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El patito feo

Daniel Sanabria
Daniel Sanabria
martes, 30 de junio de 2009, 04:54 h (CET)
Desde que la Selección Española aterrizó en Sudáfrica hasta que despegó para volver a casa no cesaron las críticas a la Copa Confederaciones. Muchas han sido las voces que han abogado por su abolición dentro del calendario futbolístico internacional. Algunos aficionados, incluso, desconocían la existencia de este torneo hasta que España se vió jugando en él. En definitiva, esta competición parece ser el patito feo para aquellos países en los que el fútbol es un pilar básico y un lugar en el que gastar nuestro dinero y tiempo libre.

Yo me pregunto, ¿no es el fútbol una herramienta de integración social que sirve para fraternizar a los pueblos? Porque a todos los periodistas, futbolistas, directivos y demás personajes se les llena la boca de generosidad cuando la prensa habla de su deporte como vía de hermanamiento y forma de lucha ante la conflictividad social del mundo.

No sé en qué pensará la gente cuando hablan del alma solidaria del fútbol, pero para mi la solidaridad futbolística es acercar el fútbol del Primer Mundo al fútbol del Tercer Mundo. O lo que es lo mismo, ver a España, Italia o Francia jugar contra Sudáfrica, Iraq o Egipto. Es decir, la tan criticada Copa Confederaciones.

Para una nación como Sudáfrica la Copa Confederaciones es mucho más que un torneo deportivo. Es un faro de normalidad que durante unos días alumbra un continente olvidado y asolado por la pobreza, las enfermedades y las guerras. Solidaridad es querer equiparar el Tercer Mundo con el Primero, no solamente aparentar que se hace, como nos tiene acostumbrados la clase política. Y la Copa Confederaciones es un vehículo ideal para este propósito.

Que el continente africano sienta que desde Europa se cuenta con ellos aunque sea a la hora de organizar competiciones deportivas es el primer paso para conseguir que el fútbol realmente se convierta en una gran plataforma solidaria, en lugar del escaparte mediático en el que vivimos hoy en día los aficionados a este deporte. Todo tipo de competiciones internacionales tienen que ser acogidas siempre con los brazos abiertos por parte de aquellos aficionados al fútbol que realmente quieren ser solidarios.

Para las personas de estos países (Sudáfrica, Iraq...) participar en un torneo deportivo con el resto naciones del mundo es acercarse unos centímetros más a lo que es tener una vida normal. El fútbol posiblemente no pueda solucionar las enfermedades, ni las guerras, ni las hambrunas, pero sí puede ser el guía perfecto para que se despierte la conciencia en el Primer Mundo. Por esta sólida razón la Copa Confederaciones no puede ser el patito feo en el que la hemos convertido este mes de junio.

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