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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Se aficiona a la Teología (I)

Ángel Sáez
Ángel Sáez
jueves, 25 de junio de 2009, 05:03 h (CET)
POR JESÚS ARTEAGA ROMERO

Y a la abuela allí la tienes,
a la vuelta de la esquina;
y la tienes como siempre,
alargando su sonrisa
a las gentes tan curiosas
que la observan y la miran,
sin saber lo que ella piensa
que motive tanta risa…


Y ellos siguen indagando
lo que a todos les intriga,
y la abuela va a lo suyo
y viviendo va su vida
prescindiendo de curiosos
que la miran y remiran,
como si ellos esperaran
que la abuela algo les diga.

Y la abuela nada dice;
permanece pensativa
y se fija ya en la caja
levantando su tapita,
y le viene otro recuerdo
que produce otra sonrisa…

Pues resulta que de moza
estudiaba Teología…
Se marchó hasta Barcelona
sin saber lo que quería;
bien pudiera ser criada
pero no le gustaría
recordando la experiencia
que sufrió en la perrería,
dedicada a la limpieza
de mil perros que tenía
la condesa misteriosa
que su vida amargaría…

Pero en “Barna” una señora
su amistad a ella ofrecía;
y la acepta muy gustosa
esperando que algún día
ambas dos se comprometan
a vivir en armonía,
como bien les corresponde
a dos damas distinguidas.

La señora catalana,
religiosa en demasía,
le insinúa le acompañe
a estudiar la Teología…
Ella lo hace porque es bueno
aplicársela a la vida
y convence a la muchacha
para hacer lo que ella hacía…
Y ambas dos van a una Escuela
donde hay “profes” de valía;
y matrícula ya en mano
y además muy decididas,
se presentan en el aula
que a ambas dos correspondía
y se sientan en pupitres
adosados y juntitas.

Y el buen “profe” se presenta:
“Yo os daré la Teología.
Soy Doctor y Licenciado
en las cosas de la vida;
pero creo más en Dios
por su amor y cercanía…
Mas también creo en los hombres
y por ellos yo daría
la mayor de las fortunas
si algún día fuera mía…”

“Además creo en las obras
eficaces y sencillas
que las gentes más humildes
realizan cada día
recogiendo al que ha caído
y ha quedado allí en la orilla
de un camino pedregoso
y de arenas movedizas,
que los vientos polvorean
y alimentan las ventiscas...
Y el caído en el camino
allí está con sus heridas
esperando que un buen hombre
por allí pase y le diga
las palabras de consuelo
que el herido necesita,
y le lleve a una posada
que de allí queda cerquita…”


(Continuará mañana.)

Jesús Arteaga Romero

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