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Etiquetas:   Botella al mar   -   Sección:  

Hay cosas que no cambian

Fernando Mendikoa
Fernando Mendikoa
miércoles, 1 de julio de 2009, 06:09 h (CET)
Así es. Y mucho me temo que nunca lo harán….. mientras nosotros lo permitamos. Por ejemplo, está bien que un individuo vaya a la cárcel para los próximos 150 años por estafar a los ricos, pero el problema es que, mientras, los que estafan día a día a los pobres de mil maneras imaginables (e inimaginables) siguen impunes por sus fechorías y disfrutando de todo lo robado, que es inabarcable. De modo que queda claro que no importa lo que robes, sino quién seas y, sobre todo, a quién se lo hagas; y, en función de ello, dormirás en la cárcel o en una mansión. Y el deporte no es ajeno a la frase del título, y este fin de semana ha vuelto a adquirir asimismo plena actualidad y vigencia. Acabamos de tener dos nuevas muestras de ello: por un lado, la selección de Brasil levantaba un trofeo más; por otro, Rossi seguía a lo suyo y llegaba de paso a su victoria número 100. En efecto, hay cosas que no cambian.

En Sudáfrica hemos vivido el preámbulo del Mundial que se disputará en ese mismo país dentro de un año, y la canarinha ya ha dado el primer aviso. Es verdad que sin demostrar nada particularmente vistoso ni espectacular, pero lo cierto es que el trofeo de la Confederaciones descansa ya en tierras brasileñas. No puede hablarse de un gran torneo, ni mucho menos, pero no se puede negar que sobre todo se planteaba como ensayo general para el de verdad. Por ello, y ya que aún estamos a tiempo, a modo de consejo (súplica, más bien) sí pediríamos a los organizadores que, de cara a esa cita de 2010, nos eviten pasar por la tortura de las cornetas: nuestros oídos lo agradecerán, de verdad que sí. Sólo para que se hagan una idea y se pongan en situación: de los 16 partidos que hemos tenido en estas dos semanas pasaremos a los 64 del año que viene, así que hagan cuentas y multipliquen por cuatro el efecto taladrador de los cacharritos sobre nuestros tímpanos durante ese mes de competición. Eso sí: por si acaso, existe un plan B (que ya tenemos casi listo), que consiste más que nada en quitar el sonido al aparato. Además, es hasta posible que de paso ganemos en otros aspectos, también es verdad.

En lo puramente deportivo, hay que concluir que los de Dunga simplemente han sido los menos malos de los ocho participantes. Nueva Zelanda e Irak como selecciones comparsa; Egipto dejando algunos interesantes detalles; Sudáfrica mejorando la puesta a punto para hacer un digno Mundial en casa; y la agradable sorpresa de EEUU, que con el subcampeonato conquistado demuestra que el “soccer” empieza a estar en ese país a un nivel a tener muy en cuenta. En cuanto al papel de los que partían como favoritos, Italia celebra que aún quede todo un año para su defensa del título logrado en Alemania y tener así tiempo para poder recomponer media selección (el ERE está al caer, y apunta a jubilaciones. E incluso a alguna prejubilación); España ha dejado más sombras que luces, en una cura de humildad que desde luego no vendrá nada mal para los de Del Bosque, y también para aquellos que pensaban que el sol no iba a ponerse en los próximos treinta años; y Brasil haciendo lo que mejor sabe: ganar títulos. Aunque parece que el camino elegido para llegar a meta ha variado, y que esta versión de la canarinha es más efectiva que brillante. Lo que no cambia, según vemos, es el resultado final.

Exactamente lo mismo que sucedía 9000 kms al norte. En el circuito holandés de Assen, Valentino Rossi lograba su victoria nº 100, agrandando un poco más su leyenda y demostrando que su hambre de triunfos y récords es insaciable, cosa de la que debería aprender más de uno, y no sólo en su mismo deporte. Hay quien compite para ganar y aumentar su palmarés, y hay quien lo hace para aumentar su cuenta corriente: y aunque parezca que no, es una diferencia muy apreciable a la hora de darlo todo, simplemente estar, o directamente arrastrarse. Sí es cierto que Valentino no es de los que puedan quejarse de las cifras que presenta su nómina, en absoluto; de todos modos, alguna de ellas sí que merece. La “catedral” del motociclismo fue escenario de una nueva demostración de fuerza de “Il dottore”, que sigue pasando consulta allá donde va y aplicando su particular medicina a todos sus rivales. El italiano logró de una tacada la pole, el récord del circuito, la centenaria victoria y el liderato del Mundial en solitario. El resto, mientras, sigue implorando su jubilación. Poco más pueden hacer por ahora.

Uno de ellos es Jorge Lorenzo, sin la menor duda el piloto con más argumentos para presentar su candidatura al título, incluso este mismo año. Además, va aprendiendo a dosificar esfuerzos y situaciones, algo fundamental para pretender ese asalto al trono. Stoner parece desdibujado y un paso por detrás de las dos Yamaha, pero el australiano saca chispas de su Ducati y seguro que el rojo sigue como uno de los colores de moda también este año. Y el (en teoría) cuarto en liza, Dani Pedrosa, está dejando de serlo carrera tras carrera. Los problemas de su Honda y de los neumáticos no pueden justificar cada fracaso, como sucedía el año pasado, y ya el problema no es que no gane carreras, sino que ni siquiera llega a meta. Y en cuanto al resto, la temporada nos deja interesantes apuntes de Dovizioso con la otra Honda oficial, así como pinceladas de Capirossi, Vermeulen, De Puniet, o las Yamaha satélite de Edwards y Toseland. Del resto (de algunos, sobre todo) mejor no hablar: por ellos, más que nada.

Y a diferencia del somnífero que nos prescriben e inyectan cada quince días en el Mundial de F1 antes de cada carrera, al de MotoGP le queda aún emoción para rato, afortunadamente: no hay más que ver la general, con Rossi, Lorenzo y Stoner en tan sólo 9 puntos, y con diez apasionantes batallas aún por dilucidarse. Y sin tiempo para respirar, ya este mismo fin de semana cruzamos el charco y nos vamos hasta el circuito de Laguna Seca, aún con la bellísima lucha de 2008 entre Rossi y Stoner en el recuerdo. A buen seguro que esta edición nos brindará otra carrera que hará imposible levantarse de la butaca, ya que a ellos dos se sumará este año Lorenzo, de manera que presumiblemente tenemos tres actores fijos, además de los deseables extras que no le vendrían nada mal a la función. De una u otra forma, prepárense para emociones fuertes, porque ninguno parece dispuesto a cortar gas. De modo que haríamos bien en abrocharnos los cinturones, por lo que pueda pasar. Nunca se sabe.

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