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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Los bancos nos aplicarán interés negativo a nuestros ahorros?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 9 de julio de 2009, 01:39 h (CET)
Si quisiéramos hacer un símil metafórico mediante la comparación de un cuerpo humano y la estructura de la sociedad, tal y como está constituida; mediante la comparación de los distintos estratos sociales ocupados por la ciudadanía de acuerdo con su preparación, nivel económico, aptitud para influenciar, estamentos de mando y de gobierno; es muy posible que, en líneas generales, pudiéramos dividir al cuerpo humano por la cintura; a la altura de este pequeño agujerito ( en ocasiones pequeña excrecencia) que nos dejó como recuerdo nuestro nacimiento y al que, algún listillo, le dio por llamarlo “ombligo”, del latín “umbilicus”, punto medio o centro.

En efecto, podríamos considerar a los gobernantes, los grandes capitalistas, los banqueros y las grandes figuras de la ciencia, las letras, la música y la economía, es decir los círculos del poder, de las altas finanzas, de la élite los que podrían irse repartiendo las partes “nobles” del cuerpo, empezando por el supremo rector, el cerebro, que quedaría reservado a los grandes sabios ( difícilmente encontraríamos alojo a los políticos en este círculo de excelencia, debido a sus evidentes carencias intelectuales). En el pecho, en la masa de músculos pectorales, probablemente, podríamos incluir a los políticos, estos seres que tan amigos son de sacar el idem a la menor ocasión que se les presenta y, en el estómago, a los grandes capitalistas y gestores de multinacionales siempre tan propicios a hartarse a costa de aquellos a los que arrastran a consumir a manos llenas, lo precisen o no. Toda esta parte, de la cabeza al torso, incluidos, como anexo menos exquisito, los identificados con el estómago. Podríamos decir que esta formada por esa parte de la sociedad que tiene la virtud de salir siempre indemne de cualquier tipo de crisis, sea ésta de valores, de principios (sentimientos de los que suelen carecer) o económicos; por disponer de medios para evitar tropezarse con ellos; por ejemplo: son los que menos impuestos pagan, debido a que gozan de los mejores asesores, conocen los medios para evitar ser “cazados por Hacienda” y saben a la perfección el intríngulis de las sociedades interpuestas, el meollo de este cordero.

¡Ah!, pero otro gallo les canta a los de ombligo para abajo. Los que rondamos en la órbita de las partes pudendas, de los lugares más peludos y peliagudos de nuestra anatomía; pues somos aquellos que tenemos que apechugar con los desechos, las heces que provienen de los privilegiados de la fortuna, de las partes reservadas a ellos. Tanto los obreros como la “sufrida” clase media, deberemos ser los que aguardamos indefensos, siempre en primera fila, los estoconazos que la existencia nos tiene deparados y de los cuales no nos podemos librar, ya que no existe un pararrayos específico para que podamos evitar que nos muelan a palos las espaldas, tanto físicas como laborales o, incluso, sentimentales. Así, cuando llega esta crisis, que el Gobierno negó que iba a venir, nos encontramos con la sorpresa de que, para los de la parte de la cabeza y el torso, es evidente que no les ha llegado, al menos no parece que les influya de forma especial; porque continúan imperturbables, viviendo en grande y ocupándose de decirnos, a los de la “parte baja”, cómo nos tenemos que estrechar el cinturón para que no notemos tanto las protestas de nuestros estómagos vacíos.

Veamos, que yo recuerde, siempre se ha alabado a las personas hormiguita. Sí señores, nuestros abuelos y padres intentaron inculcarnos que trabajado fuerte, que esmerándonos en educarnos estudiando y que con sacrificio y esfuerzo nos deberíamos ganar las habichuelas. El “ahorro” siempre fue la palabra mágica que separaba al malgastador, “hijo pródigo”, tarambana y mujeriego, del trabajador honrado, comedido en el gasto, buen administrador de sus bienes y que había sido capaz de guardar “un rinconcito”, unos ahorrillos con los que asegurarse la vejez y, si daba para algo más, para que los hijos se beneficiaran de ello. Ahora, por si el impuesto de Sucesiones no bastara, en los lugares en los que todavía perdura este sistema de robo a mano armada; se están corriendo voces por los mentideros de la economía mundial respecto a que, a algunos de estos “cerebros privilegiados” que ocupan el cerebro en este robot que hemos fabricado, se les está ocurriendo que la recesión se ha producido, no porque los bancos capitalistas se dedicaran a “forrarse” por medio de las hipotecas “basura” y que, fruto de esta estafa, todo el sistema financiero se haya puesto en cuestión con la graves repercusiones que ello ha causado a la economía mundial, que ya se calcula que ha sufrido una caída de un 40%; sino que, la culpa de que persista la recesión la tenemos los ciudadanos de a pie, ¿por qué? se preguntarán ustedes irritados. Pues, señores, porque no gastamos más, porque no queremos quedarnos sin un chavo, porque no nos fiamos ni de nuestras madres, cuando se trata de gastar un euro.

Pero no se preocupen porque ellos tienen la solución para que seamos nosotros, recuerden, los de la parte baja del cuerpo, los que continuemos pagando, como ya es habitual que ocurra, la parte del león. La forma, pues muy sencilla o quizá no tanto; pero, si he conseguido entender lo que he leído al respeto, se trata de que los bancos,en vez de retribuir el dinero que depositemos en sus cuentas ¡nos cobren por ello! Los americanos opinan que un interés negativo de un 5% estaría bien; otros son más modestos y pude que empezaran con un 0’25%. La finalidad es, evidentemente, sibilina. Se trata de que no nos convenga tener el dinero invertido en cuentas de ahorro y nos lo gastemos; si lo gastamos consumiremos más, si consumimos más las empresas podrán producir más y así siguiendo y ‘tutti contenti!. Pero ¿qué pasará si nos quedamos sin ahorros? Pues que quedaremos en manos del Estado y los despilfarradores habrán sido los listos en este juego y los ahorradores los perdedores. Por eso, el señor Krugman, premio Nóbel de economía, le recomendó, el 2002, al señor Alan Greenspan del la FED, que hiciera algo inaudito:¡ crear una gran burbuja inmobiliaria para combatir la recesión económica que vivía los EE.UU tras el estallido de la burbuja “puntocom”¡

Para entendernos: a más inflación menos vale el dinero y el poder adquisitivo de los ciudadanos baja puesto que la mayoría de ellos dependen de un salario poco flexible y todavía menos adaptable a la inflación; a medida que aumentara el precio de los artículos de consumo se verían obligados a gastar más parte de su salario en la adquisición de artículos básicos y menos se podría destinar al ahorro. Resultado: más demanda, más margen para las empresas, más peticiones de trabajadores y más, sólo en apariencia, bienestar. A cambio, las clases obreras y medias se ven obligadas a acortar su nivel de vida porque no pueden seguir el ritmo que les marca la inflación y, sus retribuciones o salarios, nunca llegan a ajustarse al nuevo valor del dinero porque cuando, sea por Convenios Colectivos u otros medios se les compensa algo la inflación, siempre es a tiro pasado y nunca, por supuesto, la cantidad que perciben alcanza a la inflación real. Si señores, estas medidas ya están siendo estudiadas a nivel de los grandes economistas, pero hay más, algo infinitamente peor para el ciudadano medio y de lo que, si me lo permiten, hablaremos más adelanta: la posible eliminación del dinero en metálico,¿qué es algo inverosímil? No se lo crean, porque está a la vuelta de la esquina y, de hecho, en el Japón ya se está tomando en serio.

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