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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Sobre el relativismo moral

Mario López
Mario López
jueves, 25 de junio de 2009, 05:07 h (CET)
El relativismo moral que tanto ataca la derecha es, desde mi humilde punto de vista, la base de nuestra convivencia democrática. En la medida en que cada ciudadano puede tener su convicción moral acerca de la vida y de la mejor manera de dignificarla, el Estado tiene que dotar a la ciudadanía con un marco legal respetuoso de esa diversidad. Por lo tanto, el relativismo moral cuya variable es la conciencia individual ha de ser incuestionable en una sociedad civilizada.

El único relativismo moral que debería ser repudiado por todos nosotros es aquel cuya variable es el dinero o la posición social. La pederastia es un delito execrable siempre que la practique un obrero, pero si el autor es Silvio Berlusconi o un cardenal, la cosa ya tiene otra naturaleza. Lo mismo podríamos decir del consumo de cocaína o del tráfico ilegal de divisas. Vivimos en una sociedad en la que está profundamente asentado el relativismo moral de base económico-social. Lo que en la clase trabajadora se castiga severamente puede llegar a tener una consideración incluso glamurosa en las clases dominantes. Los grupos antisistema están siendo demonizados sin que aún se haya hecho una valoración seria y respetuosa de sus planteamientos. Básicamente, estos grupos lo único que pretenden es concienciar al conjunto de la sociedad para que cada uno de sus miembros tome una posición activa respecto a los problemas que nos acucian y frente a las instituciones que, de una u otra forma, están cercenando nuestros derechos. No me parece a mí que se les pueda considerar batasunos o etarras. Pues es así como se les considera. De hecho, existe una división dentro del cuerpo de la policía nacional dedicada exclusivamente a la persecución de los grupos antisistema y la prisión de Moratalaz forma parte del sistema represivo diseñado para ellos. Ese absolutismo moral es profundamente antidemocrático. Como lo es el relativismo de base económico-social. Pues con esos dos alimentos nos desayunamos todos los días. No podemos seguir impasibles ante la flagrante represión de las voces discrepantes y la obscena tolerancia de conductas delictivas en las esferas del poder. ¿No va siendo hora de que abramos un debate serio al respecto? Si no cogemos al toro por los cuernos, el toro nos acabará pillando. Y ya hemos padecido sobradamente las consecuencias de ello en nuestro pasado reciente.

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