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Etiquetas:   Reportaje   -   Sección:  

H1898, el encanto de la época colonial

Teresa Berengueras y Rafa Esteve-Casanova
Teresa Berengueras
@berealsina
viernes, 26 de junio de 2009, 01:17 h (CET)
En nuestros desplazamientos sabatinos al mercado de la Boqueria para aprovisionarnos de viandas para toda la semana muchas veces, con el carro de la compra lleno, aprovechamos la cercanía de este hotel para entrar en su bar y allí, un remanso de paz en medio de la vorágine ciudadana, darnos un descanso tomando un café irlandés antes de conseguir un taxi, cosa difícil en Barcelona si vas cargado con el carro de la compra, para regresar a casa. Pero nunca habíamos pasado del hall o del bar que se sitúa junto al mismo, desconocíamos hasta ahora las interioridades de este hotel, inaugurado hace cuatro años y situado en un edificio rehabilitado de manera excelente. Así que aprovechando que en la terraza del mismo La Isabela, el bar situado junto a la piscina, han abierto la temporada estival con nuevas tapas decidimos pasarnos por allí, comer, tomar el sol, relajarnos y echar un vistazo.




La Catedral desde La Isabela.




Terraza de la Suite 501.




Cócteles en La Isabela.


EL EDIFICIO EN EL PASADO
El H1898, propiedad junto con otros ocho, de la empresa Núñez y Navarro está situado en el centro neurálgico de la ciudad ocupando lo que en su momento fue sede de la Compañía General de Tabacos de Filipinas. En un principio, a mediados del siglo XIX, eran los seminaristas quienes estaban en el edificio, más tarde, en 1880, dejó de ser seminario y el arquitecto Josep Oriol Mestres lo convirtió en residencia personal de los Marqueses de Comillas quienes también tenían allí instaladas las oficinas de la Compañía Transatlántica propiedad de la familia, y como testimonio del paso de la naviera por aquel lugar todavía se conservan sus iniciales en la puerta que da a La Rambla y el busto de quien fue segundo presidente de la compañía, Claudio López y Bru, obra del escultor Josep Llimona.

Es en 1929 cuando se instala en este enorme caserón la Compañía General de Tabacos de Filipinas y, una vez más, el edificio vuelve a ser remodelado bajo la dirección de los arquitectos Josep María Sagnier Vidal y Josep María Rivas. Hay que decir que estas modificaciones en nada alteraron el aspecto exterior de la fachada recayente a La Rambla, que data de 1880, construida en piedra natural traída desde la cercana montaña de Montjuïc en la que destacan, como símbolos de los vínculos comerciales de la capital catalana con las colonias de ultramar, las estatuas de Hermes y la Diosa de la Fortuna encarnando al Comercio y a Ultramar. En la fachada de la aledaña calle Pintor Fortuny se conservan los tres primeros arcos, también de piedra natural, y una cornisa en la que se lee el nombre de la antigua tabaquera.

PRESENTE DEL H1898
Reconvertir un edificio que había sido destinado a vivienda, almacén y oficinas es una ardua tarea pero la experiencia de la empresa Núñez y Navarro en materia de construcción le permitió en tan sólo dos años cambiar el 90% de los 13.600 metros cuadrados que ocupa el edificio reconvirtiéndolo en uso hotelero. A la hora de rehabilitar se ha conservado su estructura original en el vestíbulo al que se accede desde La Rambla, también se ha respetado lo que fuera gran almacén que hoy es la zona de spa con una piscina albergada bajo una enorme bóveda de ladrillo caravista, gran parte del comedor y los antiguos despachos que ahora son salones de reunión que pueden ser utilizados de manera individual o colectiva y en dónde se han llegado a celebrar desfiles de modelos. En uno de estos despachos se conserva una chimenea totalmente rehabilitada.




Piscina del Hotel.


Pero además de la reconversión interna el visitante también se encuentra con elementos decorativos originales que han sido restaurados para mayor prestancia, así se ha hecho con las farolas, originales en la fachada de La Rambla, y fielmente reproducidas en la de la calle Pintor Fortuny con el fin de mantener la uniformidad en todo el exterior del edificio. Al entrar por el vestíbulo que da a La Rambla se observa la calidad del artesonado del mismo y llama la atención su puerta giratoria, de caoba, cuya curiosidad estriba en disponer de un mecanismo de principios del siglo XX que la convierte en corredera haciendo posible el acceso al local en silla de ruedas. En el suelo se han conservado los mármoles originales mientras que en las paredes se han rehabilitado las juntas de latón y las columnas como también se ha hecho con la lámpara y una vidriera policromada existente en el techo. Todo ello hace al entrar por la puerta de La Rambla los huéspedes se encuentren inmersos en otra época.

La rehabilitación del edificio ha sido minuciosamente calculada y con ella se ha conseguido que respetando la altura original del mismo se ganen dos pisos ya que desde la calle tan sólo se observa una altura de siete pisos pero gracias a que los techos originales de las habitaciones se han bajado adaptándolos a la arquitectura actual los pisos verdaderos del hotel son nueve.

Somos de la opinión que los hoteles, especialmente para aquellos que viajan a menudo, deben ser una prolongación de la propia casa, en ellos debe primar la comodidad y la sensación de calidez y esto los empresarios hoteleros cada día lo entienden mucho más, la mayoría de los establecimientos hoteleros han dejado de ser un lugar donde encontrar una cama para dormir para pasar a ser un sitio en el que estar. Núñez y Navarro lo ha entendido así y encargó la decoración del H1898 a Rosa Rosselló, interiorista barcelonesa, que ya había trabajado en algunos otros hoteles de la cadena. La interiorista, con su trabajo, ha conseguido dotar a todo el conjunto del hotel de una sensación equilibrada entre el pasado colonialista del edificio y la era actual consiguiendo con ello una atmósfera llena de contrastes, utilizando para ello una combinación de los colores negro, marrón o blanco. Suelos recubiertos de madera de Sucupira, traída desde África, balaustradas revestidas también con madera africana de Etimoe y mesas en las que se ha reciclado el antiguo parquet nos remiten a viejos tiempos mientras que la utilización en la decoración de rayas, aspas y cubos da al conjunto esa mezcla de estilo colonial trufado de modernidad.

Donde más se nota el viejo toque colonial en este hotel es en las numerosas fotografías que cuelgan de manera permanente en todas las estancias de este hotel que debe su nombre y su especial personalidad al archipiélago filipino, uno de los últimos vestigios de la España colonial. Para ello la fotógrafa María Espeus, sueca pero afincada en Barcelona, estuvo durante mes y medio recorriendo Filipinas y captando con su objetivo paisajes, tipos y peculiaridades de aquellas lejanas islas. El resultado es una larga serie de fotografías en blanco y negro que junto con las maquetas de barcos que decoran algunas estancias y las viejas cartas marinas colgadas de sus paredes dan al H1898 ese especial hálito de tiempos pasados.

Los amantes de la literatura también encontrarán entre las paredes del H1898 el recuerdo de uno de los mejores poetas de la generación del 50. Jaime Gil de Biedma fue secretario general de la Cia. De Tabacos de Filipinas y en su honor la biblioteca del hotel lleva su nombre y en la misma es posible encontrar muchos de sus libros así como también una amplia representación de las obras de sus coetáneos. El fantasma de este poeta, amante de la belleza y el buen vivir, se pasea entre las remozadas paredes del hotel en el que un día tuvo su despacho.




Dormitorio de una de las suites.


DORMIR, VIVIR, DISFERUTAR.

Todo esto tienen opción de hacer los visitantes alojados en el H1898. Dormir en cualquiera de las 169 habitaciones existentes entre las plantas segunda y sexta eligiendo en una carta de almohadas aquella que se adapte mejor a sus deseos para conseguir que el sueño sea placentero. Las habitaciones están decoradas en cuatro colores: negro, piedra, verde o rojo y el huésped puede elegir entre la de tipo CLASSIC que son las más tranquilas y silenciosas, SUPERIOR con excelentes vistas a La Rambla o a las calles Pintor Fortuny o Xuclà, PRIVILEGE instaladas aprovechando las privilegiadas esquinas entre calles y DELUXE siempre exterior, en piso alto y con una amplia terraza.

Entre las suites la más exquisita de todas ellas es la SUITE COLONIAL, la 501. La visitamos y nada más entrar en ella nos invadió una atmósfera de paz y tranquilidad en su amplia sala de estar equipada con sofás de cuero y donde una botella de champagne, una cesta de frutas y una bandeja de bombones dan la bienvenida a los huéspedes. Un amplio dormitorio y un cuarto de baño equipado con las últimas técnicas en la materia hacen de esta suite, decorada con fotografías de Filipinas, que los afortunados que en ella se alojan vivan una experiencia maravillosa al tiempo que se solazan en la amplia terraza con piscina-jacuzzi, césped natural y sofás para descansar, recayente a La Rambla y pared con pared con el torreón barroco de la iglesia de Belén.

Las oportunidades de disfrutar en el H1898 son diversas, tanto gastronómicas como culturales. Cada semana en el lobby hay música en directo, jazz, blues o chill out hacen más placenteras las horas en el hotel después de un recorrido por los alrededores del Barrio Gótico o La Rambla. La biblioteca es un espacio adecuado para el ensimismamiento acompañados de un buen libro o la prensa mientras el buen comer está garantizado en las instalaciones del hotel, los desayunos del H1898 ya se han convertido en todo un clásico en Barcelona ya que su buffet está abierto al público en general que encuentra un remanso de paz en medio del bullicio de la gran ciudad. Y como para tener la mente sana hay que cuidar el cuerpo nada mejor para hacerlo que acercarse al spa situado en la planta baja, allí el visitante encontrará una piscina climatizada, una sauna y sala de masajes donde poder relajarse.

LA ISABELA
Después de haber pasado por las dependencias del hotel llegamos a lo más alto, a nuestro destino, la terraza donde está instalada la piscina y el solarium. Con una panorámica de 360º se ofrece una amplia vista de Barcelona, las torres de la catedral y las iglesias cercanas parecen estar al alcance de la mano mientras cómodamente sentados bajo un blanco parasol comenzamos nuestra comida con un Manhattan y un Hibyscus 1898, dos de los cócteles que ofrece la carta de La Isabela, mientras dejamos ir la vista por su carta donde se ofrece la posibilidad de tomar desde ensaladas a platos exóticos. Finalmente decidimos probar un poco de todo, unas patatas bravas con su piel excelentes y diferentes, un sabroso jamón ibérico, unas croquetas de “ceps”, una tataki de ternera, unas navajas crujientes con ibérico y unos calamarcitos rellenos, todo ello regado con cava y cerveza.

A nuestro alrededor alargados sillones donde tumbarse a reposar la comida con una reparadora siesta y justo a nuestro lado la piscina desde la que se divisa la montaña de Montjuïc. La sobremesa fue larga, era viernes y podíamos permitirnos el lujo de un buen descanso. Y habíamos acertado con el lugar, La Isabela es el espacio adecuado para el reposo. Lucía un Sol espléndido en un verano al que todavía le faltaban unos días para ser oficial. El Sol con el Mediterráneo al fondo daba un color especial a las terrazas de los edificios colindantes vistas desde La Isabela que abre sus puertas desde las 11 de la mañana a las 2 de la madrugada.

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