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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Quien mal anda, mal acaba

Josefina Albert (Tarragona)
Redacción
lunes, 6 de julio de 2009, 22:04 h (CET)
El libro titulado La lengua del tercer Reich, que tengo delante, me ha recordado un artículo que apareció en septiembre de 2007 en Siglo XXI, reproducido en otros medios, en el que yo misma establecía el paralelismo entre el lenguaje de Hitler y el de los nacionalistas.

Es sabido que la apropiación de la lengua jugó un papel fundamental en la configuración del pensamiento nazi y en el establecimiento del nacionalsocialismo. De la manipulación de las palabras se encargó, mediante la comunicación social y política, Goebbels, designado por el propio Führer para llevar a cabo tal función. El Ministro de Propaganda del Tercer Reich actuaba por delegación de Hitler, pero en el caso de los políticos, que ayer aprobaron en el Parlamento de Cataluña la exclusión definitiva del castellano en la enseñanza, han actuado por su cuenta, con una prepotencia que no les corresponde, al imponer a todos los ciudadanos de Cataluña sus reglas particulares, vulnerando así derechos fundamentales. Pero lo asombroso del caso es que el Presidente del Gobierno de España, nación a la que pertenece Cataluña, mal que le pese a algunos, apruebe, y hasta justifique en cierta manera, el resultado de la votación en el Parlamento catalán. Resulta inaudito y hasta escandaloso que el Sr. Rodríguez, al referirse a ello, hable de «amplio respaldo» y de dos «grandes partidos», que a mi juicio han perpetrado, es decir, han cometido un delito, al aprobar la susodicha ley de educación. Habrá que recordarle al Sr. Presidente que también Hitler contó con un amplio respaldo n el plebiscito en 1933, lo que le permitió acceder al poder como líder supremo y pasar a la historia como un monstruo. La palabra Sprachregelung (‘uso del idioma para fines del régimen’), inventada por el régimen nazi, cumplía la misma función que el nacionalismo catalán pretende al prohibir el castellano. Cada vez más estos se parecen a aquellos. Acabarán fundiéndose en una sola cosa, porque, como dice el refrán, «quien mal anda mal acaba».

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