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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Presupuestos desequilibrados

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 8 de julio de 2009, 08:30 h (CET)
Nos hemos tirado los cabellos de indignación cuando se ha sabido que la ficha de Cristiano Ronaldo asciende a 96 millones de euros. ¿Sabe el lector lo que ha pagado el gobierno de Madrid por la compra de 46 mísiles de largo alcance? La friolera de 43.700.000 euros. Ya sabemos que el gobierno debe proteger al país de posibles ataques del exterior. En un tiempo de crisis económica como la que sufrimos, con 4.600.000 parados y que la cifra no deja de crecer porque cada día cierran empresas que buscan cambiar de aires para continuar haciendo su agosto; cuando se anuncia a bombo y platillos que los alumnos de primaria dispondrán de ordenadores personales que resulta tendrán que pagar sus padres; cuando hay multitud de jubilados que cobran pensiones de miseria; cuando hay innombrables ancianos que necesitan asistencia porque no se valen por sí mismos, y que no la reciben; cuando no hay suficientes escuelas ni guarderías; cuando……el gobierno nos sale con un dispendio de 43.700.000 euros para la compra de 46 mísiles que dentro de cuatro días servirán para bien poco porque ya estarán anticuados. Ante las carencias mencionadas y otras muchas que se han quedado en el tintero nos preguntamos dónde se encuentra la ética y la moral de este país. No digo la ética y la moral del gobierno central, ni la delos gobiernos autonómicos, ni la de los ayuntamientos y diputaciones y otras instituciones públicas. Me pregunto dónde está la moral de este país porque las instituciones públicas se nutren de gente como el lector o yo que escribo.

En las charlatanerías de café se arreglan todos los graves problemas que afectan al país. Cuando el charlatán toma posesión de la poltrona de poder, no importa su tamaño, ¿en dónde se quedan las ideas renovadoras que con tanta fluidez vomitaban sus labios? El eufemismo ‘interés general’ las ha diluido en medio de la nebulosa del pasado.

No nos engañemos. Si realmente queremos un mundo mejor en el que la justicia social se manifieste con más nitidez, hace falta mucho más que buenas intenciones. Es imprescindible una transformación espiritual individual que ponga en contacto a la persona con Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Recalco Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo porque este Dios único es quien tiene poder de obrar la transformación de incrédulo a creyente, de malhechor a santo, es decir, en una persona de fiar.

Cuando alguien por la gracia de Dios adquiere conciencia de que el Dios en quien cree está en todas partes, que nada se esconde a sus ojos escrutadores, que los pensamientos más íntimos los conoce como si los hubiera pronunciado en voz alta y la oscuridad no dificulta su visión, cuando se tiene conciencia de este Dios no se puede proceder como si no existiese. Con un Dios de este tipo que da a cada uno según se merecen sus actos, no se puede jugar con Él. Es un Juez justo que retribuye tal como se merecen nuestros hechos. Quien cree en un Dios como este, cuando se deja el cargo se marcha con las manos vacías.
Sería muy conveniente que entre nosotros apareciera un buen número de personas que creyesen en el Dios que he bosquejado, desaparecerían muchas de las corruptelas a las que nos tiene acostumbrado el ejercicio de la política, perderían importancia los gastos suntuarios y de representación, los presupuestos se ajustarían a las necesidades sociales y perderían importancia las partidas que tienen que ver con la buena imagen del país, perderían protagonismo los dispendios destinados a obras faraónicas que una vez inauguradas poca utilidad tienen para los ciudadanos. En definitiva, los presupuestos que harían personas verdaderamente temerosas de Dios serían más justos y aportarían más bienestar a los ciudadanos que en definitiva son quienes pagan las extravagancias de los políticos de turno.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿Interesa este Dios?

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