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Fútbol

Etiquetas:   Bruce Springsteen   Copa del Rey   -   Sección:   Fútbol

ROCK Y FÚTBOL - En directo Madrid 2016

Segunda capítulo en la ruta hacia la emoción más pura
Roberto Carrera Hernández
@r0bert0carrera
miércoles, 1 de junio de 2016, 19:01 h (CET)
¿Quién dijo que repetir era monótono? Nosotros creemos que las conclusiones deben confirmarse, y un año más tarde nos movemos a Madrid para ver qué carajo sucede para que decenas de miles de personas realicen todo tipo de esfuerzos con tal de sentirse dentro de un concierto de rock o un partido de fútbol. Doce meses después de enfrentarlos buscamos la reconciliación uniendo fuerzas. Si en el primer artículo dominó la perspectiva competitiva, ahora queremos ir más allá y buscar la pasión por la pasión, sin barras de energía ni ganadores. ¿No estarán más cerca de lo que pensamos estas dos máquinas de felicidad? ¿Acaso una crónica no puede abrazar ambos eventos?

Lo que no va a cambiar es la calidad indiscutible de nuestras muestras de laboratorio. Por un lado el Boss, Bruce Springsteen, en el Santiago Bernabéu con su gira ‘The River’. Un mito de carisma gigantesco que a sus sesenta y seis tacos sigue llenando estadios en cada ciudad que pisa. Confirmando la evidencia de que el rock no envejece, sus repertorios infinitos son una garantía de placer para cualquier aficionado a la música.

A su lado, a la rivera del Manzanares, una nueva edición de la final de la Copa del Rey. Otra vez el Barcelona, gran dominador de la competición, frente a un Sevilla histórico, reciente ganador de la Europa League. Son además los dos clubes españoles con más títulos de la década, lo que garantizó una batalla épica por el último título nacional del año. Pinta bien la cosa, ¿no? ¡Empezamos!

LA PREVIA

Como en cada partido importante, el estadio se llenó de gente en sus aledaños horas antes del inicio. A última hora se pusieron a la venta unas pocas entradas, y cientos de aficionados, camisetas de su ídolo al pecho, cruzaron dedos bajo el pegajoso calor madrileño. Todo esfuerzo parecía poco por ver a la estrella del equipo. Bruce ha conquistado los corazones incluso de quien no entiende su deporte, y su trayectoria es ya motivo suficiente para dejar volar esa sensación de emoción infinita por verse cerca de la leyenda. Había jugado ya en el norte un par de partidos, pero la afición no entiende de distancias con tal de ver un buen espectáculo.

Unos kilómetros más abajo la música dominaba el ambiente. Melómanos del norte y del sur gritaban a pleno pulmón sus temas favoritos una y otra vez. Que si el Arrebato por aquí, un crit valent por allá, se conocían el repertorio al dedillo y no dejaron de interpretarlo por las calles de la capital. En algunas ocasiones las ganas de cantar unían sus fuerzas para acordarse amablemente de otros grupos, como si la pasión por el ritmo no fuera suficiente con un único concierto. Temas dedicados a bandas como The Betis o el homenaje al grupo local S.K.M. (Se Kema Madrid) también tuvieron su (marginal) hueco durante el paseo hacia el Vicente Calderón.

SALIDA DE VESTUARIOS

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La expectación podía tocarse. Literalmente, porque como en aquellos históricos partidos de antaño, buena parte de los aficionados se agolpaban unos detrás de otros sin sillas de por medio ni más separación que aquella producida por el típico empujón oscilante. Todo estaba preparado para la salida de los protagonistas, las uñas desgastadas de la impaciencia ante la eterna espera, hasta que por fin los jugadores salieron al campo. Uno a uno fueron recibidos con una calurosa ovación. Pero fue el último, el gran capitán, quien terminó por romper las gargantas de los presentes. Cuando BS66 hizo su aparición, decenas de miles de vidas se alinearon de repente compartiendo la sonrisa cómplice de quien siente el disfrute ajeno como propio. La felicidad de estar en medio de la felicidad.

EL PRIMER TEMA

La canción que abre la puerta al delirio es fundamental. Uno no puede salir del camerino sin empezar a todo gas en un concierto de este nivel. Mucho se había hablado de cómo sería el tema que diera inicio a todo, y los esfuerzos de los ingenieros de sonido, injustamente en la sombra, dieron sus frutos. La delicada potencia que acompañaba al himno nacional español lo hacía audible en el Calderón y en Toledo. El chorro de sonido conquistó con poderío los tímpanos de los presentes, aunque en las gradas hubo alguno que parecía no saber ni a qué grupo venía a ver ni tan siquiera si realmente sabía que esto iba de música. Había ciertos indicios que apuntaban a que el festival Copa de España, también conocido como Copa del Rey (...de España), era un evento musical de un estilo concreto. En cambio, este aleatorio y disperso grupo desubicado se esforzaba por silbar sus propias canciones exhibiendo banderas y camisetas de lo que debía ser otro espectáculo diferente. Un momento desconcertante, aunque a partir del segundo tema se acoplaron perfectamente al resto del concierto. Muy raro todo.

DERROCHE FÍSICO

Dos toques de balón y ya era el único protagonista. Es el más querido del equipo, pero hay muchas razones que lo explican. Aunque en los primeros minutos la pelota parecía una bola de demolición, el mago puso a funcionar sus dos corazones para correr como un loco por la banda y sentir de cerca en cada momento el amor de sus incondicionales. Ese cariño de una afición entregada contribuyó a que un césped sonoro en malas condiciones pasara de poco más que una tierra yerma a la tierra prometida. Y es que Bruce, ¡cómo juega Bruce! El zaguero que desde la mediapunta juega de delantero, venido de los USA, ha nacido para correr. Dejó claro que estaba on fire, recordando a cada jugada sus días gloriosos y bailando en la oscuridad a cualquier rival que se atreviera a ponerse por delante. Esto va más allá de colores. Si te gusta el fútbol, te gusta Bruce.

EL MEJOR SOLO DE LA NOCHE

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Cuando más difícil se estaba poniendo el concierto agarró la guitarra con fuerza sin pedir paso. Ya sabíamos lo que puede hacer Andres Iniesta con seis cuerdas en las manos, pero no deja de impresionar cada nota que consigue sacar sin esfuerzo alguno. Empezó suave, con tacto, y al ritmo de los poderosos tambores de la banda rival comenzó un solo eterno que dio sentido otra vez a aquello del séptimo arte. En esos momentos no había nada más en aquel recinto, seguidores y músicos se unían como simples espectadores de una interpretación sublime. Andrés lo hizo una y otra vez, cada vez más difícil, cada vez más bonito. Con su elegancia sencilla convenció a aquel que todavía dudaba: hoy era una noche para la música, y no para una cualquiera. Dejó a los presentes con la boca abierta, y en su tradicional humildad, cedió paso a sus compañeros para rematar el concierto como viene siendo habitual los últimos años de gira.

EL DESCUENTO

No sorprendió a nadie, ya que es habitual en los partidos de Bruce. A pesar de que no se había perdido prácticamente tiempo entre jugada y jugada, el tiempo de añadido iba a dar más emoción que otros encuentros completos. Ahí la estrella mundial terminó por rematar su repertorio de grandes jugadas, con filigranas legendarias y hasta algún pequeño homenaje final a goles históricos de otros equipos. Si poco antes hasta se había marcado el lujo de jugar un rato con algún espontáneo del público, el broche final lo quiso compartir con todos ellos de golpe. Mandó a sus compañeros a vestuarios y se quedó él solo, cara a cara, para que el último trueno de magia resonara en un Bernabéu exultante. Gigante.

EL ÚLTIMO BIS

Para mantener el pulso, en el Calderón también estiraron los minutos con temas cargados de tensión y adrenalina. La ráfaga final fue más tradicional pero igualmente emotiva. Sonaron primero, tan alto como la mejor de las canciones, las palmas agradecidas de los seguidores que vestían de blanco ante el derroche de sus músicos favoritos. Cuando uno entrega todo hace arte, y en el arte no debería existir la derrota. Para el resto su combinado musical favorito. Se volvió escuchar aquello del tots units fem força, ahora más pletórico que nunca, y no faltó la versión de un clásico como Queen y su We are the Champions, tema que la banda de un tal Messi va a terminar por hacer suyo de tanto tocarlo en sus conciertos. Todos los protagonistas se acercaron a sus fans para despedir otra noche fantástica en el festival más especial que tenemos en nuestro país.

DOS ESPECTÁCULOS GIGANTESCOS

Este fin de semana en Madrid no hubo ser humano que no saliera agotado del Santiago Bernabéu o del Vicente Calderón. Cuando se ve a miles de personas saltando al unísono o celebrando con pasión es inevitable preguntarse en alto: ¿es que el mundo no puede ser siempre así? La respuesta es tan obvia como la realidad, pero si de obviedades va el texto, diremos que si eres capaz de emocionarte con estos dos gigantes de la diversión tu vida será inmensamente más alegre. Música y deporte, un año después, nos dejan la misma sensación: están a la cabeza de los mejores inventos que se nos han ocurrido a lo largo de nuestra existencia.

Pero lancemos una última moneda en estos juegos de humanos. Una cara y una cruz compartidas. Lo negativo, la especulación salvaje y la injusta dificultad de acceder a estos eventos. Pasear por los estadios antes de la hora de inicio significa encontrarse con decenas de vendo-entrada anónimos con intención de hacer su negocio particular sin aportar nada al evento. Más triste si cabe es la profesionalización de esta práctica ilegal mediante páginas web diseñadas con todo detalle para la estafa, algunas de ellas incluso financiadas por los vendedores oficiales (Ticketmaster, una vez agotadas las entradas en su web, ofrecía un enlace a Seatwave para la compra ‘segura’ de entradas groseramente infladas de precio). Otro paso atrás en la democratización de la cultura, que se une al importante precio de base que ya tienen estos eventos.

La mirada alegre se dirige a la comunión entre masas. A pesar de toda la farándula creada los días previos, esta final de Copa fue mucho más fútbol a nivel gradas que la de Barcelona. Las dos aficiones convivieron sin ningún tipo de problemas en la capital, y quizás la mayor competitividad del partido, junto a la sorna contagiosa de los andaluces, hizo alejar a gran velocidad los nubarrones tóxicos de la radiación política. Para todos aquellos que amamos este juego artificial sin sentido es un momento de paz que se agradece. Qué decir del concierto, al igual que en el Camp Nou o Anoeta, allí nadie era más ni menos que un ser humano brincador, desafiando la gravedad armónicamente y retroalimentándose de la energía del resto.

No sabemos si habrá tercera parte en esta serie, porque las trilogías suelen cagarla en la última y nosotros ya hemos cumplido ese papel con las dos primeras. Pero todo esto se resume de nuevo en explorar las reacciones químicas que nos dan placer. Buscar las vibraciones más agradables sin necesitar del mal ajeno para sentirnos felices. Algo tan sencillo de escribir como complicado de ver en estos tiempos y lares. Deporte y música son un combinado explosivo, una mezcla de pasión y emoción que nos transporta a la esencia de todo. Que nunca nos quiten las ganas de seguir jugando.


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