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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

No me fío de Patxi

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 29 de junio de 2009, 04:29 h (CET)
Se llama Francisca y es la viuda de la última víctima del terrorismo etarra. Viuda a la cual los que recogen las nueces del árbol agitado a golpe de bombazo o tiros por la espalda ordenaron callar. Los sedantes, siempre necesarios en momentos de tan intenso dolor, como justificación. Como si el dolor obnubilase la mente de las personas decentes. Silencio. Lo de siempre: las familias de las víctimas, antaño enterradas sin manifestaciones de dolor público y sin alterar el paisaje del utópico y sangriento paisaje bíblico dibujado en la mente del loco Arana, no deben de opinar. Nada debe de alterar el deseo compartido con los de Txapote. La realidad, impuesta a golpe de crimen, mucho menos.

Pero esta vez no hubo silencio. Salieron a la calle. Y la viuda habló. Y dijo verdad que escuece las conciencias moralmente alteradas. Patxi López, quien se esfuerza por borrar la indeleble imagen grabada en nuestras mentes de su sonrisa dirigida al hombre de paz cómplice, calló y la dejó hablar. Esta vez no hubo abucheos propagandísticos dirigidos contra Mariano Rajoy delante del féretro de cuerpo presente del asesinado. Tampoco hostigamiento contra las familias de los asesinados. No interesa. Hay que borrar de la memoria colectiva, que diría un progre, cómo los de Patxi, el que concedía entrevistas a “Gara”, ese medio en el cual ahora rebuzna el titiritero comunista Sastre, defendían hace menos de 2 años exactamente el mismo argumento empleado ahora por los nacionalistas que tanto dicen los escandaliza: que las víctimas no deben de opinar ni “meterse en política”. Las víctimas, recuerden, eran un grupo de “fascistas” encabezados por aquél valiente hombre, ejemplo de decencia y dignidad, al cual, hermano de ministro y candidato socialista dixit, le “tocó la lotería” cuando los asesinos de Puelles arrebataron la vida a su hermano y sus dos sobrinitas de 4 años; víctima de ETA a la cual, desde lo más profundo de la checa, hasta dicha condición negaban y que fue injuriada, vilipendiada y perseguida por los mismos que ahora afirman su “inquebrantable firmeza” y dicen compartir el dolor de la viuda de Puelles. Grupo de “anti demócratas”, nos contaban los medios de comunicación cercanos a los de Patxi, partidarios de la dictadura, que para eso había que buscar alguna bandera con el pollo entre las miles de banderas constitucionales que llenaron varias veces las calles de la capital –y si no las había siempre están los de la patatas del pueblo en la cámara frigorífica para hacer como qué- y realizar sesudos y ridículos estudios para demostrar que allí no había millones de ciudadanos del lado de cientos de viudas como Francisca, sino cuatro gatos, y que si salían a las calles era para fastidiar las ansias infinitas de paz del Gran Timonel. Los buenos y los malos. “A mí también me mataron a mi abuelo”.

Silencio cómplice e indecente –consenso lo llaman y lo venden como lo más- para no denunciar que el PSE mantiene como presidente a un individuo partidario de negociar y volver a negociar con los de la bomba lapa. Individuo, por cierto, condenado por maltratar a su esposa; caso único en toda la Unión Europea. Menos mal que este gobierno es el gobierno del “feminista”.

Que sí. Que está muy bien que el PNV se haya ido a la calle, después de tantos años, sólo equiparables a los que llevan en el poder los socialistas en Extremadura, Andalucía y Castilla-La Mancha, y que María del Mar Blanco, la hermana del mártir español, presida la Comisión de Derechos Humanos del mismo, antaño presidida por el jefe de ETA al cual “Época” localiza cada vez que quiere pero que la justicia española, qué curioso, no detiene. Fantástico. Que sí, que está muy bien que el PSE se haya unido a las tesis sostenidas la legislatura 2004-2008 por los que salimos entonces –y saldremos cuantas hagan falta- por las calles a exigir “Memoria, Dignidad y Justicia” para las víctimas del terrorismo nacionalista-socialista vasco. Genial.

Más yo, de esta gente que antaño insultaba a las víctimas y prefería reunirse con Otegui antes que dar la mano al líder de la oposición, no me fío. No me fío que no vuelvan a sentarse en una ignominiosa mesa a hacer cosas, como dijo la madre de Joseba Pagaza, que nos helarán la sangre. Ni un pelo. Se llama memoria. No. No me fío de Patxi. Qué le vamos a hacer.

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