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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Riesgo de demencia

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 5 de julio de 2009, 07:08 h (CET)
Gran parte de lo que comento hoy, ha sido recogido del artículo de John Gallacher y colaboradores (Psychosomatic Medicina); me sirve de guía fundamentada para lo que hoy pretendo destacar. Es interesante el seguimiento que hacen durante 17 años, de las personas valoradas, sus tendencias y sus complicaciones finales. Se requieren planteamientos firmes para este tipo de valoraciones a lo largo del tiempo.

A partir del año 2000 se acentúan los estudios relacionados con la demencia en sus diversas variantes; aparecen publicados una serie de trabajos, que relacionan las situaciones de ANSIEDAD, con el empeoramiento de las funciones para la adquisición de conocimientos, y con una mayor frecuencia de las demencias, sobre todo las del tipo Alzheimer. El ajetreo, el nerviosismo, e incluso la depresión, con el agotamiento consiguiente; supondrían una puesta a prueba de las reservas cerebrales, con las secuelas mencionadas. Muchos temores, interrogantes bajo enfoques peculiares, y no demasiadas respuestas; se dan cita para concitar el interés sobre el estudio de estos procesos de deterioro. A ver si existen maneras de frenar su incidencia.

Los sujetos estudiados tenían una EDAD entre 48 y 67 años. Durante el estudio se examinó su situación en cinco ocasiones. A partir de esos datos se obtuvieron los resultados. También hubiera sido interesante el inicio del seguimiento desde la treintena. ¿Habrá algún indicio en esa edad y en esa línea que parta de la ansiedad? Pero eso complicaba mucho el estudio, nunca se tienen todos los parámetros deseados. Así pues, parten de una edad media-alta, y a ella se ciñen las conclusiones.

En cuanto a la medida de la ansiedad, se hace según las clasificaciones de los especialistas; convendrá reseñar que los grados más leves no afectan a los índices del presente estudio. Se notan los primeros cambios con las ansiedades medias y altas. Del 1 al 100, a partir de los clasificados por encima de 30. Hecha esta salvedad, los sujetos ansiosos que sobrepasan esos baremos, manifiestan un notorio EMPEORAMIENTO; con la consiguiente reducción de su capacidad cognitiva en sus diferentes ramas, y con un mayor riesgo de demencia, o peor evolución de la que pudieran arrastrar previamente. Según los datos ofrecidos, los porcentajes de riesgo son muy elevados. Tanto, que a mi me parecen exagerados, pero si los reducimos en una cuarta parte, las tendencias son aún preocupantes. Aquí se incluirían también los nuevos casos detectados dentro del periodo de tiempo estudiado. Con la conclusión pertinente de la relación de la ansiedad con los deterioros mencionados.

De manera confluyente, son muy diversos los factores con influencia para afectar a los trastornos que consideramos. Siempre hay que contar con la genética, régimen de comidas, estilo de vida, otras enfermedades simultáneas y circunstancias personales de gran calado. Por lo tanto, no nos centramos en la ansiedad como factor exclusivo. Los métodos estadísticos tienen muy elaborada la estrategia para el deslinde de los riesgos, según sus capacidades de interferencia. El simple transcurso de los 17 años, supone una suma progresiva de alteraciones. La identificación del riesgo INDEPENDIENTE atribuido a la ansiedad, resulta crucial. No sólo se mide ese factor, se llega a comprobar en este grupo de individuos ansiosos, como es menor la relación del deterioro con los problemas vasculares. Al establecer las medidas porcentuales, si domina uno, flojean los otros, es una mera distribución. Lo vascular no es tan predominante como causa de estos deterioros, si se valora en sujetos ansiosos.

Suele ocurrir cuando se procede al análisis de una determinados procesos, que se descubren algunos matices novedosos, se amplían los conocimientos; al tiempo que aparecen incógnitas insospechadas, se complican las posibilidades. En el asunto de hoy, se sacan a colación otras hipótesis de sentido inverso a los mencionados. ¿No será el proceso de la demencia el primer y único eslabón? De ser así, la INTERPRETACIÓN daría un vuelco; los primeros signos de la demencia serían aquellos estados de ajetreo psicológico, que luego se iría imponiendo de una manera rotunda y desgarradora. Como si fuera una forma de ser que ya sería propia de la demencia, se trataría del mismo proceso en diferentes fases. Comienzos ansiosos y distorsión mental en los estadíos avanzados. Se necesitan futuras investigaciones para la precisión de estos conceptos.

No está nada clara la presentación de los estados ansiosos como primeros síntomas de un proceso de alteraciones cognitivas; por lo tanto, se apunta hacia la primera línea interpretativa, en los ansiosos de cierta intensidad se aprecia un mayor avance en el deterioro a la hora de percibir las cosas. Resaltemos que en todos estos trastornos, evoluciones y complicaciones, no se trata de compartimentos nítidos, hay que contar con una cierta mezcla de sus componentes. Aunque la depresión no se valora expresamente como una contribución a la pérdida de capacidades mentales; no se concibe una gran situación ansiosa sin su componente depresivo, a la inversa tampoco. ¿Cómo alcanzar la diferenciación adecuada? Es decir, se plantean ORIENTACIONES, tendencias, en los comportamientos.

En los estudios y trabajos ocurre, ni más ni menos, como en la vida corriente, siempre supone una dificultad añadida la PRECISIÓN, la complejidad es manifiesta. La coincidencia de algunas características no significa lo mismo en todas las ocasiones, y su verdadera influencia puede ser difícil de concretar. No es lo mismo una simple asociación, ansiedad y demencia en el trasunto de hoy, donde se juntan dos procesos distintos; que el establecimiento del carácter causal para uno de ellos sobre el otro. La comprobación de que uno de ellos origina al otro, exige pruebas más finas. ¿Qué tipo de relación existe entre dos circunstancias que coinciden?

Visto el panorama social que nos circunda, no somos muy meticulosos con la precisión; nos conformamos con cuatro imágenes, poquitos fundamentos y el máximo sensacionalismo animador. Nos limitamos a un vistazo rápido y no muy cercano a lo ajeno; domina la escasa profundidad de los análisis. ¿Causas? ¿Efectos? ¿Simple coincidencia o asociación? Quizá no se llegue ya a entender el significado de estas definiciones. Cuántas veces ha salido el asunto tratado en los reportajes televisivos, cuánta audiencia acumuló; son los criterios estimados. No importa tanto que se trate de una memez, o de burdas falsificaciones. Estamos ante una INCONTINENCIA, imprecisa y con mucho desbarajuste, desestructurada. ¿Cómo extraer conclusiones válidas desde esa maraña? ¿Es relevante el despropósito de estas tendencias?

Retrocedamos al empeoramiento de la capaciad cognitiva, a los diversos grados de ansiedad y demencia; la imprecisión y las incontinencias introducen una serie importante de REPERCUSIONES. Lejos de atenuar el grado de ansiedad en los diferentes ámbitos, nos lanzamos en un tobogán de progresiva agitación. Ni siquiera lo intentamos, es lo que llevan los tiempos; mientras los tiempos no llevan nada y somos nosotros los desbocados en ese frenesí. ¿Labor preventiva? En el mencionado tobogán no se cambian las direcciones.

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