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Derrotas

Antonio Pérez
Antonio Pérez Gómez
viernes, 26 de junio de 2009, 00:44 h (CET)
Menudo palo. Han tenido que venir los americanos a eliminarnos, un equipo que se halla en la prehistoria del fútbol y que se la juega en cada cita internacional con selecciones como Trinidad-Tobago, Honduras o Sant Nevis para poder clasificarse para las grandes citas.

Tiene narices. Después de 15 victorias consecutivas, tras 35 partidos sin perder ante equipos de la talla de Alemania o Italia, que vengan los yankees a fastidiarnos la marrana. Pero es lo grande del fútbol. El resultado final de un partido de fútbol depende de tantísimas variables que nunca está asegurado. Ni siquiera contra EEUU. España ha jugado otros partidos peores, pero los sacó adelante y los ganó. El miércoles, Capdedvila y Ramos tuvieron dos fallos clamorosos, aunque esta vez no hubo suerte.

Los tópicos que se oyeron antes del encuentro (“No hay enemigo pequeño”, “En el fútbol, nunca se sabe", "Hay que respetar a todos los rivales, por muy pequeños que parezcan"...) nos los hemos comido con patatas fritas. Eran palabras dichas con la boca pequeña. De hecho, tras la vergonzosa eliminación, nadie ha recordado las excusas preventivas que se usaron a priori.

Es una eliminación sorpresiva y tremebunda. Sin excusas. Los americanos nos dieron una lección de fútbol total en la primera parte; con una acertadísima presión a medio campo, una férrea defensa y un ardor atacante inusitado. Eso y un inexplicable fallo defensivo de Capdevilla nos madó a la caseta detrás del marcador. En la segunda, España se puso por fin el mono de trabajo y acosó a EEUU. Pero no anduvo fino. Torres volvió a ser el Torres del Atleti y el atribulado Villa, esa moneda de cambio del Valencia que tan pronto se declara madridista como pronto lo hará culé, no estuvo nada fino. La pléyade de barcelonistas de la selección tampoco estuvieron a gran altura, especialmente el ADN de la selección, Xavi, que estuvo desaplicado en defensa y poco brillante en ataque. A esto se le unió el fallo de siempre de Ramos (qué pena, con el potencial que tiene el sevillano, pero que irregular es...) y para casa. No, peor. Ojalá nos fuéramos a casa. El problema es que tenemos que jugar la "final de castigo". El tercer y cuarto puesto contra Sudáfrica.

No obstante lo dicho, esta derrota nos puede ayudar. Y mucho. Fundamentalmente, en dos aspectos. En primer lugar, hemos perdido en un torneo menor, sin historia, prestigio, ni nivel. Aquí se ha vendido la moto de la Confe Cup como si fuera un gran torneo. Se preveía que la selección llegaría a la final. Se sabía que esta vez no caeríamos en cuartos, así que en España se le ha dado una importancia que no tiene.

Y en segundo lugar; desde el punto de vista psicológico esta derrota creo que nos puede suponer un beneficio tremendo. Hemos basado nuestra larga racha positiva en una cadena de buenos resultados que nos han retroalimentado para autoperpetuarse, casi de forma automática, de forma mágica, casi. Del Bosque ha aligerado el peso del tiki-taka y ha puesto más hincapié en el ataque por banda. Ayer se vió claramente cuando España no encontraba las vías y el seleccionador se cargó a Cesc para ensanchar el campo con Cazorla. Lo malo es que el campo ya estaba bastante ancho, pues los americanos nos habían cedido todo el terreno. Todo esto tiene que servir para que haya una reflexión interna en la selección sobre el tipo de juego que se quiere y el tipo de juego que funciona.

Todo esto ha de hacernos más fuertes y más abios. Ya se sabe, lo que no te mata, te hace más fuerte.

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