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La rebelión de los humildes

Alberto Jiménez
Alberto Jiménez
lunes, 29 de junio de 2009, 04:54 h (CET)
Se acabó la Copa Confederaciones. Guinda final a una temporada más que muerta futbolísticamente hablando pero que la FIFA se encargó de prolongar para sacarse unos cuartos con un torneo de una más que discutible importancia. Quizás sea fácil decirlo cuando España no ha estado presente en la final pero no nos engañemos, ni aunque se hubiera alzado con el trofeo, “la Roja” hubiera conseguido sacar a la calle a toda España como cuando justo hace un año lo logró al alzarse con la Eurocopa. Le permitimos el fiasco porque nuestra selección igualó la cifra histórica de 35 encuentros sin conocer la derrota. Que nada empañe esa gesta pero que no se eche el trabajo a perder y no vuelva a suceder. Por favor.

Después del circo de Sudáfrica la vida sigue igual. O bueno, quizás no del todo. España perdió con Estados Unidos cuando todos soñábamos con un partido de tú a tú con la “Canarinha”. Era el momento de plantarle cara a la pentacampeona pero se intrometieron los yanquis. Un combinado que ni tan siquiera lleva la palabra fútbol escrita en sus sudaderas. El deporte que los norteamericanos denominan soccer no levanta precisamente pasiones en el país de la NBA, el béisbol o el fútbol americano pero los estadounidenses han sido la revelación de un torneo en el que hay algunas conclusiones que extraer.

El fútbol ya no pertenece a los grandes. Es cierto que Brasil volvió a ganar la Confecup por tercera vez consecutiva pero si alguna lección ha dejado este torneo es que nunca hay que infravalorar al rival. España se plantó en semis con la actitud de quién sale a comprar el pan los domingos y lo pagó caro. Bueno, lo pagamos caro. Si hace un año ganamos todos, ahora también perdimos todos. Por mucho tercer puesto de consolación que obtuviéramos y que también costó demasiado conseguir ante otra humilde Sudáfrica. Que todo quede en una cura de humildad que sirva de lección para el verdadero plato fuerte, el Mundial 2010.

Sin duda es bueno que selecciones como Estados Unidos, Sudáfrica o Egipto pongan en apuros a campeonas como Brasil, España o Italia. Para bien del fútbol el esfuerzo, trabajo y sacrificio de las humildes ha reducido la distancia abismal que antaño existía en este tipo de torneos. La calidad ya no es todo aunque en esta ocasión los vencedores fueran los mismos. Se avecina un buen Mundial si se vuelve a dar la campanada.

Para la historia quedará una Copa Confederaciones donde el mayor protagonista ha sido el ruido ensordecedor de las miles de trompetas que impedían ver con normalidad un simple encuentro de fútbol. ¡Ah! Pese a pecar de oportunismo, también sería importante destacar la paradoja que unió durante unas semanas a la extrema pobreza de Sudáfrica con los 65 millones de euros que ha costado Kaká. ¿Nos habremos vuelto locos?

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