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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Señor Rajoy, hechos y no palabras es lo que le pedimos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 1 de julio de 2009, 05:50 h (CET)
Se diría que, en España, la mayor parte de sus habitantes mayores de setenta años han perdido la memoria y, no solamente por el desgaste continuado de sus neuronas, que también, sino por la necesidad de olvidarse de lo que ocurrió hace ya más de setenta años, porque recordarlo tal y como ocurrió no resulta rentable, vamos, que si lo quieres explicar a la juventud y a algunos que ya comienzan a tener la “curva de la felicidad”, te toman por alguien que ha perdido la chaveta al que es mejor dejarlo por inútil. Sin embargo, a fuer de ser tachado de franquista y de ser denigrado por toda esta subclase urbana de los progresistas, no voy a dejar de manifestar lo que pienso a cerca de algunas de las actuaciones que hemos tenido que observar durante estas últimas fechas.

Y no me voy a referir a los partidos de izquierdas, de los que ya estamos acostumbrados a que intenten por todos los medios a su alcance, que son muchos, vender, como verdaderos expertos que son en este arte de tergiversar las verdades, especialmente las históricas, a todos aquellos que estén predispuestos a creérselo, aquello de que la GuerraCivil surgió por generación espontánea y que fue el “afán de poder” de los “fascistas” el que la provocó.¡Allá ellos y los bobalicones que se lo creen! Por eso se han inventado un bodrio como la famosa “ Ley Memoria Histórica”, mejor sería llamarla “Ley de la vergüenza histórica”, que no tiene nada de memoria y todavía menos de Historia, pero que les sirve a los que no han sido capaces de tragarse el hecho irrefutable de que por sus disparates, luchas intestinas y rencores perdieron la guerra ante un enemigo que cruzó el estrecho de Gibraltar con solo dos mil efectivos. ¡Y enfrente todo el Ejército de la II República! ¿Quién lo iba a creer? Pues sí, ocurrió y esto, después de más de 70 años, todavía no lo han podido digerir. Pero hablemos de quienes se consideran de “centro” aunque hasta hace poco se declaraban de derechas. Claro que, hoy en día, el declarase de derechas es como aceptar ser el enemigo público número uno, y somos pocos los que, quizá porque ya estamos de vuelta de todo, nos atrevemos a proclamarnos como tales.

Pero que un señor Gallardón, cuyos antecedentes familiares se pueden enraizar con las corrientes más franquistas, se nos salga ahora con un gesto tan de “izquierdas”, como ha sido esto de desposeer al general Franco de las condecoraciones y reconocimientos que le fueron concedidos por el ayuntamiento madrileño, no hace más que reafirmar la falta de respeto de ciertas personas del PP por una parte importante de su presunto electorado que, si bien es posible que no aceptaran el sistema de gobierno de la Dictadura, lo que sí es cierto es que nunca apoyarían una propuesta de un partido comunistas, como es IU, con la que, aparte de saldar con una victoria pírrica sobre una persona fallecida su rencor hacia ella, han querido deslegitimar a la Monarquía que, si hoy existe en España, es gracias a la voluntad del general Franco. El señor Gallardón es el paradigma del político ambicioso, sin ideología alguna, que sólo busca en la política el promocionarse para satisfacer su ego, sin que tenga escrúpulo alguno cuando se trata de apartar de su camino a quienes piensa que pueden ser un obstáculo para sus aspiraciones políticas. Sobrevivió a la escabechina perpetrada por el señor Rajoy, gracias a esta versatilidad que le hace intuir a qué árbol debe arrimarse y, después, se ha dedicado con verdadera fruición a segarle la hierba debajo de los pies a la señora presidenta de la Comunidad, doña Esperanza Aguirre, no por antipatía personal, sino porque la presidenta de la Comunidad Madrileña es una seria rival para aspirar a suceder a Rajoy en la presidencia del partido.

No obstante, lo que más se debe resaltar es esta invitación del señor Rajoy a los que no estuvimos de acuerdo con el nuevo rumbo que le imprimió al PP, para cerrar filas en torno a él. Aparte de ser un gesto típico de cara a la galería, una muestra de magnanimidad y perdón hacia todos los que nos alejamos del partido por su cambio de rumbo; resulta que no encierra más que palabras, palabras vanas y vacuas, meros cantes de cisne quizá porque se vea venir lo que, hace tiempo, le venimos pronosticando al PP si no cambia de estrategia, otra derrota en las urnas. Y eso es así porque, lo primero que debiera hacer el señor Rajoy, que afirma que no ha variado ni una como del ideario del antiguo PP, es demostrarnos con hechos, con un programa detallado, mirando directamente a los ojos de los electores, lo que tiene en mente hacer para oponerse frontalmente a esa lacra del aborto ( no basta con amenazar con un recurso, hay que movilizarse y plantear la oposición a tal crimen abiertamente y sin ambages); qué es lo que piensa hacer para evitar que el catalán desplace al castellano, dejándolo reducido a algo puramente testimonial cuando esta nueva Ley de Educación que se está pergeñando en el Parlament catalán entre en vigor. No parece que esté en esta labor la señor Alicia Sánchez Camacho, más bien partidaria de la inmersión en el catalán que de oponer una férrea oposición a tal hecho inconstitucional, que, por otra parte constituye una clara intromisión en cuanto a la facultad que tienen los padres de elegir la lengua en la que quieren que se eduque a sus hijos.

También quisiéramos escuchar de don Mariano el concepto que tiene de España y como ve el hecho de que cada autonomía se convierta en algo parecido a un estado federal, con la agravante de que, algunas de ellas, parece que tienen trato privilegiado y otras están condenadas a ser las Cenicientas del grupo. Nos gustaría que se dejara de farisaísmos y afrontara directamente, sin evasivas ni dilaciones absurdas, los casos de corrupción, enfrentándose a ellos con firmeza; sin que ello suponga prejuzgar sobre la inocencia o culpabilidad de los encausados. El reciente episodio del tesorero, señor Bárcenas, ha sido tratado con falta de tacto, ignorando la opinión de los votantes del PP y con una absurda obsesión por querer desentenderse de hechos y claves que apuntan directamente a ciertas anomalías cometidas por el señor Bácenas. Esto se soluciona suspendiendo de su cargo, por un tiempo, al encausado, el preciso para que se sustancien los episodios judiciales que están en marcha, y luego, de conformidad con las sentencias dictadas, en este caso por el TS, actuar en consecuencia.

No debe caer el señor Rajoy en la tentación de creerse legitimado por actos que el mismo convoca para utilizarlos como trampolín para crecerse dentro del propio partido y, si no, vean ustedes las ausencias sonadas de miembros de gran categoría que, alegando problemas de agenda, se negaron a participar en semejante circo. Si se ha dado cuenta de su equivocación, bien venido al grupo de quienes se lo anunciamos, pero si lo que pretende es hacernos comulgar con ruedas de molino y pretende vendernos más aborto, más ataques a la Iglesia, más falta de solidaridad, más compadreos con la izquierda y más apoyos al señor Zapatero; puede ahorrarse cualquier esfuerzo en intentarlo, porque los que fuimos rechazados lo fuimos por no tener temor alguno en mostrar nuestros principios y defenderlos a capa y espada si hiciera falta. Hechos son amores y no buenas razones. Este es el camino de encuentro señor Rajoy, demuéstrenos usted que es cierto lo que ha dicho de seguir fiel a los principios del PP que usted recogió de manos del señor Aznar. Entonces nos entenderemos.

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