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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Gabilondo avala la LEC. ¡Lo que faltaba!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 6 de julio de 2009, 22:59 h (CET)
No nos cabe la menor duda de que la SER sin Iñaki Gabilondo no sería la SER y que Iñaki Galindo sin la SER es posible que nadie le conociera y se limitara a ser uno más de estos de izquierdas resentidos que van por el mundo con la cara corroída por la viruela del rencor como si la humanidad le debiera algo por haber nacido, y no se lo pagara. Ello no obstante, este señor ha conseguido tener una gran influencia sobre el inquilino de la Moncloa y viceversa, de tal forma que, en ocasiones, la indiscreción de alguno de los micrófonos de la cadena de radio del locutor ha permitido a los españoles escuchar alguna confidencia entre ellos. No debe, pues, causarnos ninguna sorpresa el hecho de que cuando se optó por sacar a la señora Cabrera Calvo Sotelo del ministerio de Cultura, el señor Gabilondo de la SER propusiera a su buen amigo, el señor Zapatero, que pusiera a su hermano, el señor Gabilondo Angel, para que la sustituyera en aquella plaza. En fin, que si no nos bastaba con el adalid de la causa socialista, Gabilondo Iñaki, si no tuviéramos suficiente con este enredador y manipulador de verdades, medias verdades y falsedades, nos tuvimos que embaular a su querido hermano, por aquello de promocionar a la familia y dejar que la astilla de la misma madera participara de la mamandurria general o, si lo prefieren, del cachondeo y la parafernalia que tienen organizados la familia socialista para que ninguno de aquellos que ha colaborado a la causa se quede sin el “premio” adecuado a sus servicios.

Hasta hace unos días este señor, Angel Gabilondo, se había mantenido en un discreto segundo plano, quizá para dejar pasar un tiempo prudencial hasta que la gente se olvidase un poco del amiguismo, endogamia, clientelismo y nepotismo imperante en el PSOE, antes de que pudiera mostrarse tal y cual es ante la ciudadanía. Pero ahora ha llegado la ocasión propicia para que echara su cuarto a espadas y nos desvelase lo que hay bajo la cubierta superficial, la gruesa piel externa de este filósofo, partícipe en manifestaciones estudiantiles, y ex presidente de la Conferencia de rectores de las Universidades Españolas (CRUE); y, la verdad, su debut no ha sido como para tirar cohetes y lanzar las campanas al vuelo, sino, más bien, decepcionante y demostrativo de cómo la política ambigua, inestable, huidiza, contradictoria y carente de la más elemental lógica y sensatez del señor Rodríguez Zapatero, ha hecho mella en todos aquellos que, previa demostración de la lealtad incondicional a su persona, se han venido a cobijar en los cargos ministeriales que integran la red del tejido de artimañas, ardides y arbitrariedades que se vienen perpetrando bajo la sombra protectora de su jefe de filas.

Así nos hemos quedado sorprendidos cuando esperábamos de él una condena sin paliativos de la LEC, esta ley de enseñanza catalana caracterizada por la forma solapada utilizada para erradicar la enseñanza del castellano en toda la comunidad catalana, olvidarse del Decreto por el que se establecía la obligación de impartir la tercera hora de castellano y, por si no bastara, prescindir de la opinión de los padres en cuanto al tipo de enseñanza y la lengua en la que quieren que sean escolarizados sus hijos. Hete aquí, que el señor Gabilondo, ministro de Cultura, nos ha obsequiado con perlas como esta en la que valora, en conjunto, dicha norma al calificarla de “muy buena ley desde el punto de vista educativo”, ¿no se referirá, usted, a la enseñanza y conocimiento del idioma de España, el castellano? Y, si le parece tan bien, ¿cómo se explica usted que, en una comunidad española, se margine la lengua oficial del Estado, cuando la Constitución dice claramente que todo español debe conocerla? Deberemos suponer que, como ministro, usted es conocedor de la Carta Magna y de aquellos preceptos contenidos en ella respecto a la unidad, solidaridad, respeto por los símbolos y defensa del idioma, lo que, al parecer, difiere bastante de sus declaraciones a la prensa, en especial cuando cita “el papel de las familias en la educación” porque, o es una broma de mal gusta o el papel al que usted se refiere será un papel de estraza, un papel humillado y estrujado para lanzarlo a la papelera porque, en caso contrario, vaya usted a Catalunya y pregúnteles a estos esforzados padres que hace años que están luchando para que sus hijos sean educados en castellano, sin obtener el menor resultado por parte de las autoridades docentes. Luego, quizá para cubrirse las espaldas, dice aquello de que el Gobierno tiene tres meses para estudiarlo. El sistema de siempre, el mismo que utiliza el TC para eternizar el fallo sobre la constitucionalidad del Estatut, darle tiempo al tiempo, no precipitarse, dejar que la gente se olvide del tema, para que así sea más fácil poder colar de matute normas que son claramente inconstitucionales, pero que, a copia de decir que lo son y repetirlo mil veces, la gente vulgar, aquellos que no son especialistas en la materia, se lo van creyendo hasta que les parece normal que lo sean. Después, ya les da lo mismo que unos pocos nos lamentemos y denunciemos las irregularidades que se están cometiendo, porque ya tienen en el bote a la mayoría, que es la que los respalda.

El Señor Gabilondo Angel, se escuda en lo que disponga el Constitucional; el señor Montilla ya ha dicho, por activa y pasiva, que si lo que sale del TC no le gusta se lo va a pasar por el forro de los pantalones; el señor Zapatero dice una cosa para el País Vasco y la contraria para Catalunya y, como siempre, se queda tan pancho y, el señor Rajoy, no se entera de nada que no le interese enterarse y sobre lo que le resulte molesto pronunciarse, siempre con el miedo endémico del PP de que lo que diga le haga perder votos, ¿más de los que ya han perdido?. Pero qué vamos a decir de un señor que argumenta que “hace trece años que el catalán es la lengua vehicular en Catalunya”. Vamos a ver si nos entendemos, señor mío, porque no sé si soy capaz de asimilar sus conceptos. El catalán, en Catalunya, siempre se ha utilizado por una gran parte de la población como lengua vehicular pero, el castellano, ha sido la lengua vehicular de los llamados nuevos catalanes, casi un cincuenta por ciento de la población de Catalunya, desde hace muchos años, mucho más que trece, que veinte y que cincuenta; por consiguiente, no nos venga con disquisiciones filosóficas si es que, como parece, no conoce la realidad lingüística real de esta región. En resumen, si queremos hablar de lenguas vehiculares no serán, por supuesto, las que se impongan por voluntad de unos cientos de catalanistas acérrimos, si no las que se utilizan en cada familia, dentro de un determinado círculo o en barrios completos y esto, señor ministro, viene ocurriendo en toda esta autonomía, debido a que la inmigración del resto de regiones, incluso de los hispanoamericanos que han recalado aquí, ha traído consigo con la llegada masiva de castellano parlantes.

Lo malo, lo realmente lamentable y pernicioso, ha sido que, a partir de la llegada del señor ZP, algunas comunidades han salido favorecidas por el gobierno Central para que, impunemente, se hayan ido extendiendo dentro de ellas el virus separatista que ya ha alcanzado categoría de pandemia mortal para la unidad de España. Lo otro, las excusas, no son más que placebos para engañar a los españoles de verdad.

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