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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La polémica que se resiste a desaparecer

David S. Broder
David S. Broder
jueves, 2 de julio de 2009, 07:35 h (CET)
El mensaje implícito, pronunciado por la mayoría de los magistrados del Tribunal Supremo en dos de los veredictos más importantes del curso judicial que finaliza esta semana, es que la discriminación racial ya no es un problema tan importante como pensábamos.

Ni el caso del derecho de participación procedente de Texas ni el caso de discriminación positiva en la contratación procedente de New Haven, Conn., lo mencionaban explícitamente. Pero el vínculo entre las dos cosas es la premisa o la afirmación de que esta sociedad se ha regenerado casi por completo y ya no necesita los remedios de sensibilidad social que la generación previa de políticos pensaron que eran necesarios.

Si la lectura de la mayoría del tribunal es correcta, entonces quedan claras dos cosas. La juez Sonia Sotomayor ciertamente se enfrentará a la opinión generalizada si es confirmada por el Senado para ocupar la vacante en esa instancia. Y a lo largo de un periodo más amplio de años, es probable que el Presidente Obama se encuentre enfrentado al tribunal a cuenta de la raza.

En el caso de la participación fallado el 22 de junio, el presidente del Tribunal John Roberts dio a entender que piensa que el período de vida útil del remedio que inventó el Congreso en 1965 para superar el patrón histórico de negar a los negros el acceso a las urnas en gran parte del Sur ha expirado. Una provisión central de la Ley de Participación, aprobada originalmente a un plazo de cinco años ampliado repetidamente, obliga a que las jurisdicciones bajo su regulación obtengan la aprobación de Washington a cualquier cambio, sin importar lo trivial que sea, en su procedimiento de votación.

Como escribía Roberts en su veredicto, "los logros históricos de la Ley de Participación son innegables.... (Pero) las cosas han cambiado en el Sur. La participación electoral y el registro de votación se aproximan ahora a la paridad. Las evasiones flagrantemente discriminatorias de los decretos federales son infrecuentes. Y los candidatos de minorías ocupan puestos públicos a niveles sin precedentes."

Teniendo en cuenta todo eso, decía, es difícil justificar la constitucionalidad de tratar a un conjunto de estados de manera distinta que a todos los demás. La Ley de Participación fue salvada solamente por el descubrimiento por parte del tribunal de que cabe interpretarse el texto en un sentido que concede al distrito de Texas implicado en el caso la oportunidad de quedar exento de sus términos. De manera que el tribunal aplazó la resolución en torno a la cuestión constitucional.

Siete magistrados convinieron con Roberts. El octavo, Clarence Thomas, era partidario de declararla inconstitucional en ese mismo momento.

En el caso de los bomberos de New Haven, el magistrado Anthony Kennedy, pronunciando una sentencia por mayoría simple, dictaminaba que los bomberos blancos demandantes habían sido víctima de discriminación inversa cuando el consistorio impugnó los resultados de unas oposiciones en las que ninguno de los candidatos afroamericanos obtuvo la puntuación suficiente para lograr un ascenso. Al hacerlo, puso una limitación nueva e importante a la Ley de Derechos Civiles de 1964, aprobada para abrir el mercado laboral a los negros.

La magistrada Ruth Bader Ginsburg, emitiendo un veredicto particular discrepante, observaba que New Haven, cuya población se estima hoy integrada por negros en un 40 por ciento, sólo tiene un afroamericano entre sus 21 jefes de bomberos. Pero, al contrario que en 1964, cuando los negros eran apaleados por reclamar sus derechos, el tribunal -- y puede que el país -- muestra ahora la misma simpatía por las víctimas blancas de discriminación inversa que encuentra en los programas de discriminación positiva.

Introducir a Sotomayor en este significativo debate cuando comiencen sus vistas de confirmación dentro de un par de semanas será presentar a una defensora apasionada y comprometida de la discriminación positiva. En su vida profesional y en sus muchos discursos, la mujer que será la primera jueza hispana ha indicado repetidamente que ella no cree que las heridas de la discriminación racial se hayan cerrado por completo, ni que los remedios del pasado hayan dejado de ser necesarios.

En eso, es acompañada por Obama, que rechaza la noción de que su elección sea muestra de la llegada de alguna era "post-racial." En su gran discurso de Filadelfia en marzo de 2008, el Obama candidato decía que "La raza es un asunto que creo esta nación no se puede permitir ignorar ahora mismo.... Como William Faulkner escribió una vez, 'El pasado no está muerto y enterrado. En realidad, ni siquiera es pasado.'"

Argumentaba que las heridas de la esclavitud y la segregación aún siguen abiertas, observando "que los negros fueran excluidos de los sindicatos, o de los cuerpos de seguridad, o del cuerpo de bomberos significaba que las familias negras no podían ingresar ninguna riqueza significativa que legar a las futuras generaciones."

Es evidente que a medida que Obama tenga oportunidad a lo largo del tiempo de remodelar el Tribunal Supremo, habrá más Sotomayores -- y más desafío para aquellos que quieren debatir la persistencia del daño que la segregación ha causado a este país, y la necesidad actual de remedios de sensibilidad racial.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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