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Yo tampoco quisiera estar a las órdenes de Unai Emery

Herme Cerezo
Herme Cerezo
martes, 30 de junio de 2009, 04:52 h (CET)
Leo en otra prensa que el guardameta brasileño, Renan, y el lateral derecho portugués, Miguel, ambos pertenecientes – hasta ahora – al Valencia C.F., no desean permanecer ni un minuto más bajo las órdenes del entrenador Unai Emery y que ansían desarrollar toda la próxima pretemporada en los equipos a los que se les traspase o ceda, para estar en plenitud de condiciones al comienzo del campeonato.

Natural y vecino de, que diría aquél. Miguel, que llegó al Valencia precedido de mucha fama y en dura pugna con algún que otro equipo, no recuerdo ahora cuál, lo cierto es que no ha certificado sobre el césped todo lo que prometía en el papel. Sin ser la suya una mala trayectoria, tampoco puede decirse que haya sido brillante. Con un aprobado se salda el tiempo que lleva el luso en la entidad de Mestalla y se puede entender que quiera cambiar de aires.

Pero lo que no tiene nombre, lo que clama al cielo, con las dos manos abiertas y la garganta desgañitada a grito pelado, es el caso de Renan. El guardameta brasileño llegó el pasado año con la liga recién comenzada. Y, de buenas a primeras, se vio como titular, un puesto que no le costó mucho conseguir. Eran evidentes las facilidades que el hasta entonces guardameta blanquinegro, Timo Hildebrand, le dio. Baste con recordar su actuación en el partido de vuelta de la final de la Supercopa en el Bernabeu frente al Real Madrid. Renan, desde el principio, dio otra sensación, otros vuelos, otro aire, bajo los palos. Los miedos, los suspiros, los nervios que inspiraba el rubio teutón desaparecieron de la grada. Ya sólo faltaba pulir cuatro detalles. Por ejemplo, que portero y defensas, especialmente los centrales, se coordinaran mejor para engrasar la máquina defensiva. Pero para eso hacía falta tiempo, sólo tiempo. Y Renan lo tuvo hasta que se lesionó en San Mamés, en partido contra el Athletic. Hasta ese día ninguna voz se alzó para discutirle su titularidad. Ninguna.

Tras esta lesión, el Valencia C.F., para cubrir su portería con un guardameta solvente, por desgracia Guaita no terminaba de cuajar, contrató al veterano César, procedente de la Premier League. Todo un acierto, oigan. César no sólo ha demostrado que es un magnifico arquero, sino además un extraordinario profesional. No hay más que ver el estado de forma con el que ha acabado la temporada y el rendimiento que ha ofrecido. Y cómo se cuida. Cuando Renan regresó de su convalecencia, Unai Emery, lógico, coherente, reglamentario, no le dio bola, porque César estaba en racha. El extremeño se me antoja el complemento idóneo, porque es veterano, porque es competitivo, para que un portero extranjero se acostumbre a la liga española y cuaje en un guardameta con futuro asegurado por muchos años. Sin embargo, Emery, para la campaña venidera, se descuelga, según dicen, con la petición del fichaje de un nuevo portero. El Valencia le ha hecho caso y ha fichado a Moyá, del R.C.D. Mallorca. No tengo nada contra Moyá, pero con la carestía de recursos económicos que "disfruta" el club valencianista ¿no necesitaba cubrir antes otros puestos más huérfanos? ¿Tenía algo de malo el tándem César-Renan o viceversa? ¿Acaso el Valencia no precisa de un organizador, un pasador en el centro del campo? ¿Va el Valencia a confiar, un año más, en la pareja eterna, Albelda-Baraja, para afrontar tres competiciones? Albelda y Baraja son el pasado exitoso del club, pero ya no pueden ser el presente durante toda una temporada. Y no por falta de calidad, en absoluto, sino porque son jugadores de minutaje tasado. El Valencia les debe a Albelda y Baraja un pedazo de su historia, un pedazo importantísimo, y también les debe proporcionar unos sustitutos de garantías, jugadores que impidan que el aficionado valencianista, cuando ellos dos se retiren, conserve en su memoria la imagen de sus últimos tiempos en lugar de la de sus años de gloria. Que es la que les corresponde guardar en este club nonagenario, porque se la han ganado a pulso.

De Emery, ¿qué les voy a decir? No es que el Valencia sea un club con aspiraciones máximas, otra cosa es lo que se pregona desde la entidad xe, pero tampoco es el Almería, con todos mis respetos para el club andaluz, ni la Real Sociedad, único equipo en el que el entrenador vasco jugó en primera división. Emery no ha estado a la altura de las circunstancias y se ha pasado el año dando bandazos. Pablo Hernández, que estuvo a punto de arrojar la toalla mediada la segunda vuelta, es un ejemplo. Pasó de villano a héroe y aún así, tras haberle solventado alguna que otra papeleta de grueso calado, le ha negado muchas veces el pan y la sal de la titularidad. Y no voy a hablar de los experimentos, algunos forzados por las circunstancias, que ha hecho con Marchena o con Maduro o los curiosos cambios de puesto, central-lateral, lateral-central, que se ha sacado de la chistera a lo largo de la temporada anterior. Creo que no ha terminado de cogerle el pulso a su plantilla. Lo siento, señor Emery, si fuera Renan o Miguel, yo tampoco quisiera estar bajo sus órdenes ni un minuto más. Razones no les faltan. Más bien, les sobran.

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