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La insoportable condición de ser Sánchez Dragó
Mario López
Reconozco que soy un ser muy limitado, pero no conozco a nadie tan petulante, grotesco, ridículo, carca, impertinente, maleducado, aburrido, majadero que como Fernando Sánchez Dragó ¿Cómo se puede ser tan mala gente como él que es capaz de preguntar públicamente si la muerte de Michael Jackson fuera lo contrario a una pérdida para la humanidad?
Le podría contestar con otra pregunta: ¿no sería una liberación para todos nosotros la muerte de Sánchez Dragó? Pero no. Yo no le deseo la muerte a nadie, ni siquiera a ese individuo tan odioso. Michael Jackson fue un formidable artista, cosa que no está al alcance de ese señor residente en Soria. Michael Jackson fue una buena persona que se gastó la pasta gansa en ayudar a los más necesitados. Que estuviera loco, que determinados mercachifles le hayan utilizado con las intenciones más torticeras, en nada desacredita a ese chaval que, por encima de todo, hizo feliz a millones de seres humanos. En concreto a ochocientos millones, que son los que le compraron sus discos. El día que Sánchez Dragó venda ochocientos millones de ejemplares de su infumable Gárgoris y Habiadis juro que me tiro por el balcón. Habré perdido toda mi fe en la humanidad. Se puede ser un cretino, cuando se dicen sandeces por no ser capaz de tener la lengua quieta. Pero decir o preguntarse si la muerte de Michael Jackson, o de cualquier otra persona, puede ser un beneficio para la humanidad, sólo lo puede hacer un imbécil que merece el mayor desprecio. Después del correspondiente puñetazo en la boca, claro está. En este país no hemos tenido suerte con nuestros intelectualoides, pero no es justo que tengamos que soportar a ese imbécil redomado de Dragó.
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