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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Los parados trinarán

Marie Cocco
Marie Cocco
viernes, 10 de julio de 2009, 03:51 h (CET)
Cuando una enfermedad virulenta le está devorando igual que un cáncer, no se está de humor para escuchar una cacofonía de voces que ofrecen curas distintas o contradictorias. Pero eso es lo que se empieza a escuchar en torno a la crisis económica, no sólo desde una capital políticamente dividida -- y bastante asustada --, sino en el seno de la propia administración Obama.

En apenas unos días, el vicepresidente Joe Biden ha afirmado que la joven administración malinterpretó la profundidad de la recesión -- un relato honesto, puesto que también lo hicieron la mayor parte de los economistas del sector privado. Laura Tyson, consejera económica externa de la Casa Blanca, afirmaba que sería inteligente irse preparando para otro paquete de estímulo.

A continuación el Presidente Barack Obama lo liaba todo cuando decía en el curso de una entrevista con ABC News que la gravedad de la depresión y la forma de atacarla es "algo con lo que nos peleamos constantemente." Y aún así a renglón seguido, expresaba su preocupación por el emergente déficit.

Pero si alguien está buscando voces claras, tiene 650.000 esperando a ser escuchadas. Esa es más o menos la cifra de parados de larga duración que en septiembre agotarán su prestación por desempleo, según el National Employment Law Project.

Recuerde, la recesión no comenzó el pasado otoño cuando el gobierno rescató a AIG y el sistema financiero se congeló. Empezó en diciembre de 2007 -- y 6,5 millones de puestos de trabajo se han perdido desde entonces. Dependiendo del estado y las condiciones del despido que se tienen en cuenta para calcular la prestación, cientos de miles de trabajadores despedidos al principio de la depresión se quedarán pronto sin el sustento de un cheque del paro.

Mientras tanto, afirma el Departamento de Trabajo, la cifra de parados que llevan de 27 semanas en adelante sin trabajar sigue creciendo, rozando el mes pasado los 4,4 millones. En junio, 3 de cada 10 trabajadores sin empleo llevaba seis meses por lo menos sin trabajar, según los datos facilitados por el departamento.

El paquete de estímulo que aprobó el presidente poco después de ser investido sí proporcionó prestaciones ampliadas, e impulsó las compensaciones semanales. Pero hasta esa prolongación finaliza el 26 de diciembre, y no se aplica a todos los parados. ¿Alguien cree en serio que una porción significativa de los parados va a contar con un empleo nuevo para entonces? Ni el apuntador. Tanto los economistas del gobierno como los del sector privado predicen a estas alturas que el paro seguirá creciendo por lo menos hasta acabar el año.

"No se puede pasar por alto el momento en que toda esta gente agote (su prestación)," explica Maurice Emsellem, del National Employment Law Project. "Esa debe ser nuestra principal prioridad, ayudar a estos trabajadores."

Vamos a dejar de engañarnos a nosotros mismos. En ninguna crisis económica contemporánea -- ni siquiera en aquellas que se desarrollaron bajo gobiernos Republicanos -- el Congreso abandonó a su suerte por completo a los parados. De manera que algún tipo de paquete de gasto -- llámelo estímulo, llámelo recurso provisional de urgencia, cualquier cosa vale -- tendrá que ser aprobado.

La crisis del desempleo ayuda a alimentar otra crisis que el Congreso se va a ver obligado enseguida a abordar: Los desastres de los presupuestos estatales que proliferan por todo el país. Hasta la fecha, 42 estados han realizado recortes presupuestarios que han sido introducidos en vigor ya en el ejercicio fiscal 2009, según la Asociación Nacional de Gobernadores. El próximo ejercicio se esperan más recortes y más acusados.

Los estados ya han despedido trabajadores y no han vuelto a contratar temporales -- incluyendo, en algunos estados, a los mismos funcionarios que procesan las instancias del paro. Hablando en general, los estados están obligados a equilibrar sus presupuestos cada año, un decreto que les obliga a apartar dinero de la economía mediante reducciones del gasto y subidas de los impuestos, contrarrestando los esfuerzos del gobierno federal por vigorizar las cosas. "Eso es lo que sucedió durante la Gran Depresión, tuvimos estados que remaban en contra de lo que estaba haciendo el gobierno federal," afirma Heidi Shierholz, una economista del Instituto de Legislación Pública Económica.

Con los estados Republicanos y Demócratas, con gobernadores Republicanos y Demócratas, todos combatiendo los descensos acusados e incesantes en la recaudación fiscal, una coalición política casi irresistible que reclame más ayuda para los estados va a cobrar forma eventualmente. Y con el plazo límite de septiembre para ampliar algunas prestaciones por desempleo a la vuelta de la esquina, probablemente va a emerger una de esas medidas imprescindibles que puede que se llame o no ley de estímulo.

Y cualquier discurso exagerado que intente impedirlo sólo va a servir para alimentar las iras políticas. Recuerde, esa es la idea que tienen los que ahora echan pestes más encarecidamente. No quieren planear una forma de salir de este desastre; simplemente quieren proyectar la forma de expulsar de su cargo a los que ahora ocupan la administración.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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