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Somos masoquistas, diría Porcel

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
sábado, 4 de julio de 2009, 05:31 h (CET)
Se diría que casi no hacemos otra cosa. En declaraciones de unos y otros, en encuestas que encargan éstos o aquéllos, en protestas de los eternos protestantes, en manifiestos de los manifestantes de oficio o de beneficio, con lamentos, llantos de cocodrilo o lagrimones de a palmo. Pero no, parece que no tenemos bastante.

Ahora el Parlament de Cataluña, haciendo uso de un artículo de excepción, ha invitado a una alta personalidad cultural del país, el eminente lingüista Joan Sala, para que les diga, a nuestros ajetreados diputados (y a todos, claro), que la lengua catalana "no está bien de salud, ni de salud política y social ni de salud filológica." ¡Muy bien -mejor dicho, muy mal-, ya tenemos otro testimonio de autoridad!

¿Está mal socialmente? Sólo hace falta salir a la calle y escuchar un poquito; o ver los medios de comunicación que se leen, escuchan o miran aquí, en “nuestra casa” - “a casa nostra" (¡qué cursi!)-, que cada vez lo es menos... ¿Que la lengua catalana está mal filológicamente? Sorprende un poco, no demasiado, teniendo en cuenta que ha estado muchísimo tiempo prohibida y acosada.

¿Está mal su salud política? ¡Vamos!, eso no hace falta ni decirlo. Ni nuestros gobernantes no la hablan bien (incluido el President) ni la mayoría de políticos la saben escribir correctamente (¡el dinero que se gastan en gabinetes de traducción y corrección!); además, muchos de ellos la utilizan de pelota de su particular fútbol o frontón partidista, o como arma electoral y para pelearse, crispando y dividiendo nuestra sociedad que convive muy bien con las dos lenguas. Son los políticos de campanario, de Cataluña y de fuera- los que politizan el tema de la lengua.

Así las cosas, ¿cómo puede estar bien de salud, nuestra lengua? ¡Todos lo sabemos, pero quieren (o queremos) que se nos diga una y otra vez! Y además, que se nos riña –como ha hecho Joan Sala- por no "enderezar la situación" y por "no hacer lo que haga falta (¿quién lo sabe?) para preservar nuestra personalidad". Aunque nuestra personalidad es bastante más que nuestra lengua. Porcel -en el cielo esté (si el lo quiere)-, por ejemplo, ha hecho mucho por el país, “ha fet molt país”, y ha fortalecido y proyectado nuestra "personalidad colectiva” escribiendo, magistralmente, en catalán y en castellano, como tantos de otros, como el escritor bilingüe y académico Pere Gimferrer.

Pero, por lo visto, queremos (o quieren) que se nos diga cada día, a cada minuto, que el catalán, "nuestra lengua", está mal. ¿Poco trabajo o masoquistas, señores políticos?

Wifredo Espina es comentarista político y ex director del Centre d’Investigació de la Comunicació.

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