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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El largo y cálido verano de Obama

E. J. Dionne
E. J. Dionne
domingo, 5 de julio de 2009, 07:13 h (CET)
Mientras el Presidente Obama encara su momento decisivo este verano, cuenta con importantes activos pero se enfrenta a profundas tensiones dentro de su coalición de gobierno. Esto le obligará a tomar decisiones difíciles antes de lo que hubiera preferido.

Sus activos incluyen el marcado afecto por parte de una mayoría del país, un electorado político tan sólido como el que le permitió gobernar con eficacia a Ronald Reagan a pesar de los descensos de su popularidad, y un Partido Republicano débil cuyo apoyo se limita al margen derecho del espectro político.

Al mismo tiempo, Obama se verá obligado a abordar las crecientes fricciones dentro de su mayoría entre su mayoritario núcleo izquierdista y sus sectores menos ideológicos.

Para los izquierdistas, el bienestar político a largo plazo del presidente depende de que aporte beneficios tangibles a los votantes de clase media en terrenos como el de la sanidad, la educación y la seguridad financiera, incluso a riesgo de registrar déficits presupuestarios superiores temporalmente.

Muchos de sus partidarios moderados temen esos déficits y expresan más escepticismo que los izquierdistas en torno a la capacidad de cambio del gobierno. Pero las posturas hacia el gobierno que tienen los simpatizantes independientes de Obama no están caracterizadas por la hostilidad que mueve a los conservadores, sino por la incertidumbre y la ambivalencia.

En ningún otro asunto estas tensiones serán tan acusadas, ni tan difíciles de resolver, como en la sanidad.

Mientras que los moderados del Senado presionan en favor de un enfoque menos robusto sobre la reforma, los izquierdistas temen el impacto de ceder demasiado terreno. Tales acomodos, están seguros, crearán un plan sanitario que todavía obligará a realizar dolorosas subidas de los impuestos pero que rendirá pocos beneficios tangibles a los estadounidenses de renta moderada que miran a Obama para mejorar su situación.

El peligro es que el centro político en el Congreso -- en el Senado en particular -- no es el mismo que el centro político del país. Por ejemplo, mientras que algunos Demócratas moderados expresaron su escepticismo en torno a incluir una opción pública dentro del sistema sanitario reformado, muchas encuestas recientes han demostrado amplio apoyo a un plan público así.

Para los senadores, el tema es ideológico, y sus opiniones están también conducidas por las preocupaciones de los grupos de interés. Para la mayoría de los electores, sin embargo, el plan público es una elección adicional y esperada que amplía su capacidad de moverse dentro del mercado sanitario.

A pesar de estos desafíos, Obama encara la segunda mitad del año con índices de popularidad que oscilan entre los 50 y tantos y los 60 y pocos. Al igual que Reagan, Obama disfruta de opiniones favorables casi unánimes dentro de su propio partido. Obtiene la aprobación de 9 de cada 10 Demócratas, y los progresistas le ponen notas parecidas.

Obama también se lleva el centro político. Su popularidad ha permanecido entre el 55 por ciento y el 65 por ciento entre los independientes, y entre el 65 por ciento y el 70 por ciento entre los moderados.

El principal cambio en las encuestas a lo largo de los primeros meses de Obama en el puesto ha sido la consolidación de la oposición a él en la derecha política. Una reciente encuesta Gallup concluía que entre los Republicanos conservadores, apenas el 16 por ciento aprueba la labor de Obama, y entre los que se declaran conservadores, su popularidad ronda los 30 y tantos puntos.

Esto crea un problema a los líderes políticos Republicanos. Sus agresivos ataques al presidente entusiasman a sus propios electores, pero alejan a una opinión pública que sigue dando a Obama el beneficio de la duda. No es por tanto sorprendente que una reciente encuesta Washington-Post/ABC concluyera que sólo el 36 por ciento de los estadounidenses tiene una opinión favorable del Partido Republicano; el 56 por ciento tenía una opinión negativa. Otras encuestas dejan en peor situación aún al Partido Republicano.

Aún así, será progresivamente más difícil que Obama conserve el apoyo de la izquierda y del centro mientras se enfrenta a decisiones potencialmente divisorias en el seno de una economía en horas bajas.

Si las presiones a corto plazo por acomodar las preocupaciones por el déficit imponen límites a las ambiciones de Obama, el resultado podría ser no sólo el rechazo entre los izquierdistas sino también la decepción entre los menos ideológicos. A pesar de su escepticismo en torno al gobierno, la mayor parte de este último electorado sigue queriendo que Washington fomente una expansión económica y mejore su cobertura sanitaria.

El Presidente tendrá por tanto que equilibrar los temores en torno a perder parte del apoyo moderado con el peligro más genérico de no lograr el cambio arrollador que prometió. Y los Demócratas centristas del Congreso podrían recordar que la incapacidad del partido a la hora de cumplir las promesas de campaña de Bill Clinton en 1992, en el terreno de la sanidad en particular, condujo a una contundente derrota dos años más tarde que diezmó por igual a sus izquierdistas y a sus moderados.

Durante sus seis primeros meses, Obama demostró estar a la altura del puesto. Este verano se pondrá a prueba su capacidad de tomar decisiones delicadas -- y de permanecer fiel a ellas.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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