parece que el gobierno de Estados Unidos pretende quitarle a los sospechosos de terrorismo el derecho al debido proceso y el acceso a los medios ya sea en Guantánamo o en las nuevas unidades carcelarias de acceso restringido, las CMUs. La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) está demandando al Fiscal General de Estados Unidos, Eric Holder y a la Dirección de Cárceles por las CMUs.

Activistas no-violentos, como Stepanian, y musulmanes como Hashmi, que fueron acusados en forma secreta y dudosa, están detenidos en condiciones draconianas, mientras que Scott Roeder pregona desde la cárcel la campaña de intimidación, vandalismo, incendio premeditado y homicidio que lleva adelante desde hace años el movimiento extremista antiaborto.

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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Amy Goodman es la presentadora de “Democracy Now!”, un noticiero internacional diario de una hora que se emite en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en 250 emisoras en español. Es coautora del libro “Standing Up to the Madness: Ordinary Heroes in Extraordinary Times,” recientemente publicado en edición de bolsillo.

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