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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

¿El sueño de una noche de verano?

Pascual Mogica
Pascual Mogica
miércoles, 1 de julio de 2009, 05:43 h (CET)
¡Trichet!...¡Fernández Ordoñez!...¡Aznar!...¡Rajoy!...¡Funcas! Todos me rodeaban como fantasmagóricas figuras. ¡Te vamos a bajar el salario!... ¡Vas a ser despedido del trabajo y cobrarás menos!... ¡Vamos llevar a cabo la reforma laboral! Decían todos en tono amenazador.

Desde un edificio sobre el que caían rayos y cuya tétrica silueta destacaban los relámpagos y cercado por una altísima verja de hierro y en cuya puerta se podía leer un rótulo que en el que rezaba lo siguiente: FUNCAS (Fundación de las Cajas de Ahorros) salían voces de ultratumba que decían: ¡Proponemos posponer la jubilación hasta los setenta años!... ¡Pedimos la reducción del tipo de impuesto sobre sociedades y la cuota empresarial a la Seguridad Social!...¡Proponemos la conveniencia de aumentar el IVA para compensar las anteriores bajadas y que sea el consumidor quien cargue con su costo! Dentro de esta apocalíptica escena me llamó la atención un extraño personaje, que decía ser senador del Partido Popular, que pedía, para combatir la crisis, bajar los impuestos de los yates.

Todos rodeaban mi cama hasta el extremo de que el pánico llegó a apoderarse de mí. Todos me deseaban los peores males que se le pueden desear a un trabajador. Yo me sentía impotente para echarles de mi habitación y ellos daban y daban vueltas por ella como si estuvieran celebrando un aquelarre. Sentía que intentaban hundirme en la oscura profundidad de un pozo del cual no podría salir jamás. Pedí y supliqué que me dejaran en paz, pero ellos reían, reían, gesticulaban y gritaban sin cesar todas esas cosas tan horribles que me decían. Me atacaban sin compasión y me decían que yo era un desgraciado por haber nacido y sido durante toda mi vida un trabajador por cuenta ajena. ¡Asalariado! Me gritaban. Intenté responderles pero no podía. Estaba amordazado por el pánico. De pronto di un salto y me encontré sentado sobre la cama, sudoroso y temblando. Me vi sólo en mi dormitorio. Trichet, Fernández Ordoñez, Aznar, Rajoy, la horrible estampa del edificio de Funcas, todos habían desaparecido, pero a mí me daba la sensación de que seguían estando allí. Intenté calmarme e intentando encontrar alguna explicación a lo que me había sucedido, pero a la única conclusión a la que llegué fue a preguntarme si aquello había sido el sueño de una noche del largo y cálido verano, o no.

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