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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Llora por mi, Carolina

Kathleen Parker
Kathleen Parker
sábado, 27 de junio de 2009, 00:17 h (CET)
Un sabio dijo en una ocasión que el amor es el triunfo de la imaginación sobre la inteligencia.

Nadie que haya logrado superar la tortura de la rueda de prensa del Gobernador de Carolina del Sur Mark Sanford admitiendo una aventura discrepará de esto.

Sí, lo sé, vaya cosa. Otro Republicano que tiene una aventura. Lo siguiente que sabremos es que un Demócrata ha evadido impuestos. Sí parece haber un patrón de fracaso en estos asuntos por los que la gente simula escandalizarse más.

Si nos sintiéramos caritativos, diríamos algo acerca de la naturaleza débil del hombre y su tentativa de corregirse a través del servicio a la comunidad. De ahí que los Republicanos que enarbolan los valores familiares deban parecen capaces de mantener subida su bragueta. Los Demócratas subidores de impuestos deben ser los primeros en tributar llegado abril.

Concluiríamos que las adopciones públicas de una causa conllevan riesgo de auto-incriminación.

Antes de que nuestra caridad agote sus reservas, reconozcamos esto a Sanford: Tiene una vena dramática en lo que de otra forma habría sido un asunto puramente banal. Nada como esfumarse unos cuantos días entre mentiras, misterios y especulaciones histéricas para sacar a la luz "toda la chispa," como describía ofensivamente Sanford su aventura.

Ese fue uno de los muchos detalles que el gobernador tendría que haber ahorrado al mundo -- y a su familia en especial. La rueda de prensa que convocó parecía una mezcla entre una reunión bajo carpa de asociaciones cristianas, llena de auto-recriminaciones y flagelación falta sólo de admisión de culpa, y Oprah. Aunque su agonía parecía lo bastante sincera como para hacerme desear ofrecerle un cigarrillo, su aparente necesidad de arrastrar a todos los demás por este calvario provocó vergüenza ajena y a la vez fue políticamente desastrosa.

El hombre no podía dejar de hablar. Pero primero no pudo empezar. Incluso si los principales informativos de los canales de cable cubrieron el acontecimiento en directo -- y la estancia estaba a reventar de medios y equipos – Sanford se arrancó con una penosa rememoración de su díscola juventud, cuando le encantaba hacerse la ruta forestal de los Apalaches. ¿Qué? Durante cinco minutos habló de aquellos viejos tiempos antes de, por fin, entrar en materia. ¿A dónde fue, con quién, y por qué?

Se intuía que el gobernador tenía miedo de poner un punto al final de la oración, allí donde empezaría su propia oración. Mientras hablara, podía mantener la ilusión de tener el control sobre su vida.

La gente perdona en general la debilidad humana, en asuntos de la carne en especial. Tras demasiados juicios públicos así, la alegría por la desgracia ajena empieza a parecer tan indecorosa como el pecado original.

Pero la incursión de Sanford en el terreno de la inmoralidad tiene repercusiones potenciales que van más allá de lo que decidan en última instancia su mujer y él. Desde luego desapareció durante varios días, cinco de los cuales confesó haber pasado "llorando en Argentina." ¿Qué tiene ese sitio?

Y, no hay forma agradable decir esto, mintió -- por obra y omisión.

Mintió al no informar a su gabinete de su paradero o de cómo contactar con él. Engañó a su gabinete haciéndoles creer que, y a continuación informando a los medios de que, el gobernador estaba practicando marcha en los Apalaches. Y lo más importante de cara a su futuro político, no hizo ningún preparativo para que las funciones legislativas de su estado no se vieran afectadas.

En su defensa hay que decir que Sanford reconocía todos estos fallos, pero no parecía tan interesado en discutir su abandono del deber ejecutivo como en hacer comentarios descriptivos acerca de su situación emocional. No sólo descubrimos la filosofía de absolutos morales de Sanford, sino que fuimos guiados a través del significado y la finalidad de las leyes de Dios. El gobernador se permitió incluso instruirnos acerca de la definición del pecado.

A nivel espiritual, Sanford puede haber cumplido realizando diversos actos de penitencia. Pero políticamente, lo hizo todo al revés -- invocar la religión, disculparse sin parar, y rememorar amistades en una especie de intervención a la inversa.

Mientras tanto, las preguntas que importan esencialmente quedan sin respuesta. ¿Puede mentir un gobernador acerca de su paradero y abandonar el país mientras su estado funciona sin dirección? ¿Se utilizaron en algún momento fondos públicos en la búsqueda de su ratificación personal? Hace exactamente un año, Sanford formó parte de una delegación de Carolina del Sur en visita comercial e inversora a Brasil y Argentina. Sin duda que las facturas de esa visita van a ser examinadas con lupa.

Si no hubiera sido por el desastroso juicio de Sanford desapareciendo, sus devaneos personales podrían no haber salido a la luz nunca. Por sí solo eso sugiere que es un hombre con poco apego a la realidad e, igual de probablemente, no apto para ocupar un cargo público.

Sanford terminó sus lastimosos comentarios diciendo estar decidido a enderezar su vida. Le iría mejor ir pensando en enderezar su cabeza.

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