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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

Tres años llenos de simbolismo: ¡Todos ellos son Bruno!

Trinidad Villanueva
Vida Universal
viernes, 26 de junio de 2009, 01:08 h (CET)
Fue en junio del 2006 cuando Bruno se atrevió a pisar suelo alemán y se convirtió en una víctima mortal llena de simbolismo. Estamos hablando de un oso pardo que se atrevió a emigrar desde Italia, como primer oso en libertad después de 170 años. La alegría de la población fue muy grande. El oso pareció alegrarse también, porque alguna que otra vez dejaba que las personas lo vieran, pero desgraciadamente aún no era vegetariano y por eso se permitió comerse una oveja de cuando en cuando. Sin embargo, este hecho lo puso en un aprieto, porque la política hizo que pasara de estrella de los medios de comunicación a convertirse en el problemático oso pardo Bruno que habría de ser expulsado de la naturaleza por ser un oso dañino. Hablando claro, lo que se hizo oficialmente fue anular su veda. Y no pasó mucho tiempo hasta que el oso pardo Bruno fuera matado a tiros.

La población sufrió un shock que ha dejado huella hasta nuestros días. El oso pardo Bruno fue a parar al museo Nymphenburg en Munich. Allí, disecado, daba a muchos que pensar: ¡Pero qué pequeño es! decía el público. Pues sí, aún era un oso niño, de un año y medio de edad.

Kurt Eicher, el portavoz de una agrupación alemana para la abolición de la caza, presente en Munich el día de la inauguración de la exposición en el museo, declaró:

“Naturalmente que ahora se expone a este Bruno como si hubiera sido su ineludible destino el acabar disecado aquí en un Museo. Y no es así.

Sabemos que este oso no era ni problemático ni peligroso para nadie, sino que sencillamente lo liquidaron. La orden de matarlo había sido tomada de antemano. Eso significa que se hizo oídos sordos a todas las ayudas que habrían sido necesarias, también las de asociaciones de protección animal. Los responsables políticos pensaron que en base a sus cargos eran competentes como para decidir algo así, y optaron por poner en escena un súper espectáculo sobre la técnica de cómo ocuparse de animales salvajes. Este oso habría podido sobrevivir en Baviera sin ningún problema, pero para eso se habría tenido que consultar a expertos. Y los expertos no son precisamente los cazadores. Se consultó a la Asociación Bávara de Caza y lo que al final resulta de los cazadores está claro: ¡Animales muertos! Y eso es lo que aquí tenemos. Esto fue una pura insensatez.

Lo sorprendente es que en la sala contigua está el oso que fue abatido hace 170 o 172 años, y junto a él Bruno. Ahora se podría poner un cartel gigantesco que dijera: En 170 años no hemos aprendido a tratar a los osos. ¡La protección de especies no existe entre nosotros! Lo que pensamos es sencillo: la caza o el matar animales no tiene ya un lugar justificado en nuestra naturaleza. La caza y los cazadores deberían estar en los museos, ¡y no el oso!”.

Pero Bruno no es ni mucho menos un caso aislado, tan sólo en Alemania mueren cada año 5 millones de animales salvajes bajo la escopeta del cazador. Y en España, según el INE (Instituto Nacional de Estadística. Anuario 2007) las cifras alarmantes de animales salvajes que mueren por la cacería giran alrededor de 60.000 ciervos, 120.000 jabalíes, 30.000 animales de las especies gamo, muflón, corzo, rebeco, arruí, cabra montés y lobo, 140.000 zorros, un millón de liebres, cuatro millones de conejos y nueve millones de aves entre patos, faisanes, codornices, perdices y otras. A todos ellos se les podría denominar Bruno, también como él víctimas inocentes que cada año son perseguidos y matados cruelmente en las muchas monterías.

Hace tiempo que se ha demostrado que la caza no es necesaria para mantener el equilibrio de la naturaleza. Entonces ¿qué derecho tiene el hombre para quitar la vida a los animales, si la vida ha sido concedida por Dios? ¿Cuando prohibirán los políticos legisladores esta usanza medieval, que sólo manifiesta el bajo nivel ético y moral de nuestra sociedad? ¿Y cuántas más catástrofes tienen aún que pasar para que el ser humano reconozca la validez de la ley de Causa y efecto, que ya se muestra de forma evidente con el cambio climático y en los desequilibrios que está viviendo nuestro planeta?

Aquí sólo podemos reafirmar la frase del famoso poeta ruso León Tolstoi: “De asesinar animales a asesinar seres humanos sólo hay un paso”.

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