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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

A prueba de obstruccionistas, pero en un firme peligroso

David S. Broder
David S. Broder
sábado, 4 de julio de 2009, 05:09 h (CET)
Ahora que el Tribunal Supremo de Minnesota ha puesto fin al largo recuento de votos de los comicios de 2008 al Senado concediendo el escaño a Al Franken, los Demócratas -- sobre el papel por lo menos -- cuentan con el poder de aprobar cualquier ley que quieran, sin un solo voto Republicano.

Nada sería mayor error.

Franken, el ex comediante metido a agitador, será el miembro 60 del comité Demócrata del Senado -- lo justo para poder tumbar cualquier amenaza obstruccionista si pueden imponer la disciplina de partido a cada uno de sus propios miembros. Con mayorías sólidas en ambas cámaras, los líderes Demócratas, Harry Reid y Nancy Pelosi, pueden obviar las objeciones Republicanas a cualquier propuesta de ley sin pensarlo dos veces.

Pero eso no solo contradice la promesa del Presidente Obama de cambiar el clima partidista de Washington, también conllevaría riesgos innecesarios para los ambiciosos objetivos políticos de Obama.

Muchos de los que han escuchado a los líderes Republicanos en el Congreso proclamando a los cuatro vientos su oposición a cada apartado del programa de Obama dicen, "Al infierno con ellos." En lugar de aspirar a contar con el apoyo Republicano, animan a Obama a confeccionar todo a la medida de los deseos de sus aliados Demócratas.

Pero en lo que respecta a las grandes iniciativas -- energía, sanidad y lo demás -- los riesgos de una elección así son evidentes. Cuando no hay en juego ningún voto Republicano, la factura de lo que pueden sacar los legisladores Demócratas individuales a la Casa Blanca se dispara. Vimos muchos ejemplos de eso con la ley de estímulo y la ley energética, ambas de las cuales fueron rebajadas sustancialmente a causa de las concesiones que tuvo que hacer Obama para recabar los últimos votos Demócratas.

Los eruditos también expondrán con parte de razón que cuando se está dando forma a legislaciones complejas como esta, es probable que el contenido mejore cuando se aportan ideas de ambas partes del hemiciclo. Y argumentarán que la aceptación por parte de la opinión pública de los cambios decretados en tales programas será mayor si la nueva ley llega con el cuño de los dos partidos.

Son argumentos teóricos, que no es probable que tengan gran peso entre los Demócratas del Congreso. La prueba más convincente de ello se puede encontrar en la experiencia de las primeras iniciativas de Obama.

Ese precedente se ha visto marcado por una bruma retórica -- en especial los excesos cometidos por los Republicanos rasgándose las vestiduras con los planes "socialistas" del presidente y los cometidos por los Demócratas que llaman al Partido Republicano "el partido del no."

La verdad evidente es que el acercamiento a los Republicanos realizado por la Casa Blanca no ha fracasado. Ha dado lugar a las dos victorias más importantes de Obama.

Allá por febrero, cuando la Casa Blanca buscaba debajo de las piedras los 60 votos con los que poner fin al debate de la ley de estímulo económico, Obama fue rescatado por tres Republicanos -- Olympia Snowe y Susan Collins, de Maine; y Arlen Specter, de Pennsylvania, quien más tarde se pasó al Partido Demócrata.

Esa votación 60-38, con los votos justos, dio a Obama una importante victoria temprana. Si hubiera fracasado o hubiera sufrido un largo retraso, su presidencia habría empezado con mal pie.

La segunda gran victoria se producía hace apenas unos días, cuando la Cámara aprobaba por primera vez una ley energética que limita las futuras emisiones de carbono contaminantes. El resultado de la votación -- después de días de negociaciones frenéticas -- fue 219 a 212.

A pesar de toda la atención dedicada a las concesiones realizadas para limitar las deserciones Demócratas por debajo de 44, pocos notaron que si Obama no hubiera sido ayudado por ocho Republicanos, su margen hubiera saltado por los aires. Esos ocho que desafiaron a su propia dirección se encuentran entre los contados moderados Republicanos supervivientes, y junto a sus homólogos en el Senado, volverán a ser de vital importancia con la sanidad.

Ignorarlos sería verdaderamente estúpido.

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Washington no es el único lugar en el que las comparecencias pueden ocultar realidades importantes. La saga del Gobernador de Carolina del Sur Mark Sanford y su aventura argentina ha sido la comidilla de los rincones del cotilleo hasta tal punto que la cuestión gubernamental esencial ha sido prácticamente pasada por alto.

Si Sanford puede solucionar o no el desastre de vida personal que ha generado tiene escasa importancia para cualquiera menos para los aludidos.

Pero cuando desapareció cinco días, sin informar de su paradero a nadie de su gabinete y ni siquiera a su seguridad, hizo algo verdaderamente irresponsable. Si hubiera pasado cualquier desgracia, Carolina del Sur no habría tenido conductor.

En el momento en que Sanford abandonaba sus deberes en una búsqueda furtiva del placer personal, en la práctica estaba presentando su dimisión.

La legislatura debería insistir en que la presente.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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