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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Una liga para ella sola

Kathleen Parker
Kathleen Parker
jueves, 9 de julio de 2009, 01:33 h (CET)
Cuando la camisa no le llegue al cuello, eche la culpa a los medios.

Y presente su dimisión.

Y diga que lo hace por el pueblo.

Y contrate a un agente.

E intente poner cara de póker.

De camino al banco.

Nadie perdió dinero nunca subestimando la inteligencia de la opinión pública estadounidense, dijo en una ocasión H.L. Mencken. Un tipo terriblemente elitista, el tal Mencken. Ojalá estuviera vivo para ser testigo del fenómeno de Sarah Palin, cuya biografía confirma cada idea cínica que ha encontrado expresión alguna vez en su prolífica prosa.

Digamos simplemente que Palin no corre peligro de quedarse con lo puesto. Sólo de su contrato literario, nunca tendrá que volver a preocuparse por el dinero, según afirma una fuente próxima.

Políticamente puede haber muerto -- "Si me muero, me habré muerto. Que así sea," en palabras de Palin recientemente -- pero esa probabilidad depende de la forma en que uno defina la política. En la práctica, añadiendo misterio al desconcierto, Palin cuenta con suficientes partidarios y el suficiente potencial de recaudación de fondos como para montar una exhibición en cuestión de segundos. Por colar una metáfora deportiva, si puedo.

Mientras tanto, volviendo a la realidad, ¿podemos dejar de fingir que Palin está interesada en algo más que su propia ambición?

¿Podemos también dejar de asentir cada vez que dice que los medios tienen la culpa de sus heridas autoinfligidas? Los medios (BEG ITAL)inventaron(END ITAL) a Sarah Palin. Antes de que los medios arrojaran su luz sobre esa maruja, ¿alguien recuerda haberse preguntado alguna vez qué es lo que pensaba un gobernador de Alaska?

No es que Alaska no sea un estado hermoso, lleno de vida salvaje y recursos. Y no es que no admiremos el terreno accidentado limítrofe que convierte a los habitantes de Alaska en norteamericanos de pura cepa. Pero fueron necesarios los ignorantes medios de la Costa Este para situar a una tal Sarah Palin en el mapa de los estados continentales.

La ambición no tiene nada de malo, por supuesto. Nadie llega a la Casa Blanca ni a la meta de las carreras de dogsled sin ella. Pero hacer gala de desprendimiento -- por no hablar de solidaridad con los soldados heridos en Kosovo y Landstuhl -- desde los intereses personales es un error de un pelaje distinto.

"Afrontémoslo, simplemente no quiere gobernar y está haciendo lo que es mejor para ella," decía un estratega Republicano de campaña que ha trabajado con Palin.

"Es una situación en la que todos ganan," decía otro. "Es una victoria para ella porque no es políticamente viable, y ahora con suerte podrá ganar un montón de dinero, hacer balance e influenciar la cultura de una forma positiva. Es una victoria para el Partido Republicano porque en cierto sentido era la versión femenina de (George W.) Bush. No es intelectualmente curiosa. Necesitamos alternativas competentes e inteligentes."

Incomprensible e indudablemente, Palin mantiene las distancias. El punto de inflexión crucial fueron los ataques a su familia. Nadie puede defender de manera honesta que los Palin no soportaran más críticas que las familias del resto de figuras públicas. Dicho eso, evitar la atención de los medios no es difícil. Todo lo que hay que hacer es ir a Alaska y quedarse. Pero Palin, igual que el aventurado Ícaro, se siente atraída por el calor y la luz.

Palin también lanzó acusaciones éticas frívolas como motivo de su salida prematura de la vida política. Los habitantes de Alaska se han vuelto últimamente en contra de la gobernadora en tiempos popular y presentaron denuncias que han causado gastos en costas legales en torno al medio millón de dólares. Nadie quiere eso, ciertamente, pero es un giro inesperado en el caso de Palin, cuyos partidarios aportaron 400.000 dólares el primer mes que su comité de acción política abrió página en la red.

Finalmente, Palin culpaba a "un esfuerzo concertado por parte de la prensa a nivel nacional en busca de carroña ahora mismo" y decía que "sabe exactamente cuándo pasar la pelota para que el equipo pueda ganar. Y eso es lo que estoy haciendo -- mantener la atención en el balón que representa las prioridades que importan. Recuerde, incluyen la independencia energética y el gobierno reducido y la seguridad nacional y la libertad. Y sé cuándo es hora de pasar el balón para ganar."

Afortunadamente, Palin ha contratado a un escritor como ayuda con su relato.

Las personas de su círculo íntimo confirman que Palin pensaba no poder lograr tanto como gobernadora en la cuerda floja como puede lograr siendo una ciudadana que trabaja entre bambalinas. Mientras que esos datos pueden ser ciertos, la segunda lectura revela una motivación conveniente. Se aplica la norma de siempre: Siga el dinero.

Como conferenciante, Palin se hará de oro. Otros humores que circulan apuntan a un programa de televisión, una posible columna en prensa (pero recuerde, Palin odia los medios de referencia), y apariciones para recaudar fondos en los que la otrora candidata vicepresidencial puede conservar su fama ocupando el escenario.

Si eso es altruismo, hay una casa en Wasilla junto a un lago con unas vistas fabulosas a Rusia que le va a encantar.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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